FLORENCIA.

 

Florencia y yo

Como suele ocurrir, tenía ya casi escrito el artículo de esta semana.

Me salió muy bonito. Hablaba de Rotary, asistí a la Conferencia Bidistrital en El Paso, Texas; me di con la puerta en las narices básicamente por no tener muy claro a qué iba (aunque no se crea, de los errores se aprende); hablaba de una cantante de voz exquisita que conocí en Juárez merced a los buenos oficios de un amigo entrañable, cuyo nombre omito por razones no tan obvias; y, sobre todo, refería pormenorizadamente los sentimientos que me licuaron los ojos cuando leí el último poema de Adolfo.

Pero no; todo se quedó atorado en la garganta de la pluma virtual que enristro de nuevo para darles a ustedes la triste noticia: Se murió Florencia.

Los que me leen, saben perfectamente quién era Florencia. Florencia era una bolita de pelo blanco que yacía solitaria y temblorosa al fondo de una caja de cartón, cuando vino a rescatarla de su desamparo el dedito regordete de María. Tenía María 6 o 7 años y Florencia se metió de inmediato -y de lleno- en nuestras vidas.

Hace justo dos años escribí: Lejos estaba de imaginarme, muy, muy lejos, a Florencia (la cual, por cierto, en estos días luce un aspecto de rata, la pobre, pues con estos calorones decidieron “pelonarla” quesque porque se iba a sentir más cómoda y la mandaron rapar; “así que nada más quedaron sus peludas orejas y sus ojotes dulces para recordarme a la bolita blanca que solía ser”).

Y un año antes, luego de la absurda reforma fiscal del Presidente Peña Nieto, escribí también: “Resulta que a Florencia y a mí nos pasaron a fregar. Yo no sé si usted, amable lectora, gentil lector, sabe quién es ‘Florencia’. Florencia es la perrita de la casa. Dicho así, ‘perrita’; no mascota. Porque mascotas, mascotas, mascotas, teníamos dos: ‘Cuco’ y ‘Manzanita’; ‘Cuco’, el hámster, amaneció muerto. […] En cambio a Florencia, la verdad es que yo la veo como otro miembro de la familia. Más chaparrita y más peluda, pero como a una hija más. En ocasiones, pareciera que a la única que le importo es a ella, llego a casa y es una de jaranas y de fiestas que si algún día decidiera irme, me vería en la necesidad de litigar su custodia, por sobre la de Adolfo y María que ya no me hacen mucho caso. Claro que también puede ocurrir que los pedacitos de carne que le doy a hurtadillas tengan algo que ver con esas muestras de afecto arrasadoras. […] Aunque la Florencia es una french poodle, simpática y querendona, traga como pelón de hospicio; ahora, con el alza anunciada, mis precarias finanzas se verán afectadas en grado sumo, visto que la muy ingrata es capaz de comerse su propio peso en una sentada. Lo sé, lo sé, no es sano que los perros coman así, pero, ¿qué quieren? Pone una carita tan tierna y su mirada es tan, tan, ni modo, hay qué decirlo, tan de perro triste, que se amuela uno; hasta mi mamá ha dicho: ‘Díganle a Florencia que no me vea así; porque parece que se está muriendo de hambre’ (la hipócrita -La hipócrita de Florencia, quiero decir, no mi mamá-)”.

Ya ven; así como suelo escribir de mi gente, escribía de Florencia y sus avatares. Tan adentro estaba, hecha bolita (como en la lejana caja de cartón), metida en el fondo de mi pecho. Cuando hablo de los hijos -con personas que no tienen-, de cómo los quiere uno, de cómo los extraña, de cómo los padece, de cómo nos alegran la existencia, suelo explicarles el asunto del siguiente modo: “¿Tienes mascota?”, les pregunto; es frecuente que respondan: “Sí”; y les vuelvo a preguntar: “¿Y cómo te sientes cuando la ves? ¿No te dan ganas de reír de sus pequeñas bobadas, de sus locuras, de sus dislates? ¿No sientes una simpatía y un cariño difíciles de explicar de los pequeños gestos? ¿No sientes que te derrites; qué te deshaces por dentro en una mezcla de ternura y júbilo? Pues multiplícalo por mil; eso es tener un hijo”.

