Respuesta a “El Coco” Reyes.

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Don “Coco”:

         Permítame Usted, con la licencia que podrían darnos estos trances, responder a su misiva de días pasados sin atender al orden de su exposición. En primer lugar, me dirijo a Usted con su festivo apelativo en atención a que ignoro, de veras ignoro, su verdadero nombre. Tenía entendido que es “Leonel”, empero, visto que Usted públicamente se ostenta como “León” (y ahí está su Facebook que no me dejará mentir); en “Coco” lo dejamos, porque leoneles y leones hay muchos, pero “cocos”, pocos.

          En segundo lugar, mi reflexión, como la suya (e igual de respetable), es una opinión personalísima; puedo -o no- estar equivocado, pero me parecía de importancia capital dejar sentado ese punto de vista relativo a la pertinencia (urgente) de una reforma político-electoral de fondo, necesaria para eliminar (o por lo menos atemperar) los estragos de lo que yo llamo un “sistema poroso” que permite el fraude electoral aun en nuestros días.

           No obstante, ése no es el punto. Como escribe Usted, ahora sí al tema: Si Usted lee bien su opinión -y luego lee bien la mía-, se podrá dar cuenta de que Usted, me imagino que a partir de esa “vieja afección cerebro vascular” (que al parecer le afecta no sólo a su ortografía y lenguaje deplorables), no se refirió “exclusivamente a la posibilidad de un fraude electoral en la casilla”; no señor; con todas sus letras, Usted escribió en esa colaboración: “Les guste o no México tiene uno de los mejores modelos en cuanto a se seguridad electoral”.Ésa es una afirmación genérica y tajante que no admite otras interpretaciones más que la literal; ahí dice lo que ahí se afirma. Miente pues Usted, o se equivoca, o se engaña, cuando afirma, ahora, que su opinión solamente estaba dirigida “a desestimar la impugnación presentada por el PRI, partido en el que milito, porque me parece que es una fantasía pensar y una tontería argumentar que en las casillas se ejecutó un fraude”; pues insisto, afirmaciones genéricas, hizo varias, empezando por esa joya de prestidigitación retórica que pretende deslindar al PRI del Salinismo, como si en su época no hubieran sido una y la misma cosa.

           En cambio, yo sí asumo que hice una afirmación genérica, a partir de la respetabilísima opinión particular suya, cuando señalo: “Lo que más daño le hace a este País es no decir las cosas como son; y emplear eufemismos tarados que sólo sirven para engañar incautos y aplazar lo que debería constituir un auténtico comienzo”; pues me parece preocupante, por decir lo menos, que un “especialista” -un “experto”, una leyenda en la materia electoral, como es Usted, muy alejado de ser un simple “gato asesor” (como humilde e inmerecidamente se autodefine)-, haga ese tipo de afirmaciones que hacen suponer que en este País solo faltan los demócratas “que honren el modelo” (Usted lo escribió) porque por lo demás “se terminó el sistema fraudulento electoral, pero eso no cambió a los actores, ni los hizo demócratas, se instauró un nuevo modelo pero también se heredaron, ahora como mitos y superchería, los términos del pasado(esto también Usted lo escribió).Lo que le recuerdo, no se vaya Usted a ofender, vista su vieja afección cerebro vascular.

