LA RESURECCIÓN DE LOS SOVIETS: OTRA VEZ EL “VIVEBÚS”. 1ª DE 2 PARTES.

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LA RESURECCIÓN DE LOS SOVIETS: OTRA VEZ EL “VIVEBÚS”. 1ª DE 2 PARTES.

“Supe entonces que para muchos de mi generación no iba a ser posible salir indemnes de aquel salto mortal sin malla de resguardo: Éramos la generación de los crédulos, la de los que románticamente aceptamos y justificamos todo con la vista puesta en el futuro, […] de la prostitución de las ideas y las verdades, convertidas en consignas vomitivas por aquel socialismo [Gobierno] modélico, patentado y conducido por el genio del Gran Guía […], y luego remendado por sus herederos, defensores de una rígida ortodoxia con la que condenaron la menor disidencia del canon que sustentaba sus desmanes y megalomanías”.1

 

El asunto del ViveBús constituye un fiasco tan escandaloso en sus pretensiones fallidas (anunciadas de manera estridente a todo batir de bombo y platillos), que bien merece el calificativo de “logro soviético” por lo banal, desmesurado, malogrado y equívoco del proyecto. El ViveBús es el mejor ejemplo de lo que una administración no puede ni debe hacer al generar una política pública tendente, según se dijo, a resolver el problema del transporte colectivo en la ciudad de Chihuahua. Vistas las enormes sumas de dinero invertidas, la deuda generada, la afectación a la ciudadanía luego de largos meses de obras (accidentes sin cuento, cierre masivo de negocios, etc.), los acuerdos incumplidos, las normas violadas, las confianzas traicionadas y las promesas rotas, el ViveBús constituye el peor fracaso del Gobierno del Estado o, por lo menos, el más visible, luego del escandaloso endeudamiento que ha puesto a Chihuahua en los primeros lugares por los peores motivos. Pero a partir de este punto, dejemos que hablen los hechos:

  1. Se prometió, que el ViveBús, tomaría como modelo algunos de los sistemas existentes en otras entidades de la República, que operan de manera eficiente, haciendo altamente competitivas a dichas ciudades (Monterrey, León, Guadalajara, Distrito Federal, etc.);2
  2. Se dijo que uno de sus objetivos sería: Mejorar el traslado de 122 mil usuarios del transporte, equivalentes al 15% de la población en el Municipio.3 Dato que corrobora el Diario de los Debates del Congreso, correspondiente al 27 de junio de 2013, cuando se emitió el dictamen que aprobó la Iniciativa enviada por el Gobernador del Estado para reformar la Ley de Transporte;4
  3. Más aún, a través de un boletín de prensa del propio Gobierno, el 22 de febrero de 2012, se dio a conocer la realización del “Taller Ruta Crítica para la Implementación del Nuevo Sistema de Transporte Urbano de la Ciudad de Chihuahua”, en el transcurso del cual se afirmó que el sistema brindaría servicio “a más de 300 mil chihuahuenses al día”;5 
  4. De hecho, en su III Informe de Gobierno, el propio Gobernador señala que: Desde su planeación se contempló ofrecer alos usuarios un servicio eficiente con una infraestructura moderna y segura, todos los pasajeros disfrutarían del servicio de internet, el costo de la inversión fue de 745 millones de pesos y se dio inicio al Plan Sectorial de Movilidad Urbana Sustentable de la Ciudad de Chihuahua, I Etapa;6
  5. Respecto de la operación del sistema: No iba a haber necesidad de realizar largas filas en los módulos de expedición, al momento de su entrada en operación se habían expedido 84 mil 678 tarjetas, dada la demanda de módulos el Gobierno del Estado apoyó con más de 200 funcionarios y empleados, fue la Dirección de Transporte la encargada de rediseñar las rutas de transporte y el entonces Director de Transportes, Jaime Enríquez, dio a conocer que las 77 rutas que existían se redujeron a 56;7 
  6. Respecto de las tarifas, se afirmó que el primer pasaje iba a costar 6 pesos; el 1er.transbordo, 2; y el 2º transbordo, nada;8
  7. Respecto de las ventajas del Sistema se ofreció: Puntualidad, reducción de los tiempos de traslado, cuidado al medio ambiente, clima artificial, servicio de Internet y unidades modernas y seguras;9 
  8. Respecto de las tarjeta de pago se dijo que: Costarían 20 pesos, se debían “cargar” por lo menos 6 para activarla, serían recargables con el saldo que el usuario deseara y el “cambio” no se perdería pues sería abonado a la tarjeta;10 
  9. Respecto de los operadores, se ofreció que no podrían “cortar” o “desviar” la ruta, serían monitoreados en tiempo real, serían capacitados, estarían debidamente uniformados, no podrían ser auxiliados por “chalanes” y no podrían realizar cobros directos;11
  10. En la base de todo el sistema, estaba el acuerdo exitoso entre el Gobierno y los concesionarios. En la creación de la “Coordinadora de Transporte Colectivo de la Ciudad de Chihuahua”, el entonces titular de la Secretaría de Desarrollo Urbano calificó el acuerdo como “histórico para la modernización de Chihuahua”,12 y
  11. En la inauguración del sistema, el 24 de agosto del 2013, el Gobernador del Estado destacó el monto de la inversión “de mil millones de pesos en toda su infraestructura.13

