QUEREMOS DE VUELTA AL FRANCÉS.

Colage 2

     Desde alguna óptica, definitivamente parcial e injustificada, como luego se verá, podría pensarse que la semana fue un desastre; lo más grave de todo fue que internaron a mi mamá; los detalles sobran, el hecho es que Lola, desde el fin de semana, estuvo en el hospital.

     Luego, al arranque de esa misma semana, un par de tarados chocaron a Adolfo, que empezaba —en eso quedó el asunto, “en comienzo”—, a contemplar la posibilidad de ocuparse a tiempo completo de un Uber mientras llega el momento de ir a la universidad.

    También para esas fechas un asunto que traía entre manos, ver cómo y a dónde me cambio de morada —sigo de asilado político de mí mismo y francamente ya me estoy cayendo gordo: ni yo me aguanto—, se frustró de modo tajante y definitivo.

     Un asunto que está en trámite en la Suprema Corte de Justicia de la Nación daba para que lo resolvieran —como resuelven generalmente en aquellos lares— allá como para la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo, resulta que no, que sale el mes próximo.

     Para colmo, y ésa sí es una auténtica tragedia, mi retoña cortó definitivamente con su novio el francés (aquí podría decir el nombre del interfecto, ¿pero qué culpa tiene el pobre y qué necesidad hay de que lo exhiba como exiliado amoroso del corazón de m’hija?).

      Sólo falta que me orine un perro y —por si las moscas, veo uno y le saco la vuelta— en ésas, empecé a contemplar la posibilidad de “irme a hacer una limpia”. Buscando en la sección amarilla un asesor espiritual que me diera confianza, de golpe experimenté una epifanía, caí en la cuenta de que ése es un camino sin regreso; de seguir con tanta incertidumbre y abatimiento, iba a terminar igual a Tom Cruise, no crean que guapote y millonario (no, ¿pos cómo?), sino metido en la Iglesia de la Cienciología hasta las orejas; total, me dije: “hay derecho a ser pendejo pero no hay derecho a abusar” y cerré el directorio; estos días he andado imparable.

      “¿Qué hacer?”; y de súbito, háganse de cuenta Pablo en el camino de Damasco —sin caída y sin caballo—, comprendí que no; que ni tanta tragedia: porque Lola salió del hospital y está todo lo bien que se puede estar a los 86 años de edad; que a Adolfo no le pasó nada, nomás el susto y el mugre carro se fue al taller, no sería el primero; las cosas materiales van y vienen; y a Dios gracias tengo salud, no de hierro pero la méndiga tos de perro va en aparente remisión —“pero ándele, siga fumando” (eso me lo digo a mí mismo en todo de burla y reproche)—; tengo trabajo, por lo menos de aquí a noviembre; en fin, la vida es buena y sigue; y las únicas cosas que de verdad importan son muy pocas y en ésas, en ésas estamos en paz. Así que no queda más que darle gracias a Dios de todo corazón por sus bendiciones (y no me refiero ni a Luis, ni a María, ni al Adolfo), por sus dones, por su misericordia y dejarlo todo en sus manos (sin dejar uno de hacer lo que tenga que hacer).

        Creo, entonces, que la única pena que me habita es el asunto del exnovio de m’ija, siempre cabe la posibilidad de que María, mi María, se enamore de un congoleño, un mongol o un saudí; por eso, el Adolfo y yo, desde acá clamamos, al unísono y a voz en cuello, una petición que haría empalidecer al mismísimo Benito Juárez por su furibundo tinte conservador: “queremos de vuelta al francés”.

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Luis Villegas Montes.

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SÍ ME QUIERE, NO ME QUIERE.

Colage 1

        Me imagino que, con su renuncia, se terminó de deshojar la margarita.

      Yo jamás estuve de acuerdo con su candidatura; su cercanía con el ex-Presidente Felipe Calderón me perecía el mayor obstáculo; conste que no hablo de la mujer, ni de la profesionista, ni de la panista, ni de la política, ni de sus méritos (los tiene); no, nada de eso; simplemente la postulación de Margarita me parecía impensable; nos situaba, me decía yo, en los linderos de cualquier república bananera; la esposa del Presidente es la candidata ideal porque no existe, en todo el país, de 120 millones de habitantes, otra con sus aptitudes, disposición, talento o experiencia, voy, voy, voy, que sea menos.

