PATITA DE PERRO.

 

 

images (7)

PATITA DE PERRO.

 

 Estoy haciendo liacho. Ya me voy.

 

 No sé si me las merezco o no, el caso es que me voy de vacaciones. No voy solo, van conmigo Adriana, María y Adolfo. A Manzanita, la tortuga, le va ir a dar de comer Myrna, mi  cuñada; a Florencia se la lleva Manuela a su casa; y el más reciente miembro de la familia, Xiao zise, un pez que compró María y a quien tienen viviendo en florero (literal), se va también a casa de Sebastián -no tengo ni la menor idea de quién es ni qué flautas toca en nuestras vidas, pero el hecho escueto es que será el encargado de velar por la salud del pececillo-.

 

 Creo que necesito un respiro. Estoy cansado de este trajín y del sorpresivo regresar a mi vida de antaño: El Congreso, el Grupo Parlamentario, el Partido, la asistencia electoral, dar clases, etc., son referentes indispensables en mi biografía que eché en falta, todos juntos, los últimos años. Todos juntos, digo, porque algunos aspectos los viví por separado en fechas más o menos recientes pero, así en montón no; y lo cierto es que ese era yo hace 10 o 15 años. Mi vida giraba en torno al Partido, la actividad legislativa y la docencia.

 

 El hecho, sin embargo, es que esta vida me cayó de sopetón y llevo meses (once para ser exactos) de uno a otro lado sin tiempo para “acomodarme” en ella. Estas dos benditas semanas me van a llegar como un chapuzón de irrealidad necesario para asumir este “nuevo yo” que, casualmente, es exactamente igual al viejo, pero poquito más cansado y pelón. Le llamo “chapuzón de irrealidad” porque pienso patear arriba y abajo allá donde el destino me lleve, cargado de indolencia, por un lado; y de júbilo y ávida curiosidad por el otro. Voy dispuesto a comer y a beber y a gozar de los míos; y, siempre que el ajetreo del día lo permita, devorar página tras página de los siete libros que cargo en mi liacho -a los que ni siquiera la envoltura les he quitado, único remedio para vencer a la tentación-.

 

 Hace unos meses me gustaba decir que era feliz. Lo decía y lo escribía y en este ir o venir como que se me estaba olvidando. Y ese, lectora, lector querido, es el peor olvido imaginable y posible; una ingratitud del tamaño de una catedral. Me gustaba decir que era feliz alentado por un espíritu muy parecido al de aquellas personas que gustan de hacer ejercicio: No sé si la felicidad es un músculo del alma o se le parece pero me gusta pensar que sí, que así es; que a la felicidad “hay que ponerle”; hay que ponerle con gusto, con furor y ganas. Pero en estos días, presa de la zozobra de sacar adelante los pendientes del día a día y luego de la zacapela que nos puso en Coahuila el cochinote de Moreira, se me fue el avión.

 

 Bueno, pues estos días voy a aprovecharlos para acomodarme el alma y poner las cosas en su sitio. La felicidad al principio; después el gusto por la vida y los pequeños milagros cotidianos que nos depara -como la límpida mirada de Florencia o la cercanía de una persona especial tras el cristal de una cerveza bien helada-; luego la calma, para sosegar los furores inherentes al quehacer político; detrás la esperanza, el optimismo y ya. Falta ver si dieciséis días me alcanzan para completar mi lista de sanas intenciones. Me conformo con la posibilidad de poder refocilarme en el ocio y poder leer mis siete libros.

 

 No puedo dejar pasara el acierto, que no es casual, de que atiné con el nombre de las cuatro escuadras que contendieron en los cuartos de final en el Mundial 2014; escribí, el 22 de junio pasado: “En las semifinales, entonces, veremos a Brasil derrotando a Holanda y a Alemania bailándole un tango suavecito y desalentador a Argentina, lo que significa, por consiguiente, que el tercer lugar se lo van a disputar las escuadras argentina y holandesa”; huelga decir que, aunque no le iba a Brasil, yo juraba que la afición y el estar en su tierra iban a ser factores determinantes para hacerlos campeones por sexta vez; ya vimos que no y ni siquiera, luego de la paliza que les asestó Alemania 7 a 1, accedieron al tercer lugar. Hoy, ¡Oh sí, hoy! Veremos a Alemania coronándose campeón, tal y como debe de ser.

 

 Yo, compro desodorante, limpio mis zapatos, doblo camisas y pantalones, empaco mis libros, y estoy más puesto que un calcetín para irme por fin de patita de perro.

 

 Contácteme a través de mi correo electrónico o síganme en los medios que gentilmente me publican, en Facebook (Luis Villegas) o también en mi blog: https://unareflexionpersonal.wordpress.com/

 

 Luis Villegas Montes.

 

luvimo6608@gmail.com, luvimo6614@hotmail.com

Anuncios

AÑORANZA.

IMG-20130523-WA0000

 

AÑORANZA.