 Continuará…

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 Luis Villegas Montes.

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 1 PADURA, Leonardo. El Hombre que Amaba a los Perros’. Colección Andanzas. 3ª. edición. TusQuets Editores. México. 201. Pág. 487.

2Nota suscrita por Paloma Sánchez, con el título: “Emulará Chihuahua exitosos sistemas de transporte urbano”, publicada el 4 de julio de 2012, por el periódico El Heraldo de Chihuahua.

3 Visible en Internet, en el sitio identificado a continuación, consultado el 28 de mayo de 2014 (11.00 am): http://embarqmexico.org/node/725

4 Publicadas mediante Decreto No. 1303-2013, II P.O., publicado en el Periódico  Oficial del Estado No. 55, del 10 de julio de 2013.

5 Visible en Internet, en el sitio oficial identificado a continuación, consultado el 28 de mayo de 2014 (11.30 am): http://www.chihuahua.gob.mx/Principal/plantilla5.asp?cve_Noticia=8859

6 Informe Político. Gobierno del Estado de Chihuahua. Pág. 87.

7 Visible en Internet, en el sitio identificado a continuación, consultado el 28 de mayo de 2014 (10.45 am): http://comunidad7.com/not/4821/arranca_la_operacion_de_vivebus_y_se_ajusta_su_operacion_e_informacion_a_los_ciudadanos

8 Ibidem.

9 Ibidem.

10 Ibidem.

11 Ibidem.

12 Nota de la redacción, con el título: “Crean la coordinadora de transporte colectivo de Chihuahua” publicada el 10 de febrero de 2012, por el periódico electrónico LaOpción. Visible en Internet, en el sitio identificado a continuación, consultado el 28 de mayo de 2014 (11.30 am): http://laopcion.com.mx/n/id_161773.html

13 Nota suscrita por Indira Ruiz, con el título: “Inaugura César Duarte el Vive Bús en Chihuahua”, publicada el 25 de agosto de 2013, por el periódico La Prensa.

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RENOVARSE O MORIR.

 

 

 

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RENOVARSE O MORIR.

           El viernes 23 se casó Cecilia. Quién es Cecilia y por qué razón se coló en estos párrafos es un asunto largo de contar; baste con decir que Cecilia es amiga de Adriana y encarecidamente le pidió, desde hace seis meses, que “por favorcito no me fuera yo a pelonar el día de su boda”; con el cuento de que Adriana cargó el ramo pendiente de entregar a la Virgen y yo oficié de “Padrino de palo” (porque no hice absolutamente nada, más que acomodarle los tirantitos al vestido amarillo huevo de Adriana, porque uno se le iba cayendo), lo cierto es que nos sentaron en mero enfrente de la Iglesia y no era cosa de que el marido de la madrina de la novia, pareciera recién salido de Almoloya.