      Esa tendencia, la de perpetuar el legado del cónyuge, me recuerda el caso, por citar uno, de Cristina Fernández de Kirchner, para maldita la cosa sirvió la vieja, excepto para extender el mandato de su difunto y revictimizar al pueblo argentino: si un Kirchner fue mucho, dos resultaron una catástrofe.

      Precandidaturas aparte, no obstante, con la ida de Margarita se abre un boquete en el panismo difícil de paliar; porque si como aspirante era una facha, como militante no. Margarita es, por mucho y por méritos propios, un referente del PAN: de los jóvenes panistas, de los líderes panistas, de las mujeres panistas, etc.; con su renuncia, ocurren un montón de cosas y no todas son buenas noticias.

      Quizá la única cosa sensata y rescatable que, en 25 años, he leído de Tere Ortuño sea este párrafo: “Mi biografía está ligada a Acción Nacional y a sus militantes. Conozco a Margarita y a Felipe desde mucho antes de que se hicieran novios. Puedo compartir mil historias de batallas al lado de panistas de toda mi amada Patria. Lamentaré pronto enterarme de otros que se van. Ninguna me alegrará”;1 junto con ella, quitando la parte ésa de que conozco a Margarita y a Felipe desde mucho antes de que se hicieran novios básicamente porque no es verdad, podría afirmar que mi biografía está ligada a Acción Nacional y a sus militantes; puedo compartir mil historias de batallas al lado de panistas de toda mi amada Matria; lamentaré pronto enterarme de otros que se van; y ninguna de esas deserciones me alegrará.

      El PAN le hizo falta a México para darle un respiro; para demostrarle a los mexicanos que se podía ser algo distinto a un loquito —de esos que no abundan tanto pero, ¡ah, cómo tiznan!, que se dicen izquierdistas, veneran a Castro y al …che Ché, tienen su “guardadito” y se creen miembros honorarios de la Liga la Justicia, aunque sin capa—; que se podía ser ciudadano de tiempo completo y nopolítico de carrera; que había que anteponer a la ambición personal una visión colectiva alentada desde la luz del entendimiento; y que no podía erigirse un México mejor, ordenado y generoso, desde el caudillismo, sino que era tarea de todos y brega de eternidad.

      En el trayecto, muchas personas se sumaron a ese ideal colectivo; con mayor o menor acierto; con errores entendibles o fallos inexcusables; por motivos legítimos… o no tanto; etc., y el Partido se encargó, para lo bueno y para lo malo, de ponerlos a cada uno en su lugar. Como lo advirtió su fundador, construir ese mejor lugar para vivir era tarea inacabable y de todos los días; como da cuenta su historia íntima, anecdótica: “Nunca nos rajamos, ni siquiera antes, cuando se participaba aun a sabiendas de que se luchaba contra un destino adverso, nunca nos rajábamos”; o como acertadamente lo destacaba, otra vez, Manuel Gómez Morin con su sabiduría legendaria: “Las ideas y los valores del alma, son nuestras únicas armas; no tenemos otras, pero tampoco las hay mejores”.

      Llega, pues, la noticia de Margarita y es una mala nueva. No para el PAN, ni para los panistas, que han sobrevivido a las calamidades con singular entereza; no; es una mala noticia para México, porque se debilita a la oposición y se fortalece una tercera vía que por improvisada no pude ni va a funcionar. Con su determinación ganan el PRI y Andrej Manuel y, si no se pierde, sí se merma la esperanza; y ronda, incómoda, la pregunta: ¿Estaría equivocado? ¿No era Margarita entonces esa mujer que pretendía ser, inteligente, lúcida, decidida, responsable, comprometida con las mejores causas? Tal pareciera que no. Su decisión pareciera evidenciarlo y ésa sí es una pena: una lástima que lastima. ¡Lástima Margarita! ¡Laaaastima!

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1 Nota de David Piñón, con el título: “Margarita deshoja al PAN; inicia estrategia para minimizar su impacto”, publicada el domingo 8 de octubre de 2017, por el periódico El Heraldo.

ENTRE EL ESTRÉPITO Y EL ESTROPICIO.