 Escribo a un día de cumplir 48 años. Huelga decir que hace 41 o 42, a los 7 o 6, cuando empecé a leer y a tener más o menos consciencia de mí mismo, no tenía ni la menor idea de qué me iba a deparar el tiempo por venir. “Cuadradito”, irremediablemente miope, malo para “los números”, introvertido y huraño, la vida muelle que Lola, Patty y mi tío Jesús, cada quién a su modo, le regalaron a mi infancia, me mantenía a salvo de cualquier tipo de sobresalto respecto de lo que el futuro me deparaba. Lejos estaba de imaginarme, con sus detalles precisos, a Adriana, a Luis Abraham, a María o a Adolfo; lejos estaba Luisita; y muy, muy lejos (Lola no era muy consecuente con el asunto de las mascotas), Florencia -la cual, por cierto, en estos días luce un aspecto de rata, la pobre, pues con estos calorones Adriana decidió que “pelona” se iba a sentir más cómoda y la mandó rapar; así que nada más quedaron sus peludas orejas y sus ojotes dulces para recordarme a la bolita blanca que solía ser-.

Con azoro, arribo a este 2014 y, ahora sí, me pregunto qué me falta por ver; a dónde voy. Heráclito decía que lo único permanente es el cambio y tal vez le asistiera la razón; hace unos días, leí un artículo en Internet que alude  a las nueve cosas que van a desaparecer en un futuro próximo y explica cada caso:

1. La Oficina de Correos. Las oficinas de correos de todos los países están sufriendo profundos problemas financieros que probablemente no puedan ser sostenidos a largo plazo a partir de la competencia con el correo electrónico, Federal Express, UPS y otros servicios similares;

2. El Cheque. Se dice que, de hecho, en Inglaterra ya están sentando las bases para acabar con los cheques en el año 2018, pues el procesamiento de los cheques cuesta miles de millones de dólares al sistema financiero y las tarjetas plásticas de crédito/débito, al igual que las transacciones “en línea” provocarán la eventual desaparición de ese instrumento;

3. Los periódicos. Las nuevas generaciones simplemente han dejado de leerlos;

4. Los Libros. ¡Ay! No faltará quien diga que nunca abandonará la versión física de un libro que se puede tomar en las manos y disfrutarlo mientras se cambian las páginas. Incluso, no falta (yo lo he hecho), quien lo guarda por el olor que despide y la añoranza que despierta. La razón de su desaparición, se argumenta, será el precio de venta;

5. El Teléfono fijo. A la larga, se dice, todas las empresas de telefonía celular le permitirán llamar a sus clientes usando el mismo proveedor de su teléfono celular, sin cargos adicionales por minuto;

6. La Música. ¡Increíblemente, con tanta modernidad, la más amenazada es la música! En términos generales, la “música ” de hoy (si se le puede llamar así), ya no tiene la armonía, la melodía, la orquestación ni la letra de la música de antes. El artículo refiere: “Uno de los problemas para esto ha sido la codicia y la corrupción. Los sellos discográficos y los conglomerados de radio están simplemente auto-destruyéndose. La ‘música de catálogo’ representa más del 40% de la música comprada en la actualidad, lo cual significa música tradicional con la cual el público está familiarizado, así como también artistas de mayor edad que ya han sido consagrados”;

7. Televisión. Las ganancias que recibían las redes de televisión se han reducido dramáticamente; además, la gente está viendo programas de televisión y películas en sus computadoras;

8. Las “Cosas” que poseemos. En su gran mayoría, estas cosas forman parte de nuestras vidas, pero en realidad, muchas de ellas ya no están con nosotros en sentido físico: El disco duro, el CD, el DVD, la USB y -en un futuro próximo- “La Nube”, formarán parte de nuestra cotidianidad y ahí estarán nuestra música, libros, fotos o cosas favoritas, disponibles desde la laptop o el smartphone, y

9. Por último, y la más terrible de todas las pérdidas, nuestra privacidad. Las cámaras (calles, edificios, cajeros automáticos, dispositivos móviles, etc.) forman parte de nuestra vida diaria. Hoy en día, la privacidad, como tal, ya no existe. Por ende, podemos estar seguros que alguien, en algún lugar, sabe quiénes somos, dónde estamos o dónde vamos a estar; conocen nuestras preferencias culinarias, políticas o religiosas; saben quién es nuestra pareja; y quiénes integran nuestro núcleo familiar. Una compra, una sola, nos sitúa en un millón de perfiles y la publicidad varía casi de forma instantánea para ajustarse a nuestros gustos.

Al final, tal vez, lo único que perdure sea la esencia de nosotros mismos. Nuestros quereres, nuestros talentos, nuestros sueños, nuestra capacidad de sacrificio. Quizá, el único modo de conservarnos, de no perdernos en ese ataque avasallador a nuestra intimidad, es reconcentrarnos y empezar a entender, de una vez por todas y para siempre, que estamos solos y que lo único rescatable de cada uno de nosotros son nuestros afectos y nuestra capacidad de darnos a los demás.

Contácteme a través de mi correo electrónico o síganme en los medios que gentilmente me publican, en Facebook (Luis Villegas) o también en mi blog: https://unareflexionpersonal.wordpress.com/

Luis Villegas Montes.

luvimo6608@gmail.com, luvimo6614@hotmail.com