 Cabe señalar que estas no son peregrinas ocurrencias de quien escribe estos párrafos, para nada; a mitad del año pasado ya me había yo rapado al cero, pero llegó mi sobrina Lily y también en trance de casarse me pidió que fuera yo, en compañía de Lola, su “Padrino de Lazo”, con la condición de que me dejara crecer el pelo; accedí sin remilgos, de lo que di fiel testimonio por escrito meses atrás,2 y ya me quedé así, total, estaba la famosa boda de Cecilia en lontananza. Pues bien, el pasado fin de semana emprendí una discreta investigación entre parientes y amigos y parece ser, parece, que no hay en puerta ninguna boda, ni bautizo, ni Primera Comunión, ni XV Años, que demande mis rizos; y en todo caso, de haberlos, no me han invitado, por lo que este fin de semana actuaré en consecuencia y me pelaré.

 Cabe apuntar que los párrafos precedentes hacen las veces de notificación en forma para todos aquellos que requieran mi presencia en algún evento familiar o de negocios con pelo y todo; y que cuentan hasta las cero horas del domingo, para hacerme saber su parecer; si no, ya saben; luego no se anden quejando. Lola, Adriana, María y Adolfo, por favor absténganse.

 Por otro lado, el título de esta reflexión se justifica habida cuenta de que le quiero avisar a mi público lector, esos entrañables ochenta pares de ojos que me siguen semana a semana, que ya por fin decidí dar el salto a la modernidad. Algunos de ustedes, quienes me siguen en Facebook, sabrán que desde inicios de este mes abrí mi blog personal; pues bien, no tengo muy claro bien a bien para qué sirve ni qué sigue, sin embargo, aquí me tienen, anunciándolo.

 Yo llegué tarde a este asunto de las computadoras, del Internet, de los smartphones, del Twitter, de Facebook, etc. Recuerdo, no sin nostalgia, un lejano 1993, cuando se instalaron las primeras computadoras en el Congreso del Estado y ahí estaba ella, grandota, de un color negro mate inquietante, quieta y muda, como ave de mal agüero. No era el primer ordenador que hubiera  visto en mi vida, no señor, pero sí el primero a mi entera disposición. Nos vimos fijamente el uno a la otra y viceversa y apreté uno de sus botones, zumbó y abrió sus ojitos. Leí, creo; teclee, creo; imprimí, creo; la adoré, definitivamente. Para mí que hasta ese entonces solo había trabajado con máquinas de escribir, eléctricas si usted quiere, pero máquina de escribir al fin, en las que borrar era un martirio (por no hablar del asunto de colocar la hoja de papel), la computadora era, al mismo tiempo, una bendición y una especie de pequeño milagro.

 Recuerdo la primera vez cuando me quedé a trabajar hasta la una o dos de la mañana y vaya usted a saber qué le moví, cuántas “ventanas” abrí y porqué razón, el caso es que a esas horas le hablé a Eslí, mi amigo de toda la vida: “Gordo, ¿cómo se apaga esta madre?”. Porque no sé quién, ni con qué perversa intención, me había dicho que la máquina debía apagarse “desde el monitor”, antes de pulsar el on-off o -ni ¡Dios lo quiera!- desconectarla así nada más; pues ahí estuve, cerrando “ventanas” y nada. A las tres de la mañana dije: “Al carajo” y en brazos de la fatalidad, con una determinación digna de mejor causa, la desenchufé. Yo esperaba ver una columna de humo saliendo de la espalda del aparato, alma en pena detrás de otro CPU qué habitar pero no. Nada. “Descanse en paz”, me dije, también con una resignación digna de mejor causa; arrastrando los pies salí de la oficina dispuesto a presentarle la renuncia a mi Compadre Jorge, pues mi ignorancia supina había causado la muerte de ese animalito, al que en tan breve plazo le había cobrado un afecto arrasador. Al otro día, llegué, conecté el aparato de nuevo, limpié mis huellas digitales (gesto melodramático del todo inútil pues nadie más lo había usado) y pulsé el temido on-off. Esta vez no parpadeó ni abrió sus ojitos… me sonrió.