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     De todo lo ocurrido en la semana, en mi modesta opinión, lo único digno de mencionarse es el revuelo que provocó la invitación a un evento en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en homenaje a la reconocida feminista Marta Lamas, en el que habrán de participar once varones y ninguna mujer. Los demás acontecimientos navegan en el lugar común de los baños de sangre cotidianos y los sueños guajiros de los políticos que, unos menos y otros más, compiten por echar mentiras.

     Al punto. Llama mi atención tan singular algarabía, de lo que dan cabal cuenta las redes sociales, por dos razones: el estrépito y el estropicio. No me explico cómo un gesto de ese tipo, una autodefinición tan nimia y en algunos sentidos tan elocuente e inteligente, haya producidos ese alboroto en el seno de algunas féminas que, y es mi muy particular punto de vista, quisieran ser chile de todos los moles.

     Antes de continuar, hagamos una brevísima semblanza de Marta Lamas; nacida en la Ciudad de México, en su faceta profesional, es antropóloga y catedrática de ciencias políticas en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), además de profesora e investigadora de la UNAM; como activista, es una de las feministas más destacadas del País, ha escrito decenas de artículos de opinión, libros, ensayos, etc., con el afán de combatir la discriminación y facilitar la apertura de espacios públicos en materias diversas con un enfoque de género; edita una de las más importantes revistas feministas de Latinoamérica, “Debate Feminista”; y fue nominada al Premio Nobel de la Paz en 2005.

     Bien, con ese currículo, Marta Lamas sin duda debería ser una especie de campeona del feminismo, al lado de Rigoberta Menchú (¿alguien conoce el segundo apellido de doña Rigoberta?); y sin duda lo era, hasta que tuvo la festiva y feliz ocurrencia de organizar el dichoso evento… a la pobre se la han tragado; le ha llovido y de todo le han dicho; ¿a qué tanta algarada? ¿Tanto estrépito? ¿Cuál es el problema? ¿Cuántos foros feministas se organizan al año, propiciados por, y para, mujeres? ¿Alguien lleva la cuenta? En ese caso en particular, ¿no les quedó claro que, desde el título, como bien dice Lamas, ahí clarito se asienta la intención del evento? Nótese cuál es: “Coloquio Marta Lamas en diálogo con XY”.1

    Marta Lamas en diálogo CON XY; ¿y qué es XY?, ¡pues hombres! ¡Carajo! Son los cromosomas que definen el sexo de los varones. ¿Qué dice pues el título? Pues que va a haber un coloquio entre Marta Lamas y un puñado de varones, ¡nada más!

     No dice que Marta Lamas vaya a renunciar a sus convicciones; no dice que los hombres van a definir el rumbo del feminismo en el país; no dice que, ahora, los feministas, feministas, feministas, lo que se dice feministas, van a ser hombres en vez de mujeres; ni dice: “fuchi mujeres” del feminismo; no dice que el feminismo, en México, sea un asunto de hombres ni anuncia el fin del Mundo; no dice nada de eso. Dice sólo una cosa: Que Marta Lamas va a sostener un diálogo con hombres, ni más ni menos. Pero además, como también lo explica Lamas, el encuentro pretendió caracterizarse por ser un espacio “distinto, creativo y lúdico”; e incluso apuntala la frase diciendo que pretendió ser “un guiño, una provocación”.2

     La cosa es terrible, el estropicio se suscita porque todo ese desmoche significa, primero, que una mujer tan acreditada como Lamas no puede organizar el evento que le dé su gana; segundo, que organizándolo, no puede mantener un diálogo inteligente con quien se le antoje; y tercero, que la trayectoria de una vida se deshace como papel mojado entre las manos por el parecer imbécil de un grupito de fanáticos, incapaces de entender el hecho y las secuelas de ser auténticamente libre.

     Entendida así, dogmática y atrabiliaria, la perspectiva de género es una memez porque lo que habría que hacer es educar seres humanos: hombres y mujeres libres, respetuosos de la libertad ajena; personas que, no por ser una u otra cosa, ignoren o pretendan ignorar las notas esenciales de ser hombre o ser mujer en el prójimo y las responsabilidades que conlleva esa condición; entre otras, propiciar y alentar el desarrollo pleno e integral del otro, en cualquier ámbito. ¡Qué espanto que en nombre de la convivencia, de la paz, de la libertad, de la inteligencia o de la tolerancia, se susciten acontecimientos tan bochornosos!