Pues bien, eso era para mí Florencia, una parte mi familia. Me siento culpable porque en los últimos meses casi no la vi; no reparé en ella; no la atendí como debería; perdido en mis asuntos, Florencia pasó a un segundo, un tercero, un cuarto plano; no la volví a cargar; no le volví a rascar la cabecita ni la panza; ¡necesitaba tan poco para ser feliz! Apenas un pequeño gesto de mi mano y ella se agitaba y se sacudía toda de alegría. Alguna vez, el regocijo la llevó a la incontinencia y de sólo verme en el vano de la puerta se hizo pipí. Y nunca, nunca, nunca, de veras, he visto tanto rendimiento, tanta devoción, tanta entrega, como en sus ojos de un café claro que solían seguirme -sí, ya lo escribí-, atentos, enormes, apacibles y acuosos, por toda la casa. ¡Me puede tanto! Que no tengo modo de expresar lo que siento, excepto estos párrafos de lástima. Mea culpa.

Me dice Adolfo que no sufrió. Que la inyección la puso a dormir y así se fue: Callada, mansa, dócilmente; así como vivió; sin pelarle los dientes a nada ni a nadie, excepto al odioso gato de los vecinos que se pavoneaba orgulloso y desafiante frente a la ventana de la biblioteca. Me duele mucho pensar que infructuosamente me esperó muchas tardes tras ese mismo cristal.

Sin saber qué hacer o qué decir en estos trances, sólo me gustaría pensar que no se ha ido; que por aquí ronda; inquieta y jubilosa, a la espera de una caricia, una sola, la postrera. Sea ésta, querida Florencia; sean estas letras las que guíen mi mano a donde sea que estés para rascarte por última vez detrás de las orejas peludas y te digan todo lo que te quise y no fui capaz de expresar en su momento.

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“EL COCO” 3ª. DE TRES PARTES.

 

 Algunos indicadores así lo demuestran: Mientras que en enero de 2015, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) preveía un crecimiento del producto interno bruto (PIB), del 4% en 2015, así como el fortalecimiento de la confianza de los inversionistas;1 la Encuesta sobre las Expectativas de los Especialistas en Economía del Sector Privado del Banco de México, desde el mes de junio de 2015 daba a conocer que las expectativas de crecimiento del PIB real para 2015 y 2016 habían disminuido y lo situaban apenas arriba del 2.5%;2 y así lo corroboran las declaraciones del Secretario de Hacienda,

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        Luis Videgaray Caso, del mes de agosto de ese mismo año.3 Y en tanto que la citada Encuesta sobre las Expectativas de los Especialistas en Economía del Sector Privado situaba al dólar para 2015 en un máximo de 15.08 pesos; y para 2016 en 14.81;4 hace exactamente un año el tipo de cambio llegó a estar en 17.72 unidades a la venta;5 en tanto que el Sistema Administración Tributaria (SAT) lo fijó en 17.10 pesos por dólar.6 12 meses después el dólar se cotiza arriba de los 18 pesos, pero -y este es un pero fundamental-, hace apenas 2 meses se cotizó a más de 19.7

           En resumen, el panorama para la economía mexicana no puede ser más lamentable; y dada la dependencia de las finanzas estatales y municipales de las Federación ya podemos estar aviados para el próximo año, cuando los efectos de la crisis se dejen sentir con mayor rigor. La razón es muy simple: La primera fuente de ingresos en importancia para los estados son los recursos que transfiere el Gobierno federal (que se dividen en participaciones y aportaciones) y que representan, en promedio, el 82.2% de los ingresos totales; en tanto, obviamente, los ingresos propios representan entre el 11 y 12% de los ingresos totales; por lo que “el financiamiento, en otras palabras la deuda pública, ha registrado un crecimiento constante en los últimos años para alcanzar el 6% en promedio de los ingresos totales”.8 Es decir, éste es el preludio de lo que, sin duda, será uno de los peores años para la economía nacional… particularmente para estados y municipios.