 Después de ella han venido otras, muchas; tantas que ni las recuerdo; mi primera laptop la compré, usada, hace más de diez años; la segunda, me la robaron en el lobby de un hotel en el centro de Londres; de entonces a la fecha han pasado muchos ordenadores por mis manos y solo sé que ya no podría vivir sin ellos. Son una extensión de mí; una parte mía; un órgano más; como un ojo, una mano, un oído e incluso, una parte del corazón; tantas imágenes guarda, tantos recuerdos, tantos anhelos (propios y ajenos), tantos sueños cumplidos y pendientes de cumplir.

 Pues bien, aquí estamos; como los Tres Mosqueteros, veinte años después. Escríbame a mi correo electrónico o síganme en los medios que gentilmente me publican o también en mi blog: https://unareflexionpersonal.wordpress.com/

 Luis Villegas Montes.

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 1 Víctima de un chantaje.

¡Chín!

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¡Chín!

 

Para Haydee.

 ¡Chín! Se me pasó el diez de mayo.

No, no se preocupen mis asiduos lectores (les informo henchido de júbilo que estamos por rebasar la cifra de los cuarenta), no se trata de una alusión a la memoria de ninguna jefecita de ningún político local o nacional (aunque ganas no me falten); en lo absoluto.

Es sólo que semanas atrás, meses atrás, años atrás, quedé muy formal con Adriana de escribir unas líneas relativas al Día de la Madre; le dije que sí y no más eso dije porque se me olvidó sin remedio (ella tampoco lo ha de haber tenido muy presente que digamos).

Pasados tres años, mientras hurgaba entre mis escritos a fin de dilucidar si hay material para editar un libro o no (sugerencia que con más o menos asiduidad me ha hecho una pequeña multitud de lectores -cinco-), di con el título de estos párrafo y me dije: “A ver”; y tómala, aquí estaban. Dado que todavía estamos en mayo y a escasos diez días del mencionado festejo, me dije: “Más vale tarde que nunca” y aquí me tienen, dando cabal cumplimiento al citado compromiso. No es que la fecha -o el festejo implícito- no ameritaran estas líneas, no; es sólo que se fueron acumulando los acontecimientos y de pronto me quedé inerme, frente al calendario. Así, permití que transcurrieran los días, las semanas, los meses, los años, ocupado en otros menesteres y el pasado jueves por la mañana, reparé de súbito en los párrafos que leerán a continuación:

Pareciera obligado que hablara de mi mamá y sin embargo no es así. No necesito -ni he necesitado- hablar de ella porque en nuestra relación no caben las palabras. Hay situaciones, hechos y sentimientos (el nacimiento de un hijo, por ejemplo, o de una nieta), que nos rebasan y frente a los cuales nos quedamos mudos, atónitos, desamparados, vulnerables,  incapaces de balbucir siquiera. Es un lugar común decir que uno se ha “quedado sin palabras” y, no obstante, existen eventos frente a los cuales el silencio es el mejor cómplice pero, sobre todo, el mejor vehículo del entendimiento. De esta forma, yo no necesito glosar, ni comentar, ni referir, ni intentar definir, ni mucho menos explicar lo que siento por mi mamá. En ella y por ella, empiezan, terminan y recomienzan un montón de cosas y todas resultan entrañables. Sé que he cometido muchos errores en el transcurso de mi vida, pero estoy consciente de que dentro de mí bullía -y aún existe- la necesidad de no defraudarla.