     Me quedo con el dicho profundo, pertinente, lúcido y lapidario, de Lamas: “Un homenaje a una feminista viejita no era para generar tanto desmadre”.3 La verdad es que no.

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1 Visible en: http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-41507420

1 Ídem.

1 Ídem.

POPULISMO ENFIESTADO. 2ª. de DOS PARTES.

Populismo 2

      El desvío de recursos públicos, aún sin propósitos de lucro, constituye un delito; pero en esa hora sólo los especialistas en finanzas públicas parecían entenderlo; de momento, el resto de los líderes partidistas se quedaron galvanizados, Morena los había puesto contra la pared.

       No es que la medida esté mal; no, al contrario; pero ésas no eran las formas; un verdadero líder, uno responsable y comprometido con México, habría convocado al resto de los dirigentes partidistas, aspirantes y jefes de bancada, a formar un frente común para adoptar las medidas jurídicas y económicas pertinentes para afrontar la tragedia; AMLO no lo hizo; prefirió sacar “raja política”, lucrar con él; emplazar a sus adversarios de mala manera, en un albazo mediático sin precedentes por las circunstancias atroces en que lo hizo.

       Ése es el México carroñero que se agazapa detrás del mesianismo de esos patanes que se erigen como los salvadores del nuevo México que sólo existe en su imaginación calenturienta.

De nosotros depende, en nosotros está, que el pasado sismo cobre sentido; que no sea excusa para soslayar la dolorosa realidad que nos circunda; ni volverse involuntarios cómplices.

      El sismo llegó y se fue; puede regresar, es verdad, pero no sabemos cuándo; no obstante, ese “civismo y humanidad recobrados” no pueden servir de pretexto para no afrontar los retos por venir o que ya están aquí en su dolorosa cotidianeidad: la violencia, por ejemplo.

      En Chihuahua, solamente por citar un caso, esa violencia se ha disparado a niveles insospechados; más, mucho más, que en la gran mayoría de los estados de la República, elevando el número de ajusticiamientos callejeros asociados a las bandas criminales un 73 por ciento, en los primeros ocho meses de este año.1 ¿Cómo ignorar que hace unos cuantos días, en una sola jornada, veintidós personas, entre ellas cinco mujeres, fueron asesinadas; y once de las víctimas cayeron abatidas en menos de dos horas?2

      En ese lapso también, los primeros ocho meses del año, según cifras oficiales de la propia Fiscalía local, si el número de homicidios dolosos en el Estado alcanzó la friolera de un mil 265 casos, en el rubro de desaparecidos Chihuahua figura como una de las entidades con mayor incidencia.3

      Un simple cálculo aritmético, sumar el número de cadáveres al de los ausentes —seguramente difuntos (es estúpido pensar otra cosa, salvo el caso de unos cuantos que, yéndose de farra, “no estaban muertos y andaban de parranda”)— arroja una cifra escalofriante de casi un asesinato cada dos horas.

      Es para lo que no puede, ni debe, servir el sismo, para prohijar baladronadas de cualquier orden de autoridad que, bajo el subterfugio de la solidaridad, de ese México “emergente y ciudadano”, soslaya o simplemente ignora la catástrofe en puerta.

      Don Manuel Gómez Morin decía, y decía bien: “Que el fervor de la aspiración anime la búsqueda y la disciplina de la investigación reduzca el anhelo, porque es peor el bien mal realizado que el mal mismo”.4

     Que Dios, en esta hora, nos agarre confesados.

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[1] Nota de la redacción, con el título: “Un gobierno desafiado por el crimen”, publicado el 7 de septiembre de 2017, por el periódico El Diario.

2 Nota de Juan José García, con el título: “Jornada violenta deja 22 homicidios en Chihuahua”, publicado el 19 de septiembre de 2017, por el periódico Milenio.

3 Nota de Itzel Ramírez, con el título: “Urgen a crear registro de desaparecidos en Chihuahua”, publicado el 10 de mayo de 2017, por el periódico El Diario.

4 Citado en un artículo de Enrique Krauze, con el título: “¿Quién fue Manuel Gómez Morín, ganador post mortem de la medalla Belisario Domínguez?”, publicado el 30 de octubre de 2013, por el revista Letras Libres.

POPULISMO ENFIESTADO. 1ª. de DOS PARTES.

