CONFIDENCIAS EN EL CORTIJO.

Lola con lentes

 El domingo fui a comer con Lola. En el asunto ese de la comida, mi mamá es “especialita”; siempre quiere “calditos”; y ahí anda uno, buscándolos, pero si usted le pone enfrente un pedazo de carne, costillitas de cerdo, guacamole, una quesadillita, frijoles charros y nachos, se los come; poquito, pero se lo come todo, regado con media pinta de cerveza clara. Un domingo sí y otro también vamos a La Cervecería con esos fines.

   Pues el domingo fuimos a El Cortijo mi mamá y yo; mucho tiempo sin ir; al lugar voy más o menos de manera asidua, en compañía de un buen amigo: mi tocayo Luis Rubén Maldonado; tenemos meses sin visitar esos lares. Amante de la españolidad, de los toros a la gastronomía, Luis Rubén no pierde la oportunidad de yantar pescado a la Vizcaína o conejo al ajillo si las circunstancias se tercian. De los toros yo paso; una sola vez asistí a una exhibición de la Fiesta Brava, allá por mis mocedades, y no me quedaron ganas, pero cada quien sus gustos.

   El caso es que ir con Lola fue una revelación; ahí sostuvimos una charla extraña; con 88 años, lleva ya tiempo quejándose de los achaques de la edad; en algún punto de la conversación me preguntó: “¿me vas a extrañar cuando me vaya?”; desde siempre, ese tipo de preguntas me han puesto incómodo. Por alguna misteriosa razón, en esa ocasión no fue así y respondí con un escueto; “sí; mucho”.

   Ella continuó: “¿por qué?”; de pronto no supe qué decir; me quedé pensando unos instantes y luego respondí lo obvio: “porque siempre has estado ahí; porque va a ser muy difícil concebir mi vida sin ti”. Y es verdad; pero había algo que faltaba en la respuesta.

   “¿Sabes? —le dije por fin— todas las personas necesitamos de una mamá; de alguien que esté ahí cumpliendo con el difícil papel de querernos de modo incondicional; acompañándonos, apoyándonos, alentándonos en ese asunto tan complicado que es vivir”.

   Sí, mamás hay muchas, de muchos tipos, y no sé si exista algo así como un parámetro para juzgar qué es (o quién es) una buena madre; sin embargo, esas personas que están ahí para enjugar una lágrima, para educar con tesón y amor, para compartir un mendrugo aunque sea, y que te permiten ser una mejor persona —de acuerdo a tus posibilidades y a tus gustos—, sin juzgarte ni intentar imponerse en sus puntos de vista (creyendo que la suya es la única opinión válida), son las mejores.

   Pasados unos añitos, quince o dieciséis (en algunos casos veinte o treinta y cinco, todo depende de lo díscola que le salga a uno la progenie), la única obligación que nos queda frente a los hijos es verlos crecer y cómo se dan de topes. Uno los trae al mundo, los alimenta, los abriga, los apapacha (o inexcusablemente debería uno hacerlo) y luego los mira marchar con el alma en vilo y el ánimo entero.

   De veras, creo que no hay manera de desarrollarse con cierta salud mental y bienestar espiritual sin el apoyo incondicional de una madre; y yo tuve la suerte de tener una que me dejó ir a mi aire, que me vio descalabrarme (literal y metafóricamente) cientos de veces, que me vio caer y levantarme, y todo, o casi todo, lo viví con la certeza de que estaba ella —que es más fuerte que un roble, aunque ya no lo parezca—, atrás de mí, echándome el equivalente a un millón de porras, pidiéndole a Dios con todo el corazón que me permitiera salir adelante.

   Por eso sí, mamá, te voy a extrañar cuando te vayas… que esperemos que sean en algunos añitos más, aunque ya estés cansada y no oigas ni madres y tengamos que hablar a los gritos, para seguir yendo a El Cortijo o a La Cervecería a regar nuestras comidas con media pinta de cerveza clara y escuchar cómo, los músicos de hogaño, hacen trizas la música entrañable del ayer.

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Luis Villegas Montes.