           Ahora bien, no se trata de “animadversión” alguna; no se confunda ni se autoflagele, ni me llame a hurtadillas “fanático” o me compare con López Obrador (que tampoco tendría nada de malo si su fraseo pretendiera ser bienintencionado); ni piense que me provoca Usted algún sentimiento, entre ellos el de la repugnancia, no se “adorne”, no es para tanto; no señor, don “Coco”, su ortografía no me ofende; como no me ofende Usted en lo absoluto, es sólo que me parece muy, muy preocupante la opinión de un conocedor de la materia electoral que hace ese tipo de afirmaciones equívocas (que ahora pretenda desdecirse es otra cosa). Y no me vaya a salir, ahora, con ese tono de falsa modestia que campea en el escrito que por este medio le respondo: Es sólo que su fama le precede estrepitosa, clamorosamente casi, mire Usted: No hace tanto (2013), en algún medio local, pudo leerse: “Ahí está el nombre de Leonel ‘El Coco’ Reyes Castro, de la dinastía que se hizo famosa desde los ochentas en la entonces llamada alquimia electoral”;3 empero no se trata sólo de notas recientes, en la revista Proceso, en alguno de sus artículos con una antigüedad de más de 20 años, puede leerse también: “El operativo fraudulento, según la oposición, funcionó especialmente en esta capital y en Ciudad Juárez. […] Un examen de los resultados, casilla por casilla, permite a Proceso comprobar la eficacia del operativo priísta diseñado en el I distrito por Leonel Reyes Castro, ‘el coco’. Tal como lo anunció al reportero antes de las votaciones, sus cálculos aritméticos fueron exactos: la votación a favor del PRI se decidió en sólo ocho de las 109 casillas instaladas en el distrito;4 y el mismo medio informativo señalaría, tiempo después: “Las impugnaciones panistas carecieron de pruebas contundentes: había sido un “trabajo limpio” el que dio el triunfo al PRI. El autor de esta proeza fue Leonel Reyes Castro, El Coco, […] La clave, lo explicó él mismo, estuvo en ubicar a los simpatizantes del PRI, empadronarlos y llevarlos a votar el día de los comicios. ‘Hasta en el lomo los llevaría a votar’ confesó en aquella ocasión. […] Una vez impactado el padrón electoral con los nuevos votantes del PRI, consigue que se les entreguen oportunamente las credenciales de elector y programa la movilización de esos electores a las casillas el día de los comicios”;5tres años después de esta nota, se daría cuenta puntual de su “trayectoria”: “Listo está el aparato de movilización electoral que permitirá al PRI, según sus dirigentes, ‘asegurar’ más de 430,000 votos en el estado. La maquinaria, que coordina Leonel Reyes Castro, El Coco, está basada en lo que él mismo ha definido como ‘ingeniería electoral’ […] Esta vez, dice El Coco Reyes, no habrá desayunos ni tamales Tampoco transporte. Cada promotor tendrá que visitar a sus ‘promovidos’ y llevarlos a votar a la casilla correspondiente”;6 en otra nota, ¡más de quince años después (2009)!, se lee: “El Coco es el hilo conductor de la familia de los Reyes Castro, donde también han cobrado fama y parte de la fama, sus hermanos David y, la también ex diputada federal, Gloria Xóchitl Reyes Castro, que se consolidaron como una especie de mito de la política, y a la que sumaría poco más tarde el agrónomo y más conocido como alquimista de la política: Cuauhtémoc Reyes Castro”;y apenas la semana pasada, otro informativo local apuntaba: “Es decir, detrás del recurso se presume tremendo maquiavelismo que ni siquiera alquimistas como El Coco Reyes, en la década de los ochentas, hubiera podido imaginar”;sólo por mencionar algunos medios que dan cuenta de sus “méritos” y destacada “trayectoria” de más de 30 años en el medio electoral.

            Aprovecho la ocasión para agradecerle sus palabras de encomio; aclarándole que mi escrito de ningún modo pretendió aludirlo a Usted como individuo; es, lo reitero, la  legítima preocupación surgida a raíz de que alguien informado emita una opinión tan peligrosa, como es ésa de que sólo faltan los demócratas porque nuestro modelo electoral es ejemplar. En lo personal, coincido con la opinión de sus amigos con obra premiada que le han dicho, “olvídate de la política y dedícate a escribir”; mucho bien le haría a la Patria. Si así lo decide, le sugiero la lectura de José Rubén Romero, autor prolífico de obras entrañables como “La Vida Inútil de Pito Pérez”, “Rosenda”, “Desbandada”, etc., quien escribía también de manera muy ágil y amena, a partir de vivencias, sin recurrir a la vulgaridad excesiva (que fue, si no me equivoco, la crítica más personal a su escrito).

             Le comento también que soy un lector, si no perspicaz sí escéptico, por lo que debo confesarle que no entendí su alusión a Dinorah y a su mamá; como sea, en lo poco que llegué a frecuentarla, Dinorah me causó una cálida y muy favorable impresión; por favor, salúdemela mucho y a su mamá también.

