NOCHE DE SAN JUAN.

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El de “Noche de San Juan” es un nombre con reminiscencias; un punto de encuentro entre la evocación y el misticismo con un toque de melancolía. Eso hasta el miércoles pasado.

Semanas atrás, les comenté a ustedes que no iba a agobiarlos con alusiones al Taller de Creación Literaria en el que decidimos incursionar el Adolfo y yo; he cumplido: Ninguna otra referencia, ningún otro cuento, ningún otro pormenor, hasta el día de hoy cuando vengo a darles rezón de lo que al Adolfo y a mí nos ha pasado (cualquier parecido con la letra de un corrido es mera coincidencia).

Antes de continuar, es preciso que les narre cómo o porqué decidimos entrar. Navegaba yo por las procelosas aguas del Facebook, cuando me topé con una mención del Taller a cargo de Gabriel Borunda. Ahí nomás, sin mayores ceremonias, le envié un inbox solicitando información: “Hola. ¿Cómo le hago para entrar al taller?”; y con la sencillez y bonhomía que le caracterizan, el Maestro me respondió: “Sólo te esperamos a las siete los martes en el Museo Casa Redonda”. Así empezó esta aventura.

Porque ha sido toda una aventura. Por tal, el Diccionario de la Real Academia entiende: “Acaecimiento, suceso o lance extraño”; “casualidad, contingencia”; “empresa de resultado incierto o que presenta riesgos”; y “relación amorosa ocasional”; y todo eso ha resultado ser. Me explico: Arribar al Taller de Creación Literaria resultó un suceso extraño porque en ningún momento previo a la súbita decisión de incursionar en él, me había planteado dicha posibilidad. Fue producto, pues, de un arrebato; de una auténtica contingencia. Y con ello, colmo por lo menos dos de las definiciones transcritas.

La tercera se satisface si tomamos en consideración que -producto del Taller, de esa azarosa determinación, de la cautelosa aceptación de Adolfo, de esa “empresa de resultado incierto” que decidimos acometer juntos- el pasado miércoles 24 de junio nos congregamos en las instalaciones del Museo Casa Redonda para presentar una obra colectiva, “Relatos para Andy Warhol. Resultado del Taller de Creación Literaria ‘La Letra Redonda’”, que reúne 10 cuentos breves a cargo de los integrantes del mismo y en el que, obviamente, figuran nuestros nombres con sendos cuentos: “Los colores de su alma”, autoría de Adolfo; y “Andi Guarjol, chico, o ‘una cola es una cola’”, de quien esto escribe.

Aquí es donde empieza la larga fila de agradecimientos y esa que podemos llamar, sin sonrojos ni aspavientos, una relación amorosa ocasional (entendido “ocasional” como fortuito). En primer lugar, gracias a la Providencia, por brindarme esta oportunidad de compartir las páginas de un libro con mi hijo el más pequeño. Mi amor por los libros data de antaño; pero compartir ese amor con un pedacito de uno, ver nuestros nombres juntos en letra impresa, constituye una experiencia inenarrable. En segundo lugar, gracias a mis compañeros talleristas; gracias a todas y a todos por compartir su parecer, sus comentarios, su inteligencia, su pasión por las letras; pero sobre todo, gracias por la cálida acogida que le han dado a mi retoño, quien no ha resentido en lo absoluto la diferencia de edades merced a su disposición espléndida. Gracias al maestro Gabriel Borunda por su gentileza desbordante, su sabiduría honda, su generosa entrega; como ya dije, él es el artífice de nuestro ingreso, pero también, el guía y el maestro en esta enriquecedora experiencia compartida. Gracias también a todos aquellos que hicieron posible ese primoroso esfuerzo editorial y cuyos nombres no menciono, a fin de no incurrir en un olvido lamentable; como luego se dice: Ellos saben quiénes son y con eso basta. Durante la presentación del libro, el maestro Borunda destacó la manufactura de la obra e hizo una comparación que en un principio me pareció insólita y ahora, al paso de los días, me parece cada vez más cierta: Frente a la industria editorial, que atenta a los volúmenes de venta masifica y no pocas veces tritura y sacrifica al autor o autora, un libro artesanal constituye un hito; para los talleristas, al menos para mí, esa es una verdad de a kilo. Sin el esfuerzo de todos y cada uno de ellos, no habría sido posible esta ocasión de reunirnos a nosotros, aprendices de escritor; y a los niños, a cargo de las ilustraciones de la obra, quienes dan testimonio fiel del maravilloso descubrimiento que es el arte, en todas sus manifestaciones. Por último, gracias a todas y a todos, quienes nos acompañaron esa extraordinaria Noche de San Juan que para siempre, despojada ya de sus misterios, llevaré en mi corazón como una de las más luminosas, memorables y jubilosas de mi existencia.

Los dejo con este párrafo del cuento de Adolfo:

“Cuando entré y vi la impresión de una mujer sobre el muro, me hipnotizó. La observé durante tanto tiempo que, temí, mi mirada le pesara al lienzo. Ahí estaba ella, la mujer de mi sueño, posando solo para mí, con expresión fría, oculta tras una máscara sardónica, una sonrisa ambigua, indecisa -como sus colores-; con sus ojos tristes, envueltos en un brillo desolado, ojos siempre vírgenes. ¿Acaso esa era la mujer de mi sueño?”.

Contácteme a través de mi correo electrónico o síganme en los medios que gentilmente me publican cada semana, en mi blog: https://unareflexionpersonal.wordpress.com/ o también en Facebook (Luis Villegas Montes).

 Luis Villegas Montes.

luvimo6608@gmail.com, luvimo6614@hotmail.com

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