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Maru 1, Imbéciles 0

MaruCampos

   De todos es sabido los resultados del plebiscito celebrado el pasado domingo con motivo del Programa Iluminemos Chihuahua; en términos generales: solo votó el 8.94%, no se alcanzó el necesario 10% para que fuera vinculante; 35 mil 229 votantes dijeron no al proyecto; y 26 mil 527 votaron por el sí.

   Ahora bien, el motivo de estos párrafos es celebrar, sí, celebrar, la Alcaldesa que los chihuahuenses tenemos; donde los demás ven una derrota o, peor aún, un adelanto absurdo del 2021 (absurdo por demagógico, falaz, ruin, precipitado e idiota), yo veo a una mujer haciendo política (política de la “buena”) y que se alza para mirar al futuro con gallardía y decisión, convencida, más que nunca, que la democracia cuenta, que la democracia vale y que la democracia sirve.

   Así es, al finalizar el plebiscito el mensaje de Maru fue contundente: “Agradezco a los chihuahuenses que participaron en esta jornada”, expresó; luego diría a continuación: “El municipio de Chihuahua va a observar y a acatar el resultado, por consiguiente retiramos el proyecto de alumbrado público”.

   Así de simple. Sin titubeos, sin aspavientos, sin gazmoñerías, con singular entereza, la Presidenta Municipal dejó en claro quién es y qué se puede esperar de ella: “ustedes me conocen, soy una demócrata de toda la vida, he promovido la defensa de las instituciones para hacer prevalecer el estado de derecho como principal eje de nuestra vida en comunidad”.

   En este momento, en que tan urgidos estamos de eso mismo, de hacer prevalecer el estado de derecho vistos los excesos del ejecutivo federal, sus desmanes y atropellos, cobijado por una pandilla de rufianes que entre diputados y senadores no arman un solo legislador, lo que ocurrió en Chihuahua el pasado domingo se constituye en un referente y en una bocanada de aire fresco para quienes esperan que el gobierno sea solidario y escuche, y atienda, a la gente.

   Solo los mediocres, los que tienen miedo de lo que el futuro les depara o lo que servilmente siguen empeñados en cambiar de amo sin dejar de ser perro, han festinado en términos negativos y se precipitan en elucubraciones ociosas respecto de lo que es, solamente y nada más, un ejercicio ciudadano. Con la soga al cuello desde siempre, les resulta difícil reconocerlo.

   Quien vea en el domingo una derrota (de cualquier tipo), es porque no sabe, ni puede, ni quiere, pensar en victorias; solo un espíritu envilecido puede celebrar o festejar, en términos de ganar o perder, lo que ocurrió el pasado domingo. Solo un débil mental, un impotente (en la acepción más genérica del término), puede identificar, o confundir, la suma de voluntades orientadas a un fin común, con un ejercicio de índole político-partidista. Para hacerlo, hay que ser muy miserable o muy, muy, muy tonto.

   Hace años, en alguna Asamblea Nacional Carlos Castillo arengaba al PAN  con voz vibrante de orgullo en los siguientes términos: “Los astrónomos no habían terminado de descubrir nuestro sistema solar, y nosotros ya éramos demócratas. Los físicos no habían creado la bomba atómica, y nosotros ya éramos demócratas. Suiza no les había concedido aún el voto a las mujeres, y nosotros ya éramos demócratas. Los norteamericanos de color no podían ser admitidos en sus universidades, y nosotros ya éramos demócratas. Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano disfrutaba del privilegio de correr por los jardines de Los Pinos mientras su padre urdía el fraude electoral contra Almazán, y nosotros ya éramos demócratas”; ese es el sello de Acción Nacional y Maru Campos, la Presidenta Municipal de Chihuahua, es digno ejemplo de ello.

   Con disciplina, con dedicación, con voluntad e inteligencia, como la demócrata que es, Maru se afianza en su gobierno y en lo que está por venir; como se dice por ahí: “al tiempo…”.

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GOTHAM.

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   Gotham es una serie de televisión basada en algunos de los personajes vinculados con Batman; particularmente, el Comisionado James Gordon; en ella figura también, ¡cómo no!, Bruce Wayne, el futuro Caballero de la Noche, y su fiel, Alfred.