           Le anticipo que en atención a su vieja afección cerebro vascular (mera precaución) no pienso volverme a ocupar de sus escritos, inmerso en mi universo de intereses, por lo que me reitero puntualmente a sus órdenes,

Luis Villegas Montes.

Énfasis añadido.

Énfasis añadido.

3 Editorial La Columna, publicado el Sábado 07 Diciembre 2013 por el periódico El Diario. Énfasis añadido.

Nota de Francisco Ortiz Pinchetti, con el título “Excluyeron del padrón a 80,000 votantes de chihuahua, donde el pri gano por 80,000 votos”; publicada el 16 de junio de 1988, por la revista Proceso. Énfasis añadido.

Nota de la redacción, con el título “El secreto: el arreglo del padrón”; publicada el 24 de junio de 1989, por la revista Proceso. Énfasis añadido.

Nota de Francisco Ortiz Pinchetti, con el título “El ejército azul, del PAN, frente a la ingeniería electoral del coco reyes”; publicada el 4 de julio de 1992, por la revista Proceso. Énfasis añadido.

Editorial de Mario Héctor Silva, con el título “’Gurus' y magos, estafadores de la política”; publicada el 29 de enero de 2009, por el periódico El Mexicano. Énfasis añadido.

Nota de la redacción, con el título: “Avientan la pelota electoral a Lorenzo Córdova *Fue la Operación Taco, dice el PRI *Riggs al récord Guinness con más de 200 mil votos *Otra queja de la Policía Única”; publicada el16 de junio de 2016, por el medio electrónico LaOpción. Énfasis añadido.
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“EL COCO” 1ª DE DOS PARTES.

 

         Leí con atención, aunque con cierta repugnancia, una colaboración editorial titulada “Impugnación”, suscrita por León Reyes Castro; el famoso “Coco”. De entrada, con la única afirmación que coincido es con la relativa a que las reformas electorales no han servido para cambiar a los actores y hacerlos demócratas que “honren el modelo”: “Se instauró un nuevo modelo pero también se heredaron, ahora como mitos y superchería, los términos del pasado”.

         Fuera de esa afirmación lo demás, todo, es lamentable y falaz. En primer lugar, el uso del lenguaje; yo, que poseo un lenguaje “florido”, por decir lo menos, no me atrevería a hacer uso de esa serie de expresiones en letra de imprenta. Es una falta de respeto para el lector. Empero, si esos fallos de forma constituyeran el único motivo de repulsa, no habría escrito estos párrafos.

        Lo que me obliga a hacerlo, es la serie de afirmaciones categóricas del tipo: “Les guste o no México tiene uno de los mejores modelos en cuanto a se seguridad electoral”; “los dos cambios fundamentales que impiden y hacen imposible en las casillas cualquier intento de fraude, son el listado nominal con fotografía, las urnas transparentes y la cubanización de los funcionarios de casilla”; entre otras barbaridades. El punto de partida para esta réplica lo constituye la expresión (que pretende ser lapidaria): “Todos los militantes de cualquier partido político que se dediquen a temas electorales, saben que es imposible manipular en una casilla una elección”.

         Falso, falso, falsísimo.

        En primer lugar, lo cierto es que, precisamente ante la falta de demócratas, es imposible que ningún sistema electoral funcione como se debe. Es tan absurdo como pretender que “tenemos leyes buenas” per se  al margen de los personajes (o personajas) encargados de aplicarlas.

          Y si alguien lo sabe es él; el autor del infundio. Existen multitud de métodos que, con todo y el “moderno sistema”, sirven para defraudar la voluntad popular. ¿O ya no se acuerda del caso MONEX? Fue precisamente en esa elección, la de 2012, donde se puso a prueba la eficiencia de un sistema que hizo aguas por todos lados, empezando por las violaciones materiales a la Ley (no formales) que llevó al Presidente Peña Nieto a su actual cargo a lomos de Televisa, con el beneplácito de la mayoría de consejeros del bienvenidamente extinto Instituto Federal Electoral.