Colage 3

       La tragedia nacional ha alterado cualquier percepción social. Es verdad que es motivo de júbilo la unidad que el pueblo de México ha demostrado estos días; es verdad que la población ha rebasado al Gobierno en su capacidad de gestión y organización; como alguien escribió: aunque existan motivos para el aborrecimiento a los políticos, es necesario “hacerlo en silencio porque México se reconstruye”.

       Sin embargo, esta adversidad no es algo nuevo; en 1985, una tragedia peor, la escala sismológica de Richter lo prueba, sacudió desde sus cimientos al país y exactamente 32 años después las cosas estaban exactamente igual; ninguna de las plagas endémicas que azotan al país desde épocas inmemoriales se remedió. No diré que empeoró, no tengo bases para ello, pero no las existen tampoco para afirmar lo contrario. Dicho en resumen: el sismo de 1985 demostró la valentía y la solidaridad de los mexicanos… y nada más.

      Hace 12 años, alguien escribió: “Después del gran sismo de 1985, el valiente pueblo mexicano se levantó espontáneamente y salió a la calle para salvar gente. Hubo de todo: doctores, albañiles, hasta mineros de Pachuca que se metían entre los resquicios de los edificios derrumbados con sus cascos y sus lámparas. Las señoras preparaban tortas y refrescos para los hombres que trabajaban en los escombros”.1 Esta vez ocurrió de la misma manera, la pregunta es, entonces: ¿qué aprendimos de aquella dolorosa experiencia? Vistos los resultados recientes, nada de nada.

      No me refiero, obvio, a los miles de ciudadanos que, otra vez, arriesgan sus vidas y hacienda por el bien del prójimo —doctores, albañiles, mineros o señoras—, no; me refiero a la política y al modo de entenderla, a los partidos, a los gobernantes; el México política, económica y moralmente devastado de 1985 es el mismo México al que sorprendió la desgracia en este 2017.

       Pensar que, per se, la tragedia del 2017 va a servir de veras para algo es una tragedia peor que la primera. Sumarse festivos, jubilosos y desmemoriados a la celebración cívica nos sitúa en los linderos de la irresponsabilidad porque cancela cualquier posibilidad auténtica para regenerarnos. Ahítos de morbosa autocomplacencia; esta espantosa ola de satisfacción patriotera no puede, no debe, caer en saco roto y hacernos olvidar los verdaderos males que el país padece los cuales, para colmo y además de todo, hallan su origen en nuestra ineptitud ciudadana.

     Pero no queremos entenderlo, claro; nos regodeamos en un malsano maniqueísmo; detrás de la propia e indiscutible virtud que nos redescubre, casi, “padres fundadores de la Nueva Patria”.

       De ese modo, cualquier mentecato en una posición de autoridad —real o imaginada, grande o minúscula, legítima o inválida— se alza como el adalid de la democracia, de la República, del idealismo, de la verdad absoluta o de cualquiera que sea la sandez que le cruce por la afiebrada cabecita esa mañana; y eso no es lo peor, lo peor son las huestes de entusiastas detrás suyo aplaudiendo febriles sus dislates.

       ¿Ejemplos? Abundan.

     Le recuerdo uno: la demagógica propuesta de Andrés Manuel. A su estilo, el tabasqueño fue el primero en aprovechar la coyuntura y, sin consultarlo siquiera con el resto de la cúpula de su Partido, comprometió el financiamiento público “para atender la emergencia nacional”. Sus declaraciones, atronadoras como un disparo de salida, calaron en el ánimo colectivo como un baldazo de agua fría. Él sabía muy bien lo que estaba haciendo; posiblemente cuando pronunció esas palabras no entendía, ni por asomo, las implicaciones económicas, jurídicas ni presupuestales de la medida, pero sin duda comprendía bien a bien los alcances políticos de su balandronada y estaba dispuesto a montarse en la ola a como diera lugar.

Continuará…

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1 LOMNITZ, Cinna. El próximo sismo en la Ciudad de México. Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la Universidad Nacional Autónoma de México. México. 2005. Pág. 19.

MI PRINCESA.

Colage 2

     Con toda la malevolencia de que soy capaz —ni es tanta— he titulado estos párrafos con el encabezado anterior. Explícome:

     En un artículo previo me dolía de que, en el uso del lenguaje cotidiano, cualquier mentecato puede reconvenirlo a uno por sus creencias religiosas; la puerta está abierta para la descalificación a partir de pseudorazonamientos “científicos” o “racionales”.