   Llevo viéndola semanas, lo confieso con un deje de culpa. En general, lo admito, eso de las series de televisión constituye una perdedera de tiempo que no tiene nombre (bueno, sí, pero es muy feo); es como mirar telenovelas del Canal de las Estrellas pero más chic.

   En un aparte, permítaseme una confidencia inofensiva: contaba yo con frescos no sé, catorce o quince años y era una especie de tesorero de la Mesa Directiva de la secundaria, era nuestro baile de graduación y ahí estaban todos, esperándonos, al Presidente y a mí, y nosotros llegamos (no tan tranquilamente) tarde, pues esa noche, viernes precisamente, era el último capítulo de Los Ricos también Lloran. Ese fue el primero de dos deslices en mi salud intelectual porque años después reincidí con Tú o nadie (protagonizada por Lucía Méndez y Andrés García) y, ¡ay, ay, ay!, Mirada de Mujer, la que merece comentario aparte.

   Pues bien, al principio, quiéralo que no, Gotham me pareció divertida; por alguna razón, Batman constituye un referente en mi vida cotidiana; eso, sin contar con que tengo dos trusas que dan cuenta de mi fervor y de las que, huelga decirlo, me siento particularmente orgulloso. Me las pongo yo y, oiga Usted, es como renacer.

   Más allá de esos inocentes fetichismos, lo cierto es que, junto con Superman, Flash, la Mujer Maravilla o Aquaman, Batman llegó a mi vida mucho antes que El capitán América, Thor o —¡ay, cómo me pudo que le partieran su mandarina en gajos!— Ironmen; Yo crecí con DC Comics y lo demás son historias y ganas de complacer a esos neófitos de los dibujos animados que se les hace chico el mar para hacer un buche de agua. Si no me cree, frente a la parafernalia multimillonaria de Marvel está el Guasón y, como alertaron sus creadores, luego del aviso de Endgame, solo les bastó decir: “ahí viene el payaso”. Y sí, llegó.

   Pues bien, retomando el tema, resulta que Gotham empezó a aburrirme porque resulta que era una de crímenes inverosímiles que me tenían hasta el compete: el que no hace explotar a sus enemigos los envenena; si no los envenena, los balacea; si no los balacea, los congela; si no los congela, los achicharra; si no los achicharra, los cuelga; si no los cuelga, los eviscera; si no los eviscera, los degüella; si no los degüella, los estrangula; si no los estrangula… los hace explotar.

   Eso, hasta que, en mi cotidianeidad y casi sin querer, muy en contra de mi voluntad, empecé a buscar a Batman para ver en dónde —o cómo— aparecía. En ese instante comencé a hallarle sentido a la trama de esa historia supuestamente inverosímil.

   En efecto, en este país, tenemos viviendo en Gotham casi un año: primero, fueron los 132 muertos por explosión de la toma de combustible en Tlahuelilpan; luego, el chantaje consentido del CNTE; después, el secuestro de 92 choferes por estudiantes de la Normal de Tenería; más tarde, la entrega de la plaza en Culiacán; posteriormente, la devolución de un narcojunior; a continuación, la indiscriminada matanza de mujeres y niños de la familia LeBaron; finalmente, el asesinato masivo de empleados de maquiladora a quienes les prendieron fuego en camiones de transporte.

   En el transcurso de este horror, frente a la vesania del Presidente de la República, solo cabe preguntarse si, en esta puesta en escena que dura ya demasiado, El Cabeza de Pañal (usado) está jugando el papel del misterioso Acertijo, del desquiciado Pingüino, del loco Guasón o del hipócrita Harvey Dent (a) “Dos Caras”.

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FRÍO QUE PELA.

 

Yo de sombrero

   Hoy estrené nuevo look. Lo cierto es que parezco tachuela, porque las alas del sombrero son del ancho de mis hombros, pero, sabiamente, apliqué aquel adagio de “andando caliente aunque se ría la gente” y sí funciona.

    La verdad es que desde temprano parecía yo una adolescente en los preámbulos de su primera cita; me veía al espejo y decía: “no”, luego “sí”; me volvía a mirar y dudas existencialistas tomaban mi ánimo por asalto para recomenzar en el “no”, en una esquizoide relación conmigo mismo que me tenía los nervios dados a la trampa.