         Si a eso le suma las arenas movedizas de la elección estatal (sigue en el TRIFE el sainete y con la moneda en el aire); el tema del Vivebús (pegadito al del UBER, donde la opinión está dividida entre los ignorantes y los imbéciles); la seguridad pública que no es un asunto menor pues la violencia empieza a repuntar (En Ciudad Juárez, la violencia vinculada a los grupos criminales ha vuelto después de haber disminuido de forma constante desde 2011; los homicidios van al alza y al mes de julio de este año se habían registrado 245 asesinatos, 56 más que en el mismo periodo de 2015; en tanto que para este mes se habían registrado 13 ejecuciones, “con lo que la cifra total a la fecha es de 258 homicidios, por lo que, a casi cinco meses de que termine 2016, faltan apenas 53 crímenes para alcanzar los 311 del año pasado”),9 es obvio que lo que nos sobran son problemas en puerta y que “El Coco” está a la vuelta de la esquina… acechante.

      Hablar de finanzas estatales durante los próximos meses -o, para el caso, del transporte o de la seguridad pública-, será, entonces, un asunto muy parecido al del famoso don Policarpo de Santomé del que ya hablábamos; algo así como apretar un botón casi mágico para poner a temblar a cualquiera que tenga dos dedos de frente.

        En nada abonan a ese clima de incertidumbre, por decirlo de manera amable, los amagos y amenazas (explícitos e implícitos), ni el amedrentamiento a quienes no comulgan con los detentadores del poder público y en ese trance se les estima, más que opositores o incluso adversarios, auténticos enemigos, sólo por el hecho de no coincidir, en todo y de manera incondicional, con éstos. Aunque no basten para todo, la reflexión, la conciliación, el diálogo, la concordia y el acuerdo, son indispensables para generar condiciones que permitan la sana convivencia.

         Los desplantes a nadie ayudan y a nada nos llevan, por no hablar de que en política, como en la vida, es imposible tener la razón definitiva; pues, como luego se dice: “Nadie gana todo y nadie pierde para siempre”.

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 1 Estudios económicos de la OCDE México enero 2015. OCDE. Pág. 11.

2 Visible en el sitio: http://www.banxico.org.mx/informacion-para-la-prensa/comunicados/resultados-de-encuestas/expectativas-de-los-especialistas/%7BC409388F-8CF8-63C7-5EFA-DEDEB0F57E98%7D.pdf

Consultado el 16 de agosto de 2016 a las 13.00 hrs.

3 Nota suscrita por Carlos Acosta Córdova, con el título: “Hacienda ajusta a la baja pronóstico de PIB”, publicada el 20 de agosto de 2015, por el semanario Proceso.

4 Visible en el sitio de Internet: http://www.banxico.org.mx/informacion-para-la-prensa/comunicados/resultados-de-encuestas/expectativas-de-los-especialistas/%7BC409388F-8CF8-63C7-5EFA-DEDEB0F57E98%7D.pdf Consultado el 16 de agosto de 2016 a las 15.00 hrs.

5 Nota suscrita por Esteban Rojas, con el título: “Positivo; dólar al menudeo baja a $17.00”, publicada el 28 de agosto de 2015, por el periódico El Financiero.

6 Visible en el sitio de Internet: http://www.sat.gob.mx/informacion_fiscal/tablas_indicadores/Paginas/tipo_cambio.aspx Consultado el 17 de agosto de 2016 a las 18.00 hrs.

7 Nota suscrita por Ricardo Jiménez, con el título: “Tipo de cambio rompe barrera de 19 pesos por dólar”, publicada el 14 de junio de 2016, por el periódico El Economista.

8 ISUSQUIZA MARTÍNEZ. Edgar Enrique. Desigualdad, crecimiento económico y descentralización fiscal: Un análisis empírico para México. Centro de Estudios de las Finanzas Públicas. México. 2014. Pág. 33. Énfasis añadido.

9 Nota del Reforma, con el título: “Repunta violencia en el País”, publicada el 07 de agosto de 2016, por el periódico El Diario.

“EL COCO” 2ª. DE TRES PARTES.

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"Duérmase mi niño,

duérmaseme ya,

porque viene 'El Coco' y se lo comerá".

Decía yo -antes de ser interrumpido por acontecimientos diversos -de lo que dan entera fe mis escritos de estas semanas- que, en realidad, no era a ese “Coco” al que quería referirme en mis líneas primigenias sino a otro. El “coco” del que quiero hablar… Antes de proseguir -y sólo para ilustrar mi punto de vista-, le cuento un chiste: Llega un niño y le pregunta a un paletero: “Oiga, señor, ¿tiene paletas de coco?”; “”; “¡Uuuuy! ¿Y no le da miedo?”. Pues de ese “Coco” es del que quiero hablar.