Otro tanto ocurre con ese feminismo recalcitrante que en gestos tan nimios como abrirle la puerta a una mujer por parte de un varón (de “damas” y “caballeros” ni hablar) ven un resabio de machismo malamansado que requiere, ipso facto, la reeducación del interfecto. La semana pasada leí un post idiota que clama porque eduquemos a los hombres para que no maten mujeres; estoy de acuerdo en que resulta imprescindible poner manos a la obra; y juntito a ese curso, enseguidita, organizar otro para educar a las mujeres a fin de que no caigan en las garras del primer imbécil que pasa y les cierra un ojo; que aprendan a calcular bien los qués, los cómos y los cuándos; y al primer amago de violencia pongan pies en polvorosa o se agarren a madrazos. Pues bien, estupideces de ese tipo —que sólo reparan en un lado del asunto y suelen culpar a los hombres (machos: ¡auuuuuuuu!)— abundan; me parece el colmo empezar a generalizar a partir de casos aislados; sentar esclarecedoras verdades universales a partir de inferencias más o menos caprichosas.

     Yo crie una niña a la que jamás me cansé de decirle: “Mi Princesa” y eso no le provocó ningún retraso mental; ella misma asume, tiene ya 21 añitos, que era de un modo y la madurez la ha ido transformando en alguien distinta de la que solía ser: anoche, Mi Princesa y yo sostuvimos una charla sobre los experimentos nucleares de Corea del Norte; me llenó de júbilo y azoro, por igual, escuchar su escepticismo respecto de las implicaciones geopolíticas de la demencia de Kim Jong-un; hablábamos de la alianza estratégica con China y de cómo ésta se resiste a intervenir en la disputa que sostienen el líder norcoreano y el orate de Trump (lo de “par de locos” lo dijo Mi Princesa, no yo; conste). Mi Princesa estaba enterada del amago perpetrado contra Japón de hace semanas;1 y estaba inquieta por ese clima de tensa calma; también está al tanto de lo que ocurre en México y en Chihuahua, de las desgracias que nos afligen en esta hora aciaga.

     Mi Princesa estudia, va a la universidad; sufraga parcialmente sus gastos, da clases de inglés; y la única locura que le sé es ésa de que dejó a Silvan, su novio francés; tiemblo de pensar que se vaya a enamorar de un chino (¡qué cosas tan feas!) —Ya, ya, sé que el comentario se lee xenófobo; sirva para compensarlo el hecho de que es el mismo que repito todas las mañanas frente al espejo—.

     Como sea, Mi Princesa no está imbécil porque creció en un hogar con roles claramente diferenciados —ni Luis o Adolfo son brutos que escupen de lado por una de las comisuras mientras muerden un palillo, intentan “ligar” a cuanta mujer se les contonea enfrente y se frotan “el paquete”—; tampoco la inteligencia natural de Mi Princesa se vio mermada porque desde el día en que nació se le dio un trato de “niña”; casualmente, ¿saben?, Mi Princesa era una niña para ese entonces; así como ahora es una mujer; y esa certeza, no le ha generado ningún conflicto, ni trastorno de la personalidad, ni la ha limitado o impedido para comenzar a autodefinirse, ni provocado incontinencia (digo, es que son tantas las posibilidades).

     Mi Princesa es una mujer que se descubre a diario a sí misma y enchinarse las pestañas o usar toneladas de acondicionador para el pelo —porque lo tiene largo y hermoso— no le mata neuronas. En realidad me preocupan más esas personas, mujeres o no, que en gestos nimios, banales e inocuos, reconocen un ataque furibundo o cuando menos un agravio en marcha a su modo de ser o entender la vida; creo que es un síntoma de inseguridad galopante, militante amargura o estupidez lisa y llana. ¡’Ora resulta que para estar mentalmente sano necesito usar falda! (de eso tratan de convencernos).

     Por lo pronto, confío en que Mi Princesa siga siéndolo por muchos años; y que mis dos nietas sean princesas también y eso no constituya un impedimento para que se realicen como seres humanos; que las tres crezcan fuertes y emocionalmente sanas, puedan ponerle un alto al primer pelafustán que les falte al respeto y, algún día, sean capaces de decirle “Mi Princesa” a una lindura que nos perpetúe en el amor.