   Sin embargo, luego de asomar mi naricita a la gélida intemperie de fuera de mi casa dije: “$#@&%… su madre, ahí voy”; y heme aquí, enfundado hasta las orejas de abrigo, bufanda y… sombrero.

   Como luego dicen, que decía Gustavo Díaz Ordaz, aquello de que “hay derecho a ser feo pero no hay derecho a abusar”, yo voy por la vida tratando de incomodar lo menos posible al prójimo pero hay situaciones, como las de esta mañana, en que nomás no; no es cosa de que en el vestíbulo de la tercera edad, que es donde me encuentro, me vaya dar un aire colado nomás por necio. Recién bañado con agua que bien podría servir para pelar pollos, con mis caireles todavía empapados (mi mamá les diría “ricitos”), no es cosa de que al primer golpe de viento helado me dé el patatús.

   O serán cosas de la edad.

   Hubo una época, lo recuerdo bien, en que un montón de consejos y recomendaciones de mi mamá Lola y de mi abuela Esther me entraban por una oreja y me salían por la otra sin pena ni gloria; eso por un lado. Por el otro, encabalgado en ese yo rejego, había otro yo entre tímido, timorato y pentonto que se avergonzaba de otro montón de cosas (como cualquier otro adolescente, por lo demás) y hacía más caso de las burlas de las amistades (de las que no conservo ninguna) que de mi propio, y auténtico, yo.

   A estas alturas de la vida, la opinión ajena me tiene perfectamente sin cuidado hago lo que debo, o lo que necesito hacer, y por lo demás que el mundo ruede; además, ahora me doy cuenta de que, en mucho de lo que me decían Lola y Esther, tenían razón; así que si a los dieciséis años podía echar al bote de los sinsentidos la advertencia de que no saliera a la calle así, con la cabeza mojada después de bañarme, porque me iba a resfriar, ahora me lo tomo más en serio y aquí estoy, haciéndole caso a mi madre y abuela cuarenta años después.

    O serán cosas del clima.

   Con esta calima, los cerros emborronados por las columnas de vapor alzándose en distintos puntos de la ciudad, la marea de una neblina baja y la lluviecita que no cesa, se antojan más el recogimiento y el abrigo, con la tórrida parafernalia propia del caso, que el alboroto y la exuberancia de la canícula.

   O será solo esa nostalgia que se empieza a apoderar de uno en los prolegómenos del tradicional Guadalupe-Reyes, con la Navidad en puerta y las ausencias que empiezan a pesar en el corazón un poquito más que el año anterior, recién transcurrido el 2 de noviembre, que trata uno de calentarse el cuerpo con el secreto propósito de calentarse el alma.

   Todo lo escrito, simplemente para decir que hoy, por primera vez en mi vida, me puse un sombrero y salí a la calle.

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DE GUATEMALA A GUATEPEOR.

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   A mis escasos lectores les consta que han transcurrido muchísimas semanas sin ocuparme en este espacio del Cabeza de Pañal (usado), el dizque Presidente de la República. Aquello empezaba a ser de una monotonía que hasta a mí me espanta.

   Hace casi medio año, afirmé categórico que: “las malas noticias continuarán ahí; sin inmutarse y acumulándose; AMLO no dejará de decir y hacer estupideces; los Estados Unidos seguirán limpiándose el trasero con los 15 mil efectivos de la guardia nacional (no los 6 mil que mentirosamente afirmó el Presidente); la inseguridad seguirá en aumento (junio fue el mes más violento del sexenio); a diferencia de la economía, por cierto, que irá en decremento”.

   Meses después, tenemos que las malas noticias ya están aquí: AMLO sigue diciendo estupideces; por ejemplo, a mediados del mes pasado afirmó que sí había avances en seguridad;1 ello, pese a la evidencia palmaria de que en los primeros seis meses de su gobierno, el número de homicidios alcanzó una cifra récord;2 y en el mismo periodo, los secuestros aumentaron un 29%.3 Por no hablar del horror, sí, del horror, de la tragedia, del pavor, que vivió Culiacán y la matanza de los miembros de la familia LeBarón.