El “Coco” como macabrona entelequia -como el súmmum del pánico-, se parece mucho a ese legendario “Policarpo” del que da cuenta Benedetti en “La Tregua”. “Escribe” Martín Santomé: “Anoche, después de treinta años, volví a soñar con mis encapuchados. Cuando yo tenía cuatro años o quizá menos, comer era una pesadilla. Entonces mi abuela inventó un método realmente original para que yo tragase sin mayores problemas la papa deshecha. Se ponía un enorme impermeable de mi tío, se colocaba la capucha y unos anteojos negros. Con ese aspecto, para mí terrorífico, venía a golpear en mi ventana. La sirvienta, mi madre, alguna tía, coreaban entonces: ‘¡Ahí está don Policarpo!’. Don Policarpo era una especie de monstruo que castigaba a los niños que no comían. Clavado en mi propio terror, el resto de mis fuerzas alcanzaba para mover mis mandíbulas a una velocidad increíble y acabar de ese modo con el desabrido, abundante puré. Era cómodo para todos. Amenazarme con don Policarpo equivalía a apretar un botón casi mágico […]”.

Tal pareciera que en Chihuahua el “Coco” campea por sus fueros.

Con su aspecto terrorífico viene a golpear en nuestras ventanas -o en las pantallas de nuestra televisión o de nuestro ordenador- o se cuela por el Smartphone, a derribar la puerta casi; se nos mete por los ojos; no se está quieto y no se limita a acecharnos en la media noche; pertinaz, empieza su labor desde temprano y nos asalta, impune, a las nueve o diez de la mañana. La diferencia es que el “Coco” de nuestros días, ya no es esa especie de monstruo que castigaba a los niños que no comían; el de ogaño, es un ente amorfo, insidioso, prolífico, omnipresente, que nos embosca a todas horas, un día sí y otro también.

Desde una elección a Gobernador que empieza a prolongarse un poco quizá demasiado -con la amenaza latente e innegable, por un lado, de esta vez sí ir y quemar Palacio de Gobierno por parte de furibundas huestes albinegras o azuráureas (depende de cómo quiera Usted verlas), si las cosas no marchan a su gusto y modo; y por el otro, la de, ¡Ái, Dió mío!, anularla por parte de un TRIFE muy celoso de su deber-, hasta un ambiente de incertidumbre que va de la seguridad al dinero, pasando por el transporte público.

Hace tiempo, en otro lado, escribí: En el arranque del año de 2009, la Presidencia de la República, con un panista como titular, puso en marcha el Acuerdo Nacional en Favor de la Economía Familiar y el Empleo; entre otros aspectos, con el aval de las organizaciones empresariales y patronales de la República Mexicana, por este acuerdo se propuso: En apoyo a las familias mexicanas, a efecto de reducir el gasto en energéticos y ampliar su ingreso disponible: Congelar los precios de las gasolinas en todo el país y reducir el precio del gas LP en 10 por ciento, manteniéndose en ese nivel por el resto del año; en apoyo a la industria, para fomentar una mayor competitividad de la planta productiva nacional: Modificar la fórmula de determinación de las tarifas eléctricas industriales, a fin de reducir los costos operativos de la planta productiva nacional; reducir las tarifas eléctricas industriales en todas sus modalidades (20 por ciento para alta tensión, 17 por ciento para media tensión y 9 por ciento la de baja tensión y comercial); y permitir que un mayor número de empresas opten por una tarifa de cargos fijos por 12 meses con objeto de reducir su incertidumbre; en apoyo a las pequeñas y medianas empresas, también para fomentar una mayor competitividad: Realizar cuando menos el 20 por ciento de compras del Gobierno Federal a las PYMES mexicanas; y finalmente, se asumió el firme compromiso de garantizar un gasto público transparente, eficiente y oportuno.

En contraste, casi siete años después, luego de una serie de promesas de campaña incumplidas, la situación de la economía mexicana no puede ser peor (se halla en el fondo y escarbando), con las consecuencias negativas previsibles en perjuicio de los mexicanos; sin que la política de la Federación vea más allá de los índices macroeconómicos, completamente ajena a las necesidades y apremios cotidianos de la población que, a la postre, es la más afectada por la desastrosa política económica a cargo de la autoridad federal.