Pues bien, Lola odia que le digan “Lola” y tal vez ese hecho ínfimo -y aparentemente irrelevante- sea el que mejor la describe pues llamándola como la llamamos, “Lola”, la mayoría de sus descendientes (hija, hijo y la mayoría de sus nietos), apenas si con una sonrisa, deja pasar el agravio y procede a ocuparse de nuestras -sí, nuestras- necesidades más apremiantes o inmediatas. Ésa es mi mamá: Apoyo, regazo, baluarte, bastión, aliada, cómplice, referente, aliento, interés, ternura, cariño, entrega y cualquier otra exigencia que la vida me depare.

Por eso nunca había hablado de mi mamá en estos términos ni a través de estas líneas, porque no lo creo necesario. Porque sé, más allá de toda duda, que aún y cuando no satisfaga sus expectativas (ninguna de ellas), ella continuará ahí, inconmovible, firme como una roca, con los brazos extendido y la mirada impasible, en calidad de apoyo, regazo, baluarte, bastión, aliada, cómplice, referente, aliento, interés, ternura, cariño, entrega y cualquier otra exigencia que la vida me depare.

Así que estas líneas las escribí no para mi mamá; las escribí para Adriana, para decirle que, de todas las promesas, por lo menos esta sí la recordé y estoy intentando cumplirla como Dios me da a entender. Y las escribí, además, porque Adriana me dijo que una amiga suya, muy querida, también mamá, que ha atravesado por un trance difícil, uno de vida o muerte, me lee con interés y cierto gusto, y que tal vez, sólo tal vez, estos párrafos le lleven un poquito de alegría.

Entonces, pensé que por ello valía la pena intentarlo y que hablar de Lola, de Patty (mi otra mamá) y de Adriana, eran un modo de hablar de todas las demás mamás y desearles un tardío feliz 10 de mayo. Un feliz 10 de mayo de 2014, de 2015, de 2016 (dos meses antes de que el PAN recupere la gubernatura del Estado); un feliz 10 de mayo por todos los años que falten por venir; y luego de esa fecha, luego de ese día en específico, un feliz 11, 12, 13 y 14 de mayo; un feliz 30 de junio; un muy, muy feliz 14 de julio (ese doble, pues es la fecha de cuando me casé); un felicísimo 30 de septiembre (ya repuestos de los festejos de las fiestas patrias); y así cada día, hasta agotar los 365 días del año y volver a empezar, sin que falte el 29 de febrero de cada año bisiesto.

 Luis Villegas Montes.

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UNA HISTORIA DE ZOMBIS Y FANTASMAS.

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 “Una clara inteligencia y una voluntad férrea, es decir, todo un carácter, es lo que exige la auténtica política”.

 Rafael Preciado

 Pienso que nadie la ha escrito. Una historia de zombis y fantasmas. Imagínese lo sorprendente, lo absurdo, lo grotesco, lo ridículo. Un fantasma que, atónito, se contempla en el espejo distorsionado del despojo que lo encara. Un cadáver putrefacto que inútilmente intenta devorar la imagen evanescente de sí mismo.

 Semanas atrás, escribí: “La vida no es solo respirar -ni el crepitar del pecho, ni el crujir de huesos, ni el gruñir de tripas-. La vida es un ansia, un anhelo, un apetito, una aspiración, una inspiración sin nombre que se muere por vivirla. La vida es una búsqueda perpetua; una insatisfacción permanente que nos cerca, que nos acosa, que nos invita… que nos provoca”;1 y un joven amigo, de quien suprimo su nombre pues no pedí autorización para divulgarlo, me respondió, entre otras cosas:

 “Me recuerda mucho a lo que Camus llegó a criticar de su sociedad, siendo que él fue titular (y me parece que fundador), de un periódico francés, durante la ocupación Nazi en Francia. En sus libros siempre criticó la forma de cómo la gente vive su vida sin tener esa aspiración a la grandeza que se tenía en antaño, retratando en sus personajes, generalmente el protagonista (o en los casos que no lo fuera, el mismo protagonista criticaba a estas personas), gente que sufría una apatía, pero no una apatía relacionada con la pereza, sino una apatía por la vida.  Es así como describe, en su libro ‘el extranjero’, a un hombre que tomaba, fumaba, fornicaba, etc., sin darle importancia alguna de lo que acontecía en su vida. A tal grado que muere su madre, y no muestra un solo indicio de taciturnidad. Sin embargo, más adelante, llega a matar a un hombre, y sigue sin importarle”.

 Camus. “El Extranjero”. ¿Hace cuánto lo leí? No lo sé. Ni idea. Solo sé que si no lo hubiera leído cuando lo leí (y olvidado a tiempo), lo más posible es que no podría escribir las líneas que escribí. Como tampoco sería capaz de entender el mundo como lo entiendo. Georg Christoph Lichtenberg dice: “Olvido la mayor parte de lo que he leído, así como lo que he comido; pero sé que estas dos cosas contribuyen por igual a sustentar mi espíritu y mi cuerpo”.2 Y es así. No sé qué comí el año pasado para estas fechas, ni el mes pasado, vamos, ¡ni siquiera la semana pasada! Pero sí sé que de no haberlo hecho, de no haberme alimentado, hoy estaría muerto. Pues de no haber leído lo que leí, hoy estaría vacío; mi alma estaría deshabitada, carecería de vida interior.

 Y esa búsqueda interior, hurgar en las verdaderas pasiones, los miedos indiscutibles, los porqués reales, los motivos auténticos, es necesaria para no engañarnos. Para no convencernos de que hacemos lo que hacemos al amparo de buenas razones cuando el ímpetu proviene de la cobardía, de la ambición, de la estupidez o cualquier otro producto de baja entraña. Para eso sirve escudriñar en uno mismo: Para no engañarse. Para no mentirse a sí. Para no equivocarse, una y otra vez, e intentar salvarse a partir de los fallos -verdaderos o falsos- ajenos.

 Da mucha pena -y tanta rabia- ver el talento desperdiciado; perdido en la complacencia, en la satisfacción gratuita, en la excusa oportuna, en la experiencia inútil, en la culpa rápida, en el conocimiento sin rumbo o en la voluntad sin valentía.

 Pienso en ello y, sin remedio, pienso en los diputados priístas, en sus satélites, en sus aliados incondicionales, empeñados en defender lo indefendible, en ocultar lo inocultable; inmersos en una lucha de espejos donde la apariencia lo es todo; donde el maquillaje, el performance, se enseñorean de la política; por otro lado, vacía -y vaciada- de contenidos. En ocasiones, la mejor forma de incumplir la Ley es acatarla a rajatabla; por eso, los antiguos españoles, más sabios, solían decir que: “Más vale un centímetro de Juez  que un metro de Ley”; porque es más fácil observar la letra de la ley que someterse a su espíritu. Ahí están, pálida muestra, la aprobación de las cuentas públicas del Estado y de los municipios; la mascarada de la interpelación parlamentaria a la que, hasta el día de hoy, el Secretario de Hacienda Jaime Herrera, no ha dado respuesta -ni la dará-, cobijado por el silencio cómplice de la bancada mayoritaria y sus secuaces; la designación de las consejeras del ICHITAIP, en una burla franca a la razón de ser del Estado de derecho; la elección del Presidente de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos, entre otros casos, triste rosario de despropósitos y desvergüenza. Mayoría, explicada y resumida en la frase memorable de don Guillermo Prieto Luján: “Ciega, sorda, muda, ataráxica e hija de la consigna”. Representantes populares -y achichincles- muertos perdidos en el paraje de su mediocridad insalvable, de su sumisión incondicional, absoluta, ovejuna y orejuda, a los designios del Ejecutivo.

 Luis Villegas Montes.