   Los Estados Unidos continúan limpiándose el trasero con México pues mientras se emplean 26 mil efectivos para el resguardo de las fronteras,4 el presupuesto destinado a seguridad pública de estados y municipios se recortó en más de mil millones de pesos.5

   En cuanto a la economía, ¡ay, la economía! Hace siete días se confirmó lo que todos ya sabíamos: México entró en recesión: el PIB decreció 0.4% —la primera caída desde la crisis de 2009— y, en consecuencia: habrá desempleo, menores ingresos y alza de precios.6

   Todo eso ya lo sabíamos (bueno, menos los imbéciles que siguen defendiendo al subnormal del Presidente), pero lo que todos ellos no han tomado en cuenta es la seriedad del conflicto con las fuerzas armadas, visible desde hace mucho tiempo; para no ir más lejos, hace un año, se escribió que la relación de AMLO con estas era esquizofrénica: “Las llama asesinas y las reconoce como una institución del pueblo. Las denuesta y acude a ellas para abatir la inseguridad. Quería el retiro paulatino de los militares de las calles mexicanas y ahora dice que eso no es posible. (…) En los altos mandos de las Fuerzas Armadas, lo único que ha generado es resentimiento y desconfianza. Mal inicio de gobierno para una administración que aún no arranca”.7 ¡Un año ya!

   Pese a la clara alerta, como es su costumbre, ciego a cuanto no sea la unanimidad idiota en su entorno, el Cabeza de Guata ha exacerbado esas diferencias; particularmente después de que ocurrió el fallido operativo contra Ovidio Guzmán; en ese contexto, el pasado 22 de octubre, el general en retiro Carlos Gaytán Ochoa pronunció un discurso en el que habló de la polarización ocasionada por las corrientes políticas de izquierda; de un Presidente que acumula poder en medio de “un grupo de halcones que podrían llevar a México al caos” y de decisiones estratégicas “que no han convencido a todos”.8

   Y otra vez, para variar, la postura del Cabeza de Cotonete fue la descalificación; sordo a la crítica explícita y a los hechos contundentes, reviró llamando al general Gaytán imprudente y erigiendo un molino de viento (otro) con el asunto del “golpe de estado”;9 pasando por alto que el discurso lo escucharon unos quinientos oficiales, que lo oyeron con atención y al terminar lo aplaudieron de pie.10

   Se los dije: este gobierno se cae a pedazos y vamos tras él.

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Luis Villegas Montes.

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1 Artículo de Arturo Ordaz Díaz, con el título: “AMLO presume avances en seguridad, pero sigue la percepción de miedo”, publicado el 15 de octubre de 2019, por Forbes.
2 Artículo de la redacción, con el título: “No cede la violencia: suman 20,135 homicidios en el país de enero a julio”, publicado el 21 de agosto de 2019; visible en el sitio: https://politica.expansion.mx/mexico/2019/08/21/mexico-cifras-homicidios-enero-julio-2019 Consultado el 5 de noviembre de 2019 a las 21.00 hrs.
3 Artículo de Andrés Mendoza, con el título: “Secuestro subió 29% en México; homicidio también aumenta”, publicado el 21 de junio de 2019, por el periódico Excélsior.
4 Artículo de Misael Zavala y Alberto Morales, con el título: “Despliegue militar total en la frontera norte y sur de México”, publicado el 25 de junio de 2019, por el periódico El Universal.
5 Artículo de Rafael Ramírez, con el título: “Municipios se quedan sin apoyo para seguridad, recursos van a Guardia Nacional”, publicado el 22 de octubre de 2019, por el periódico El Sol de México.
6 Artículo de Mario Mendoza Rojas, con el título: “México ya está en recesión económica”, publicado el 30 de octubre de 2019; visible en el sitio: https://www.publimetro.com.mx/mx/noticias/2019/10/30/mexico-ya-esta-recesion-economica.html Consultado el 5 de noviembre de 2019 a las 21.15 hrs.
7 Artículo de Raymundo Riva Palacio, titulado: “El amor y odio de Andrés Manuel”, publicado el 26 de noviembre de 2018), por el periódico El Financiero.
8 Artículo de la redacción, con el título: “El duro discurso del General Gaytán contra AMLO”, publicado el 30 de octubre de 2019; visible en el sitio: https://www.msn.com/es-mx/noticias/mexico/el-duro-discurso-del-general-gayt%C3%A1n-contra-amlo/ar-AAJFcn0 Consultado el 5 de noviembre de 2019 a las 21.20 hrs.
9 Visible en el sitio: https://www.youtube.com/watch?v=9_HemPZeqVs Consultado el 5 de noviembre de 2019 a las 21.25 hrs.
10 Artículo de Hilario Olea, titulado: “Corren rumores// Cañonazos a los generales”, publicado el 5 de noviembre de 2019), por el periódico El Sol de Hermosillo.