Continuará…

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CHINESE GIRL (2ª de 2 partes).

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Y en 2014: “[…] justo el domingo 8 de junio, María, mi María, cumplió 18 años. Huelga decir que no. Que no lo parece. Y no es solo que yo la vea pequeñita y diminuta (lo es, lo está), vestida con esa espléndida cascada de pelo que la viste y la hace ver hermosa (más de lo que ya es), no, es solo que no puedo contemplarla como una mujer en ciernes. Me resisto a pensarla, a imaginarla siquiera, ajena a mí por el correr de los años. La veo y me pregunto cómo ocurrió, en qué momento dejó de ser la niñita regordeta de rostro ofuscado y sonrisa esquiva. Dice don Diego -lo hace decir su autor-: ‘Los niños crecen muy rápido […] Uno se acostumbra a su risa y a los alborotos, y el día menos pensado crecen y dejan de sonar como niños, y ahí es cuando uno comienza a extrañar su bulla y sus carcajadas’.1

Yo no he empezado a extrañarla, la tengo aquí, todavía, pero de algún modo he empezado a perderla. El Ipad y el Iphone se alzan amenazadores entre nosotros; no sé cómo -he sido testigo atónito del fenómeno-, pero puede colocarse el celular entre la oreja derecha y el hombro, pintarse la uñas de los pies, ver la televisión y picarle no sé qué ni para qué a la tablet mientras ríe, chilla y escucha atenta la misteriosa voz que la atosiga. Ya no va al cine con nosotros, prefiere no ir o ir con sus amigos; y posiblemente he empezado a hablar en tártaro o en japonés porque cada día que pasa son más frecuentes nuestros desencuentros. Otras veces, rodeada de sus amigas (a veces se quedan a dormir cuatro de ellas en la misma habitación; duermen en el suelo, en la cama, en un sillón -y luego hay que darles desayuno a todas pues se levantan a medio día soñolientas, con un hambre voraz-), se adentra en los secretos de una adolescencia tardía que despunta ya como prematura adultez. Hace planes incesantes y todo guarda relación con esa promesa amarga de crecer a toda prisa: Quiere estudiar computación, aprender chino, mejorar su inglés, sacar la licencia de manejo y se relame los imaginarios bigotes pensando en la credencial para votar con fotografía que, imagina, le abrirá en breve las puertas de… los ‘antros’”.

Luego, a principios del año pasado retomé el tema del chino: “María se fue. Está en China y esto, sin ella, está de la chinada.[…] Una semana después [hablo del 2012], ella solita, con su uno cincuenta y dos de estatura y cuarenta y seis kilos de peso, estremeció la casa hasta sus cimientos cuando, sin aspavientos, comentó: ‘¿Sabes qué? Voy a estudiar chino’. A renglón seguido agregué en mi reflexión: ‘Ahora, la veo entusiasmada; con los ojos brillantes; decidida a dejar de aprender francés (que ya estudiaba) para incursionar en esa aventura del chino mandarín. La veo empeñosa avanzar con paso firme en el estudio del inglés (los maestros chinos dan su clase en esa lengua) y ayer me recibió con la nueva de que el maestro de LR (lectura y redacción) está dispuesto a darle clases particulares”.

Pues bien, en este espasmódico 2016, la tengo aquí de vuelta, aunque sólo sean unas pocas semanas, y puedo decir que, al menos para mí, sigue igualita con su rutilante uno cincuenta y dos de estatura y sus cuarenta y seis kilos de peso; su cabello larguísimo, que le cae en amplias ondas por su espalda delgadita; risueña y con unas pestañotas de tejabán que el rímel hace que luzcan espléndidas; y ya habla chino. No se le entiende ni madres, pero habla chino. En todas las reuniones a las que asiste le empiezan a preguntar cosas del tipo: “¿Y cómo se dice…?”; y ahí la tiene Usted, traduciendo; o a dale y duro hablando de esto y aquello, como las costumbres de aquella gente que a nosotros nos azoran un poco. Le hacen multitud de preguntas, las más recurrentes son: “¿Ya comiste rata?”, “No”; “¿Y perro?”; “No”; y siguen; hasta que ella aclara: “Pero escorpión sí”; a lo que sigue fulminante la obvia interrogación: “¿Y a qué sabe”, “a pollo”; y la voltean a ver con mirada incrédula.