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 1 BÚSQUEDA PERPETUA QUE ES LA VIDA.

2 Citado en SCHWANITZ, Dietrich. “La Cultura: Todo lo que hay que saber”. Punto de Lectura. España. 2006. Pág. 586.

CUESTIÓN DE PALABRAS.

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Aunque en principio la reconciliación, la absolución, el perdón y el indulto pudieran parecer una y la misma cosa, no es así.1

El perdón supone un agravio inferido de individuo a individuo; la acción que se perdona no es un delito, sino una falta; por lo tanto, no merece el castigo de la ley; de lo contrario, el individuo no podría perdonar ya que escapa de su control y potestad inmediatos. La absolución es distinta; supone una acusación ante algún poder del Estado o incluso de la Iglesia; en ese orden de ideas, no puede absolverse sino a la persona que ha sido formalmente acusada. A su vez, el indulto no es sino el perdón que otorga la autoridad y es relativo a la acusación o a la sentencia; el indulto es una gracia e implica por fuerza una verdadera indulgencia. De ahí que el perdón sea moral, la absolución judicial (o canónica) y el indulto una concesión graciosa de la autoridad ejecutora. En este orden de cosas, se perdona una injuria, se absuelve al acusado y se indulta al delincuente. Como se aprecia de las líneas anteriores, detrás de estas nociones se halla la idea de la clemencia en favor de quien ha quebrantado un deber o una norma.

La reconciliación es otra cosa. Su origen se halla en la palabra latina: “reconciliāre” y se conforma por el prefijo: “re” y el sustantivo: “concilium” (que significa: “Asamblea” o “reunión”); de este modo, reconciliarse significa volver a las amistades; o bien, atraer y acordar los ánimos desunidos; en resumen, reconciliar es “hacer volver a alguien a la reunión”.2 Detrás de este concepto, pues, no necesariamente se halla una indulgencia; se reconcilian los que tienen la voluntad y la capacidad de hacerlo; aquellos en quienes, en su ánimo no pesa la carga de una culpa, son libres de reconciliarse; los otros, los reos de cualquier tipo de falta, no pueden ser sujetos de reconciliación, sino de clemencia en cualquiera de sus manifestaciones: La absolución, el perdón o el indulto.

En esta hora, es evidente que no faltarán quienes, al amparo de los resultados del pasado domingo en las internas del PAN, clamen presurosos por una pronta reconciliación que allane los terrenos de acuerdos coyunturales o inclusive, en el extremo del cinismo, en la cima del impudor y la desvergüenza, rueguen para sí -o para otros- la absolución, el perdón o el indulto para sus infracciones estatutarias y reglamentarias más que probadas. Prestarles oídos, creer en su falsa retractación, en su oportuna impostura o en su arrepentimiento estratégico sería un error.

Es en este punto donde uno debe preguntarse si “el horno está para bollos” (o, como se dice ahora, para “cupcakes”).

Porque habría que ver si la impunidad es la mejor argamasa para conseguir un Partido fuerte y unido, capaz de atraerse las simpatías de la sociedad a partir de su credibilidad; o bien, es necesario deshacerse de las “manzanas podridas” y todos aquellos elementos que muy lejos de mirar por el bien de la institución se han dedicado, sistemáticamente, a socavarla desde sus cimientos.

Hacer aquí la pública narración de los tropiezos electorales del PAN en los últimos años me distanciaría de mis lectores que tengan también el carácter de militantes. Por alguna extraña razón, a los panistas nos duele -y nos molesta sobremanera- (a mí no, que conste), leer en letra de molde sobre las fallas y los fallos de nuestros gobernantes; en esa virtud, es que no haré la cronología de esos incidentes; pero es un hecho que el silencio y la complicidad, cuando se traducen en impunidad, no nos pueden conducir a nada bueno.