JAVIER DE LA FUENTE.

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   Ayer andaba en Juárez ocupado en menesteres propios de mi encargo; detallarlos aquí, escapa al propósito de estos párrafos. Sin embargo, por razones que también escapan a ese propósito (de seguir en este plan esta va a ser la reflexión más corta escrita jamás por mí), el asunto es que me hospedé en casa de mi amigo Javier de la Fuente.

   A Javier lo conocí en México no sé porqué; digo, sí sé, pero no sé porqué lo conocí hasta entonces; siendo, los dos, panistas de hueso colorado de toda la vida, lo lógico es que nos hubiéramos topado antes pero no; ni en cuenta; de repente, ahí estaba él, de secretario particular de Javier Corral; y yo, de achichincle multiusos.

   El caso es que, al poquito tiempo, ya éramos amigos y así hemos seguido hasta el día de hoy. Ha habido altibajos en la relación —sin llegar a enfriarse—, por la simple razón de que él se quedó en México y yo me regresé; luego se trasladó a Juárez y así; me acuerdo particularmente del 2016 porque fue nuestro gentil anfitrión con motivo de la visita del Papa Francisco a Chihuahua y pues… había que ir; y fuimos. Javier, como siempre, se lució en su anfitrionía espléndida. Al efecto, recuerdo con nostalgia un desayuno típico de un domingo cualquiera allá en el otrora DF: café, pan de dulce y huevos montados en un delicioso tamal oaxaqueño.

   Bien, pues ayer nos fuimos de patita de perro a un lugar de cuyo nombre no puedo acordarme. Antes del arribo, Javier me hizo algunas advertencias puntuales e, incluso, tomó sus precauciones; resulta que, por un módico precio, servían un kilo de costillitas de dudosa procedencia y un balde de seis cervezas; una semana antes, según me contó, había ido él acompañado de algunos amigos y casi se dejaron la dentadura por lo duras y chiclosas; con el cuento de que la oferta no especifica la procedencia del famoso platillo, ayer le pidió al camarero una especie de prueba de amor; o séase, un platito de muestra y sí, la cosa marchó de maravilla por un rato, porque nos llevaron unas costillitas con barbaquiu y prácticamente las devoramos.

   Javier pidió su mitad cocida “término medio”; y yo, como siempre, achicharrada; ya saboreaba yo esos trocitos de carbón envueltos en tortilla, cuando llegó la realidad a ponernos, de golpe, en nuestro lugar. Ni modo.

   No obstante, estas líneas no me las dictaron las méndigas costillas (seguramente de caballo); sino que el lugar, aparte de todo, como variedad ofrecía la de música karaoke y ahí fue donde torció la puerca el rabo porque yo solamente iba a cenar y pues no.

   El asunto es que, como suele ocurrir en esos lugares, unos cantan bien, otros mal y de algunos mejor ni hablar. Entre los primeros, recordé algunas canciones (que ni Javier conocía; y eso que tiene sus añitos) y escuché otras que, ¡ay, dolor, ya me volviste a dar!

    En esas estábamos, de un lado para otro, de la satisfacción al desastre, cuando en primerísima fila apareció Gaby —quien, para mayores datos, ha de tener unos trece o catorce meses de embarazo, o va a parir sextillizos, porque aquello era de no dar crédito— y nos maravilló con su majestuosa voz. Gaby cantó y, por unos instantes, me deslicé en esa certidumbre extraordinaria de estar vivo; realmente vivo, con una compañía entrañable y la constatación de que existen personas con talentos singulares que sirven para reconciliarnos con el hecho de estar vivos.