 

A mí me parece imposible que ésta sea aquella bolita de carne que fue; ese montón de titubeos de después; ese torbellino que arramblaba con todo, hace no tanto; y esta personita desenvuelta y segura de sí misma que va por la vida hablando decentemente en tres lenguas y chapurreando frases y palabras sueltas en ruso o en francés y que este año entra a la Universidad, allá, lejos, lejos, en Shanghai.

 

En este momento se me ocurre hacerle una sola pregunta: “¿Cómo se dice en chino: ‘¿Te amo tanto, tanto, que me duelen los ojos y el corazón de verte, se me hinchan las costuras del alma y me faltan las palabras para decirte lo orgulloso que estoy de ti y por ti?’, ‘¿eh?’, ‘¿cómo se dice, chinita?’”.

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1 FRANCO. Jorge. El Mundo de afuera. Alfaguara. México. 2014. Pág. 29.

CHINESE GIRL (1ª de 2 partes).

 

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          No están ustedes para saberlo, ni yo para contarlo, pero María llegó. Viene de vacaciones. Yo juraba que venía a vernos pero no. Vino  a tramitar la visa. Claro que nos hemos visto, pero así que Usted diga que vino a vernos, a vernos, a vernos, pues naranjas.

         Recuerdo que en 2011 escribí en relación con sus XV años:  “Yo encuentro a María exactamente idéntica a los días previos -hermosa, por supuesto-; no obstante, no deseo destacar ese hecho en particular; a lo que me refiero es a que la hallo exactamente igual a como la vi el martes, el lunes o el miércoles de la semana pasada; la miro y la remiro, y me imagino que siempre va a ser así, una persona ajena a mí y sin embargo, más mía que cualquier otra persona o ser que pueda imaginar. Un hijo es lo más propio y lo más ajeno que sea posible concebir; son, molécula a molécula, íntima parte nuestra, producto de nuestros genes; y sin embargo, almas y anhelos (la pasta de los sueños y de nuestra individualidad), con vida y aliento propios.

           La observo, pues, y creo que el tiempo no ha transcurrido; que desde hace 15 años ella ha estado ahí -y, más aún, sé que desde siempre lo estuvo-. Yo siempre quise una niña. Y es ésta y se llama María.

          Ahora, cosas de la edad, se ha posesionado de la casa; se quema las neuronas hablando por celular a todas horas; se pinta y se despinta las uñas con una frecuencia insólita que me hace pensar que tiene más de cinco dedos en cada mano y en cada pie; chatea como loca -el Facebook es parte importante de su biografía-; espejos, rímeles, sombras, peines, cremas, estuches y broches desaparecen de cualquier sitio para ir a aparecer en sus cajones; bebe zumos de zanahoria (que yo le hago) para broncearse sin riesgos; olvida olímpicamente a Florencia, ella, que me la pidió como si le fuera la vida en ello cuando tenía ocho años; y es en el firmamento del hogar una especie de sol en donde todos los demás oficiamos en calidad de algo así como planetas girando en torno suyo, todos menos Adolfo, quien es una especie de satélite… artificial”.

           Un año más tarde, comentaría: “Estos párrafos los escribo a escondidas. Me temo que, si María se llega a enterar de su existencia, me retire el saludo -es en serio, ustedes no la conocen… yo sí; tiene el carácter más disparejo que una calle de Parral-. La cosa es que a mí me tenía muy preocupado qué iba a hacer con su vida. Claro que solamente tiene 15 años y yo no sé porqué me preocupaba tanto la cosa (si hay gente que a los 30 todavía no tiene ni idea), pero la verdad es que yo me preguntaba, de vez en vez, por dónde irían los tiros.

         La primera luz la vi meses atrás cuando la interfecta se preguntó en voz alta, delante de mí, qué para qué iría a servir, porque no se veía ningún talento en particular. Huelga decir que me dieron ganas de felicitarla por su honestidad intelectual, pero me mordí la lengua y contesté con alguna ambigüedad”.

