QUÍTATE LA MÁSCARA. 1ª. DE 3 PARTES.

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Ni modo, sí se me “pegó” uno de los libros que no podían dejar de pegárseme; se llama: “Los aires difíciles”1 y es de Almudena Grandes; al igual que el anterior (“Malena es un nombre de tango”2), tonteando en el aeropuerto, ahí estaba, solito, sin nadie que reparara en él. Anunciado en la red, no encontré otro de los imperdibles: “Hombres buenos”, del también español Arturo Pérez Reverte, del que solo conozco su título y que con uñas afiladas “lo estoy cazando”. Sin embargo, ya puestos, me traje otros tres: “Juárez. El mito de la legalidad”,3 “Reforma constitucional y control de constitucionalidad. Límites a la judiciabilidad de la enmienda”,4 y “La guerra apasionada. La historia narrativa de la Guerra Civil Española”.5

           Estos párrafos iban a llevar por título: “El Benemérito”, pues de él se ocupan casi en su totalidad, pero no; en “Quítate la máscara” quedó. Quítate la máscara por dos y hasta tres razones. La primera, porque esa es la pretensión inicial de estas líneas, hacer una reflexión junto con la querida lectora y el apreciable lector (ahí la llevamos, ya vamos en 47 lectores constantes y sonantes) de ese mito llamado: “Benito Juárez”; la segunda, porque ese desenmascararlo a él puede llevarnos a desenmascarar a otros muchos, beatificados por los aires paganos de la historia oficial; y tercero, porque ahora que me perdí, no resistí la tentación y me compré una máscara de “El Santo”, uno de mis héroes infantiles, y no me la quité en tres días; lo que llevó a María a poner el grito en el cielo y a clamar, vía Skype: “Yaaaa, papaaaa, por favor, ¡quítate la máscara!”.

 Pero entremos en materia. El libro de Juárez lo compré con intenciones aviesas, debo de confesarlo. Con el Benemérito tengo una relación difícil, pedregosa; me imagino que lo que piense de él, a él le tendrá perfectamente sin cuidado (encaramando para siempre en el pedestal inalcanzable donde lo tiene el panteón de nuestros próceres) y mis palabras le harán lo que el viento a su sombrero… ¡nada!

 En cambio a mí, me “enmuinan” un montón de cosas. Con decirles a ustedes que, en mi humilde opinión, Ahí fue donde se nos empezaron a torcer las cosas como Nación y a ponerse de cabeza nuestra orientación moral y legal; y el norte se volvió sur y el este oeste.

 Me explico: Juárez es el paradigma de la legalidad y del orden. De uno a otro confín del planeta y del Polo Norte al Polo Sur (si los pingüinos leyeran un poco), todo mundo conoce y salmodia su célebre frase, el “apotegma juarista” por excelencia (tuvo varios): “Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”. El alcance y el sentido de la frase son muy claros; tanto, que ni siquiera merecen ser glosados. Los tiros van por otro lado.

 No se trata de qué se dijo; se trata de quién lo dijo. Y es que, teniéndolo tan claro en su cabeza (de impecable “partidura” a un lado -si hemos de creer en todos los retratos que lo representan, en uno más feo que en otros-), llama la atención que, en el terreno de los hechos, a Juárez la regularidad jurídica lo haya tenido más bien sin cuidado.

 Antes de proseguir y señalar de manera concreta unos pocos, pero ilustrativos ejemplos, es necesaria una aclaración: No soy “antijuarista”; y no lo soy por una razón muy simple: Me da “güevita”. No le hallo sentido. Me da flojera y me parece terrible que no podamos discutir sin desmayos los claro-oscuros de los insignes personajes de nuestra Historia Patria. Me parece una abominación que ensalzar a Cortés, a Iturbide o a Porfirio Díaz, en sus grandes, enormes, aciertos, sea todavía motivos de sonrojo y franco horror para algunos académicos trasnochados que continúan (y continuarán) diciendo o escribiendo estupideces del tipo de: “Los españoles vinieron a conquistarnos”; o dislates aún peores, como culpar a la Iglesia Católica de todos nuestros males (como si los gringos no hayan tenido que ver en la inmensa mayoría de las calamidades que nos agobian y en las taras que nos tienen así, inermes, postrados y pobres… en los arranques del Siglo XXI, siendo un país tan inmensamente rico).

Continuará…

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Luis Villegas Montes.

luvimo6608@gmail.com, luvimo6614@hotmail.com

1 GRANDES, Almudena. Los aires difíciles. Colección: Andanzas. 1ª. Reimpresión de la 26ª edición. TusQuets. México. 2009.

2 GRANDES, Almudena. Malena es un nombre de tango. Colección: Andanzas. 2ª. Reimpresión de la 26ª edición. TusQuets. Argentina. 2014.

3 SÁENZ PUEYO, Carmen. Juárez. El mito de la legalidad. 1ª. reimpresión. Universidad Nacional Autónoma de México. México. 2014.

4 FERREYRA, Raúl Gustavo. Reforma constitucional y control de constitucionalidad. Límites a la judiciabilidad de la enmienda. Porrúa. México. 2011.

5 WYDEN. Peter. La guerra apasionada. La historia narrativa de la Guerra Civil Española. Martínez Roca. España. 1983.

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