Entonces, tengámoslo muy en claro, el PAN sólido, fuerte y unido que los panistas deseamos -y Chihuahua necesita desesperadamente-, comienza sin lugar a dudas con el respeto irrestricto a Estatutos y reglamentos, por un lado; y con la sanción puntual para todos aquellos los han incumplido, en cualquier modalidad, por el otro. Y, como lo podría decir la monja del chiste, cuando digo que “a todos”, digo que “a todos”; ya se trate de charales famélicos o de auténticos tiburones.

Una interpretación de estos hechos o de estas palabras, menoscaba la autoridad que la dirigencia en ciernes requiere para conducir con éxito los destinos del Partido. Y conste que cualquiera de los eslóganes que los candidatos sembraron en el imaginario colectivo panista da para afirmar de modo categórico que la Unidad empieza donde termina la impunidad. No hay modo de “hacer lo correcto” si no es llamando a cuenta a los infractores de las normas que rigen nuestra vida interna; la “renovación en acción” pasa, necesariamente, por erradicar cualquier práctica del pasado dañosa para el Partido; y el bien del PAN, algo en sí mismo deseable, querible, se construirá si, y solo si, se sustenta en el cabal cumplimiento de las reglas internas que nos definen.

Luis Villegas Montes.

luvimo6608@gmail.com, luvimo6614@hotmail.com

1 El desarrollo de estos párrafos le debe todo a una obra fundamental en mi vida que leí muchos años ha y que aún conservo. BARCIA, Roque. Sinónimos Castellanos. José María Paquineto. Editor. 1890. España.

2 Real Academia Española. Diccionario de la Lengua Española. 22ª edición. 2001.

Respuesta al Lic. Jesús Limón Alonso.

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Estas son las únicas personas cuya opinión valoro; y las únicas que, en justicia, podrían llamarme a cuentas.

Lic. Jesús Limón Alonso.

 Licenciado:

Yo no me ostento como nada; soy lo que soy, en lo bueno y en lo malo.

Gran parte de mis andanzas en el PAN, o fuera de él, están documentas y la inmensa mayoría de ellas, gracias a mí, fíjese, pues nunca, jamás, he tenido miedo de escribir o de decir lo que pienso, lo que creo o lo que pienso en su oportunidad.

Lo que he dicho y escrito ahí está, testimonio mudo pero evidente de quien soy o cómo soy. Que los demás piensen lo que quieran, el deber del escritor es afianzarse en sus palabras y defenderlas en su tiempo exacto y en su justa medida. En el breve discurrir que es la vida de cada uno, es preciso replantearnos incansablemente en quién es uno, qué es y cuál es su cometido. Yo estoy seguro de quién soy y me siento tranquilo pues todo lo que he hecho o emprendido lo he hecho desde el terreno de la buena fe. Lo que sinceramente pienso, siento o creo en ese momento y nada más.

¿Qué me he equivocado muchas veces? Muchas. Afortunadamente, ninguna de ellas ha ido más allá de señalamientos públicos, muchos de ellos mezquinos, sin consecuencias legales de ninguna índole.

De ahí  que, desde hace años, la única manera de enfrentarme sea precisamente la que usted emplea en su carta: Pretender descalificarme en lo personal. Ante la pobreza de argumentos, ante la carencia de ideas, ante falta de razones, ante la imposibilidad de defender lo indefendible, cargados de odio y mediocridad, la mayoría de mis detractores utilizan eso: La descalificación personal y nada más.

Es una pena, licenciado, que no pueda usted defenderse (y no se defienda) de las acusaciones, actuales, vigentes, en contra suya y de su Candidato y deba recurrir al ataque hacia mi persona como única alternativa.

De hecho, ese ha sido el tono y la estrategia de la Campaña que usted -desde su declarada y pública militancia en el PRI- representa: La diatriba, la descalificación, la calumnia, la infamia.

Saludos y, por supuesto, no me pienso volver a ocupar de Usted pues me da flojera responde escritos vulgares, malintencionados y mal escritos.

Saludos.