          Después en 2013 escribí: María, mi pequeña María, “no deja de sorprenderme. Desde hace semanas, noto en ella una nueva actitud que, por decir lo menos, me tiene gratamente turulato. Al lado de la María de hace unos meses, un poco distante, ensimismada en su adolescencia, viviendo a plenitud los goces de los brillitos sobre su cutis, la chapitas en las mejillas, el uso del rímel y el carmín en los labios, indolente con todo lo que no empezara y terminara en ella, más o menos preocupada por su futuro, está esta otra María; una que continúa gozando de las frivolidades de la vida pero, al mismo tiempo, con el mismo esmero que se acicala frente al espejo, se empeña en aprender chino; en tomar clases extras de matemáticas; en preguntarse con toda seriedad a dónde vamos a parar con el asunto del Vivebús, la huelga de los maestros y, no hace tanto, el mausoleo de Villa. Yo quiero a María. Mucho. Sin importar cómo sea ni qué piense; ni qué haga o deje de hacer; la quiero como quiero a Luis o a Adolfo, que no necesitan complacerme ni contentarme para que desee verlos o estar con ellos. Pero este relanzamiento de mi hija me gusta mucho más que la versión anterior”.

Continuará…

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PALABRAS DE TOMA DE PROTESTA, COMO PRESIDENTE DEL CLUB ROTARIO “CHIHUAHUA ENLACE”.

 

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          El viernes primero de julio, asumí la Presidencia del Club rotario al que pertenezco, “Chihuahua Enlace”; ésta es mi reflexión de esa tarde:

          “Hace poco más de cinco años, mi amigo, el Lic. Caín Lara me invitó a pertenecer a Rotary; muy lejos estaba yo de imaginar que este día habría de llegar. Muy lejos, de imaginarme que mis compañeros de Club me honrarían con esta distinción. Gracias a todos, a Caín en primerísimo lugar, por su calidez y bonhomía; pero sobre todo, porque tuvo la feliz ocurrencia de invitarme. Gracias a Cecy, a Diana, a Rosalva, a Pancho, a Gabriel, a Óscar, por permitirme acercarme a sus vidas por esta vía; gracias a mi querido amigo, Óscar Pasillas, quien se nos adelantó en el camino pero nos brindó un ejemplo de vida; y en lo particular, a Carmen y a Paquín, quienes habrán de compartir esta responsabilidad que hoy inicia, respectivamente, como Secretaria y Tesorero de la Mesa Directiva del Club. Gracias a ambos.

           Durante ese lapso de casi seis años, ¡qué rápido pasa el tiempo!, merced al apoyo y al entusiasmo de compañeras y compañeros, puedo decir que todas mis expectativas se han visto colmadas. Cuando entré, tenía una noción vaga de qué era y para qué servía Rotary. Con el correr de los años, paulatinamente me he ido interiorizando respecto de lo que somos y para qué servimos.

       Primero como Secretario, luego como Tesorero (gracias, Diana) y ahora como Presidente del Club ‘Chihuahua Enlace’, me he dado cuenta de la magnífica oportunidad que el ser Rotario nos brinda para asumirnos -y construirnos- como mejores individuos, como mejores personas.

           Puede ocurrir, que por alguna razón, cuando el ajetreo de este Mundo que nos tocó vivir nos lo permite, nos detengamos a hacer un alto en el camino para hacernos esas dos preguntas sempiternas de: ‘¿Quién soy? ¿Y para qué estoy aquí?’.

         Rotary tiene en parte, se los garantizo, las respuestas. Soy por naturaleza un ser gregario -Caín dirá que no-; uno, que no puede vivir ni sobrevivir sin los otros. Uno que ha sido colmado de un sinfín de bendiciones; uno, que en ocasiones, muchas más de las que yo quisiera por desgracia, no sabe qué hacer con su vida ni con esos dones y talentos que, por la gracia de Dios, le han sido conferidos.

            Pues bien, la respuesta a esas inquietudes es muy simple: Volcarse. Volcarse en el otro. Ofrecerse y darse; brindarle ayuda a quien más lo necesita; descubrirse, cada día, generoso y solidario. Partícipe del Mundo para ver, no qué nos llevamos, sino qué ponemos en él; qué le dejamos; qué está en nuestras manos hacer -u omitir- para que, cuando debamos de partir, lo hagamos con el júbilo sereno de quien sabe ayudó a dejar un Mundo mejor de aquél otro que recibió.

           El principal cometido del ser humano es servir a los demás; traducir en hechos y en Ley de Vida, el mandato del amor al prójimo.