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1 Nota de Xavier Fontdeglòria, con el título: “Corea del Norte lanza un misil balístico que sobrevuela Japón”, publicada el 29 de agosto de 2017, por el periódico El País.

 

SEPTIEMBRE: MES MATRIO.

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       Lo sé: todo mundo dice que septiembre es el mes de la Patria y por eso se le llama el “Mes Patrio”; pues bien, yo digo que es el “Mes Matrio” porque, a la Patria, hace años que nos venimos empeñando los mexicanos en romperle su madre.

Septiembre, como la Navidad por ejemplo, hace añales que dejó de ser lo que era; en algún punto del trayecto perdió su esencia y nos queda una festividad hueca, vacía. La Navidad no es ya, como tampoco lo es la Semana Santa, época de devoción; de obligada reflexión; de paréntesis indispensable en este trajín de vida para reencontrarnos con la idea básica del ser: Dios. Es una cosa de fiestas, ya ni “posadas”, lo que se dice “posadas”, hay; existen sí, reuniones de amigos como ocasión para comer, fumar y beber; pero de la noción detrás de tan significativas fechas, nada de nada; apenas, un atisbo de generosidad, producto del mercantilismo más atroz y despiadado.

      Igual septiembre; un mes prostituido por los discursos oficiosos y oficialistas. Estoy convencido, conozco muchísimos funcionarios de primero a cuatro nivel, que no tienen la más remota idea de las gestas de Independencia o, ya puestos, de la Revolución siquiera; se llenan el gañote de vivas respecto de un montón de gente de quienes no tienen la más peregrina idea de quiénes fueron o cuáles fueron sus méritos, reales o supuestos, para estar con el cíclico dale y dale de: “¡Arriba zutano! ¡Arriba! ¡Arriba perengano! ¡Arriba!”; y así.

     No va a faltar el baboso que me cuestione por esta reflexión; se le va a llenar la boca con el lugar común de “los héroes que nos dieron patria” y ese tipo de chorradas necesarias para que los analfabetas funcionales —que abundan— puedan digerir, así sea un tantito, ideas como: libertad, nación, soberanía, etc., porque de otro modo pues no; no hay forma; con el cuento de que no leen y por no hacerlo se les olvida leer y por no saber leer no entienden, lo cierto es que enristran la pluma o abren el hocico para decir —o lo que es todavía peor, repetir— burradas a diestra y siniestra (no faltará quién me acuse de cómo siendo magistrado no soy patriotero —ya los oigo—).

     Para ésos, ya ni siquiera me voy a enfocar en la estadística que refleja la mísera condición de millones de compatriotas ni con destacar datos o hechos que, por su significación, ilustran mis afirmaciones empezando por la proverbial sumisión a los gringos, ¿para qué?; prefiero limitarme a glosar, así sea de modo breve, un corto párrafo contenido en la Constitución general de la República: “La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste”, reza la primera parte del artículo 39 de la Ley Cimera.

      En teoría, la Constitución impera sobre todo y sobre todos; nada ni nadie, es superior a ella. En los regímenes dictatoriales, la voluntad del gobernante es soberana y no reconoce potestad superior; en un Estado así, la existencia de funcionarios a cargo de las tareas de Gobierno resulta intrascendente; es sólo un asunto de naturaleza práctica —no de índole jurídica pues frente al poder del gobernante, la idea de una Constitución que acote su actuación es impensable—.

      En México y en Chihuahua, en teoría, el titular de todo poder público es el pueblo y en su nombre se ejerce. Así de claro lo previenen las constituciones federal y local en sendos artículos, el 39 citado, y el 27, primer párrafo, que dice: “La Soberanía del Estado, reside originariamente en el pueblo, y en nombre de éste la ejercen los poderes establecidos en esta Constitución”.

     ¿En qué recoveco de la historia matria se empezó a pasar por alto esta idea tan simple, tan sencilla? Misterio.

       Quien venga, entonces, a decirme que en septiembre hay motivos para festejar la independencia y la libertad del pueblo de México le voy a responder con la única verdad posible: ¡Tarado! Ya si me dice que no, que la verdad es que el gustito le viene por el asunto del “puente”, pues entonces felicidades, provechito y felices fiestas matrias.

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