¿SEXO O GÉNERO? 3ª DE 3 PARTES.

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Ése y no otro es el sentido de las disposiciones que establecen estas cuotas y en general, que propician la equidad -o, más recientemente, la paridad- en la ocupación de los cargos públicos, particularmente en los órganos colectivos de representación popular; por lo que aludir al género con ese trasfondo equívoco de por medio que asimila -o puede asimilar- la causa de las y los feministas a la del movimiento LGTB (y lo que falte por añadir tan luego se le ocurra a alguien una nueva “posición”) en la Carta constitucional de cualquier país constituye un yerro de fondo generador de confusiones lamentables por innecesarias. Por cierto, si le vamos a seguir, a la estupidez de “miembra” o “jóvena” habría que añadir la de “estudianta” o, ya en el colmo del absurdo y la jarana: “Profesionisto” (digo, para empezar a ser parejos); “integranto” e “integranta” (para los LGTB podemos dejar aquello de “integrante”, por lo indeterminado); o, ya encarrerados: “Jurada”, “participanta” o “concursanta”; y así hasta el infinito de la idiotez. Constate Usted, lo bonito que se leería u oiría:

  • Un artículo 36, fracción V, de la Constitución federal, que estableciera, como obligaciones de las ciudadanas y ciudadanos de la República, la de desempeñar las cargas y los cargos concejilas y concejiles del Municipio donde residan, las funciones electorales y las de jurada o jurado;
  • O piense Usted en una presentación cualquiera: “Buenas noches señoras y señores, integrantes (como quiera se “coló” alguno), integrantas e integrantos, del honorable presídium”;
  • O esta otra, en alguna justa deportiva: “Sean bien recibidas y recibidos, las jóvenas y los jóvenes, atletas y atletos, participantas y participantes (¿o participantos? -por aquello del género-), en estos bonitos juegos” (¿o bonitas juegas?);
  • O qué decir, pensando en un concurso de oratoria, por poner otro caso, en donde se dé la bienvenida a las estudiantas y estudiantes, concursantas y concursantes, de tan lucido evento;
  • O un diálogo del siguiente tipo: “¿En qué trabaja tu papá, Jorgita?”; “es chofer, maestra”; “¿Y tu mamá?”; “chofera… es taaaan romántico cómo se conocieron en la CROC”. “¿Y tu mamá, Jasmincín”; “albañila, maestra; y si viera asté, qué rechulas las quedan las paderes” (este último ejemplo es para que no se me acuse de sexista).

Porque en algún punto habrá que ponernos creativas y creativos, supongo; y pensar en artistas y artistos; en futbolistas y futbolistos; en astronautas y astronautos; en psiquiatras y psiquiatros; en comunistas y comunistos; en programadoras analistas y en programadores analistos; en tratantes de blancas y en tratantas de negros; en soldadas y soldados (o militaras y militares ¿o militaros? Esto del género es taaan difícil). Concluyo con dos reflexiones:

La primera, que en el largo, largo, laaaargo plazo, la idea de género debe desaparecer. Si como hemos sostenido hasta aquí, el del género es un asunto de roles -y no de canela por cierto-, si trapear, cuidar a los niños, quitarse los pelos del bigote (hay bigotonas, dijo Tiziano Ferro de las mexicanas -y el señor sabe de esas cosas, no por nada le gustan bigotones-), pintarse las uñas, cambiar una llanta o echarse una cerveza al coleto -o coleta- con las amigas y amigos en la cantina, no es propio de mujeres u hombres, es evidente que a la larga (y a lo largo) sería estúpido hablar de tales distinciones. En ese Edén, donde todos somos iguales y las diferencias -o los diferendos- biológic@s son pecata minuta (por más pequeñ@s que no sean), solo habrá hombres y mujeres sin rol social alguno pues no será posible distinguirles a partir del papel que jueguen en el seno de la sociedad. Eso, o le hacemos caso a los imbéciles (e imbécilas) que pugnan por concebir al sexo como algo voluntario -como si dijéramos, dejarse crecer los pelos de la barba o no-. Por eso, la noción de “género”, en ese contexto, debe emplearse con cuidadito y hablar más bien de “sexo”, que es lo que es y seguirá siendo por los siglos de los siglos, con independencia de quién -o cómo- decida cada cual “echar su canita al aire” o reproducirse… si puede.

La segunda, se trata de una licencia que quiero pedir a mis queridos 49 lectores (sí, han aumentado su número). Como hasta aquí he escrito con absoluta seriedad, permítanme concluir este artículo -que salió más largo de lo originalmente previsto- con una anécdota que corresponde al Presidente Luis Echeverría. Se dice que, en relación con los homosexuales, solía afirmar: “En un principio, eran muertos; luego, reprimidos; más tarde, consentidos… ya nomás falta que nos digan que es obligatorio”. Por eso yo digo que corrijamos el enfoque y cuando hablemos de equidad, de paridad, de acciones afirmativas, etc., aludamos al sexo y no al género. ¿Estamos?

Contácteme a través de mi correo electrónico o síganme en los medios que gentilmente me publican cada semana, en mi blog: https://unareflexionpersonal.wordpress.com/ o también en Facebook (Luis Villegas Montes).

 Luis Villegas Montes.

luvimo6608@gmail.com, luvimo6614@hotmail.com

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