           Pues bien, ésa es la amalgama que mantiene unida esta estructura que llamamos ‘Rotary Internacional’: amistad y servicio.

              Pero entiéndase, no se trata de cualquier tipo de organización. Rotary se rige por una serie de reglas que sirven para dotarlo de identidad propia, con independencia de la latitud donde se constituya alguno de los miles de clubes que lo integran. Ese entramado de ideas, de reglas, de conceptos, le brinda coherencia a una estructura que abarca al Mundo, dotándola de homogeneidad, de tal suerte que es maravillosamente posible reconocernos rotarios allá donde estemos, lo dijo Caín alguna vez: ‘Como hermanos, como acompañantes de ruta, como compañeros causa’.

             No obstante, ese enorme aparato, ese conjunto magnífico de personas, de normas, de instituciones, etc. -e incluso,  a pesar del hermoso regalo de la amistad-, Rotary no tendría ningún sentido sin el fin último que nos habita y nos congrega: El servicio.

          Ése es, a no dudarlo, el compendio de aquello que nos reúne cotidianamente en derredor del Orbe: La voluntad de servir o, como nos gusta decirlo: ‘Dar de sí, antes de pensar en sí’.

             Hoy, como cada año para estas fechas, como ocurre en todo el mundo desde hace más de cien años, en multitud de ciudades, de países, en los cinco continentes, estamos aquí para formalizar un cambio de estafeta, sí; pero también, para refrendar nuestro compromiso con la sociedad y con nosotros mismos.

         Por eso debemos estar muy contentos esta tardenoche, pues éste es un nuevo comienzo, otro más, uno que nos trasciende y nos hermana más allá del tiempo y la distancia y nos recuerda que el Mundo mejor que todos anhelamos comienza cada mañana, todas las mañanas, precisamente en ese momento glorioso de abrir los ojos a un nuevo día.

             Los invito a sumar y a sumarse”.

         Contácteme a través de mi correo electrónico o síganme en los medios que gentilmente me publican cada semana, en mi blog:https://unareflexionpersonal.wordpress.com/ o también en Facebook (Luis Villegas Montes).

Luis Villegas Montes.

luvimo6608@gmail.com, luvimo6614@hotmail.com

MIS FIFTY

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         No tengo palabras para responder de manera debida a todas y a todos sus muestras de afecto, sus saludos, sus felicitaciones; sirvan estas breves líneas para agradecerles desde el fondo del corazón; para desearles que Dios los colme de dicha y de bendiciones.

          Hago un alto para recordar un chiste de Quino, el genial monero. En algún momento, se ve al papá de Mafalda con cara atribulada exclamando: “¡Dios mío!”; “¡Dios mío!”; “¡Dios mío!”; ante la mirada de uno de sus amigos que lo ve con desconcierto, Mafalda le dice: “Y entre más se acerca la quincena, más místico se pone”.

           Así yo.

            Muy contento de cumplir estos 50 años (de haber llegado), incrédulo ante tantas muestras de aprecio; y doblemente feliz porque María, mi chinita, está aquí, en el terruño, y se quedará 3 largas (y al mismo tiempo breves, muy breves) semanas.

             Apenas el viernes pasado, manifesté ante un pequeño auditorio: “Puede ocurrir, que por alguna razón, cuando el ajetreo de este Mundo que nos tocó vivir nos lo permite, nos detengamos a hacer un alto en el camino para hacernos esas dos preguntas sempiternas de: ‘¿Quién soy? ¿Y para qué estoy aquí?’”. Esa tarde, afirmé que la respuesta estaba en el servicio (en ayudar a otros, en asistir al prójimo); creo que es verdad; pero también uno está aquí para ser feliz -o por lo menos para intentarlo-; y cuando la felicidad viene de la mano de una sonrisa, de una caricia, de un gesto aparentemente nimio (pero enorme en su cálida sencillez), entonces el Mundo otra vez cobra sentido y no le queda a uno más remedio que agradecer y sentirse jubiloso de estar, de ser.

           Gracias, Dios mío, por estos 50 años y gracias a Ustedes por permitirme recordar esa necesidad de no ser ingrato y el placer y la dicha inmensos que brindan los pequeños momentos y las pequeñas cosas que la Vida nos brinda en la persona de los seres queridos. De nuevo, gracias; y que Dios los bendiga. Y agárrense, porque más místico me he de poner.