   Al rato Javier se animó a echarse él también sus gorgoritos y donde dije no, que no que no, María Cristina, queno, queno, fue cuando me invitó a acompañarlo en alguna pieza. Yo no canto ni aunque me paguen y, en todo caso, la única melodía con la que suelo endulzar el oído de mi audiencia es esa de Emilio Guerra, el prometido de Estela (me niego a hacerle propaganda a la malvada, y celosa —e ingenua—, Laurita Garza). Como sea, nos fuimos temprano a dormir porque había que madrugar.

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MANUEL: SINÓNIMO DE “MEMO”, “PRIMO” O SIMPLEMENTE “GILIPOLLAS”.

Manuel Larrainzar

   Me imagino que con ese título, entrado en ese asunto de los manueles podría ocurrir que un lector distraído pensara que en estos párrafos me refiero al “Cabeza de Guata” (¡ay, cómo extraño mis desahogos!) pero no.

   Resulta que el mes pasado lo empecé, o casi, haciendo referencia a la obra de Manuel Larrainzar, ese animalito que tuvo la nefasta ocurrencia iniciar su crónica histórica aludiendo a los pueblos nativos de estos lares con la intensión, no tan sana, de extender en el tiempo la permanencia de aquello que hemos dado en llamar “mexicanidad”.

   Pretensión imbécil, por donde se le mire, porque discurrir de ese modo implica que, además de echar mano de los avatares de las distintas etnias locales (otomíes, chichimecas y otras vainas) para explicar nuestros orígenes, deberíamos también, y en consecuencia, apropiarnos del bagaje histórico de la Madre Patria y entonces sí: ¡en la madre! Porque resulta que, para asumirnos como mexicanos, íbamos a tener que estar hurgándole santa parte a celtas e iberos, entre otros.

   Para que no se diga que soy hocicón (que si soy), escribe Manuel Larrainzar: “No estuvieron á solo esto reducidas sus calamidades y padecimientos; del mismo rumbo de donde habían venido los olmecas y tultecas se desprendió otro ejército invasor entiempo de Áhuitzotl, octavo rey de México”;1 sí señor, como lo lee usted, con todas sus letras: ¡Octavo rey de México! ¿Cuál México? México surgió poco más de trescientos veinte años más después.

   Pues bien, para que vea que estas no son digresiones ociosas, le recuerdo, querida lectora, apreciable lector, dos cosas: en medio del desastre de país que se avizora, hace cinco días López Obrador reiteró que España y el Vaticano “deben pedir disculpas por la Conquista”;2 en contraste, por increíble que parezca, el responsable de las finanzas públicas, Arturo Herrera, declaró, en una conferencia en Washington, que el gobierno está implementando estrategias para tratar de mitigar el efecto de un menor dinamismo económico; y que junto con el tema de la desaceleración, otro de los temas que le “quitan el sueño”,3 es el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

   Lo grave del asunto es que si este funcionario no duerme con motivo de la preocupación que lo acalambra, ¿cómo debemos estar el resto de sus compatriotas tras sus alarmantes declaraciones? ¿Durmiendo a pierna suelta?

   Lo cierto es que un Secretario de Finanzas insomne no le sirve para nada a nadie; mucho menos, un Presidente de la República que, lejos de ver cómo reactiva la economía para vencer la problemática que representa el conflicto entre China y los Estados Unidos (que está impactando negativamente en nuestro país), se afana en estúpidas reivindicaciones pseudohistóricas para distraernos del cataclismo en marcha.

   Mal está que reneguemos de nuestras raíces pues si mentimos a cerca de nuestros orígenes, nos mentimos respecto de quiénes somos y porqué y para qué estamos aquí. Manuel, Manuelito, ¡cuánto le has hecho a México!

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Luis Villegas Montes.

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1 LARRAINZAR, Manuel. Noticia histórica de Soconusco y su incorporación a la República Mexicana, Imprenta de J.A. Lara, México, 1843, pág. 11.

2 Artículo de la redacción titulado: “Reitera López Obrador: 'Se debe de pedir perdón por abusos durante la conquista’”, el día 12 de octubre de 2019, por el periódico Excélsior.

3 Artículo de Leticia Hernández titulado: “Desaceleración le ‘quita el sueño’ a Herrera”, el día 15 de octubre de 2019, por el periódico El Financiero.