         Lo que más daño le hace a este País es no decir las cosas como son; y emplear eufemismos tarados que sólo sirven para engañar incautos y aplazar lo que debería constituir un auténtico comienzo (Eufemismos como el atrevimiento de afirmar que los acuerdos los impulsó Salinas y no el PRI. ¿Qué era Salinas sino el líder del PRI? ¿Qué era Salinas sino la encarnación del PRI? ¿Su quintaesencia? ¿Su fruto, su producto, su legado? ¿Quién más priísta podía haber que no fuera Salinas?). Un auténtico comienzo, decía, un comienzo en todo, en toda la extensión de la palabra. Porque todo está del carajo: El sector energético, el de salud, la educación y un etcétera tan largo (o más) que la Cuaresma.

         No hay otro modo de resolver un problema más que reconociéndolo. Ése es el primer paso; una obligación casi metodológica, si se quiere.

          Y por si el autor no lo sabe o no lo recueda (¡pero claro que lo sabe!) de eso está llena la historia de los fraudes electorales en este País: De  “valientes”, de cínicos, de temerarios y pentontos que iban a decirle a los demás: “Oiga vecino, ¿qué le parece si por una lanita le echamos una ayudadita al PRI?”. E incluso, esa pregunta retórica de “quién es el fregón que convence a todos o los corrompe para participar en la población del fraude” resulta ingenua por no decir insultante; porque él lo sabe (¡y claro que lo sabe! -es más, le consta-), que no es necesario convencer ni corromper a todos para trastornar un resultado electoral. Puede hacerse a través de acciones quirúrgicas casi, casilla por casilla, voto por voto, como lo han hecho desde el inicio de su historia (-y él lo sabe, ¡claro que lo sabe!-).

          Respecto de lo que llama “caso concreto” (la impugnación del PRI), es evidente que no existió ningún fraude electoral y que el pueblo de Chihuahua se volcó en las urnas como hace años no lo hacía; pero esa realidad incuestionable, no puede servir como tapadera para negar la pertinencia y la inaplazable necesidad de una reforma político-electoral de fondo que de una vez por todas ponga fin a un sistema “poroso” que permite el fraude aun en nuestros días; empezando por la intromisión en los comicios de los distintos órdenes de autoridad en todas sus modalidades o la conformación “a modo” de los órganos electorales, por citar dos ejemplos. Ésa podría ser la ocasión para que Chihuahua se sitúe, de nuevo, a la vanguardia política nacional.

        Miente y se engaña (en el mejor de los casos) el que afirme que se han superado las prácticas cotidianas que dieron origen a toda una picaresca electoral y a “prácticas atrabiliarias propias de un modelo político autoritario y de partido hegemónico”. Pero eso no es lo peor, lo peor es que partir de ese supuesto imbécil se empaña y compromete cualquier esfuerzo auténtico por impulsar un modelo que destierre en definitiva el desaseo electoral. Pero a eso, los que han hecho de la mapachería su modis vivendi, le tienen miedo; y por ello hablan de regularidad jurídica y sistemas electorales de ensueño.

         … Aunque, en realidad, no es a ese “Coco” al que quería referirme en estas líneas.

Continuará…

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PAN DE FIESTA.

          Hace poco menos de 10 años, 9 para ser exactos, escribí un libro chiquitito, un folleto casi, contenedor de un ensayo que titulé: “La Alternativa Azul”.1 En él, puntualizo una serie de reflexiones que guardan relación con tópicos diversos en tono a una idea central: La unidad de Acción Nacional como factor de triunfo. Destaco algunas ideas textuales de ese escrito:

  1. Menciono en primer lugar que los llamados “candidatos de unidad”, por lo general son aquéllos que surgen de convenciones sin que hayan contendido contra otros adversarios; empero que, en realidad, debe entenderse por tales a aquellos líderes “que han logrado apiñar en torno suyo o del proyecto que encarnan, a la mayoría de los militantes o simpatizantes en sus localidades; o mejor aún, sumar o contrarrestar con eficacia los nocivos efectos de la división interna”;2
  1. En un apartado posterior agrego que la unidad del partido no es sólo una exigencia para los panistas; sino también “un elemento digno de tenerse en cuenta para ganar, o perder, una lucha electoral”;3
  1. Curándome en salud, agrego después que me anticipo; que suena sencillo, demasiado simple, pero que los datos están ahí (me refiero a los triunfos electorales de 2004); empero que, en todo eso, “¿qué hay pues en común? ¿Qué sirve para explicar ese fenómeno? A mi modo de ver una sola cosa: La unidad del Partido. En todos los casos que el PAN perdió o ganó, como una explicación de fondo, marginal o no, interactuando con otros factores o no, hallamos la cohesión o la desunión de los panistas”;4
  1. E incluso agrego que “en el caso de los municipios donde sorpresivamente resultó vencido, las pugnas internas que debilitaron al PAN y dificultaron incluso los actos más sencillos, explican convincentemente ese acontecimiento. De igual modo, en aquellos casos en que contra todos los pronósticos el PAN gana, frecuentemente y en la gran mayoría de los casos, encontramos que había candidatos de unidad; ya porque no participó nadie más en la contienda, ya porque el panismo regional se aglutinó en torno a la figura de un ex-Alcalde que en su oportunidad ejerció un reconocido liderazgo”,5 y
  1. En el centro del análisis, Capítulo Cuarto, destaco situaciones concretas en torno a la tesis postulada, la “unidad” como referente indispensable de una victoria; y menciono tres casos concretos que la confirman: Las elecciones locales de 1992, las federales de 2000 y las extraordinarias municipales de 2002 en Juárez. Para concluir ese apartado, en resumen, destaco dos cosas: “En el escenario estatal, antes de estos años de 2003 y 2004, el PAN ha logrado logros significativos sólo en aquellos casos en que ha habido unidad en torno a sus líderes (entiéndase candidatos)” y “Ese esquema, de manera parcial se repite en las elecciones de Ayuntamiento, como se ha demostrado en líneas de antelación”.6

          El triunfo del PAN ocurrido el pasado domingo, y merecido del todo, puede explicarse desde muchas perspectivas. Como escribí en otro libro de mi autoría: “La estrategia de campaña no corresponde sólo al candidato y su equipo, como no corresponde en exclusiva al partido político que lo postula; una campaña electoral es sobre todas las cosas un ejercicio compartido de responsabilidades y tareas en donde se espera que cada cual cumpla con su misión”.7 En el caso concreto no puede obviarse esa labor de semanas, de meses, en la que las dirigencias partidistas, estatal, municipales, regionales, se empeñaron en sacar adelante un proyecto de unidad. Pero no un proyecto de unidad de nombre, sino uno real, de facto, donde cada actor, cada liderazgo, cada protagonista, cada orden o nivel de autoridad, se integró al proceso de selección de candidatos y trabajó en las campañas ulteriores. Eso explica un éxito arrasador. Un esfuerzo por partida doble, primero, para no friccionar los procesos electivos internos; y segundo, para garantizar que el Día “D” la estrategia estuviera a punto: Representantes de generales, de casilla, abogados, observadores electorales, etc. Un ejército enorme, coordinado, capacitado, listo y en marcha para sacar adelante al Partido y a sus abanderados.

          Ése y no otro es el mayor éxito del PAN: Trascender las diferencias naturales de grupo para integrarse en un proceso como equipo en donde cada quien jugó dónde y cómo debía jugar para que ganaran todos. El resultado está a la vista; si pretende ignorarse esa cuestión, si se soslaya el trabajo partidista, el trabajo político que llevó a multitud de acuerdos -cuando no a la reconciliación de largas enemistades- regionales, si de manera simplista todo el mérito se centra en un solo factor, como puede ser el desgaste del PRI, por ejemplo, se pondrá en riesgo la elección del 2018 que, no se nos olvide, está prácticamente en puerta.

         Ésta está muy lejos de ser una victoria definitiva, concluida; es apenas un respiro para la sociedad chihuahuense; un breve compás de espera para los gobiernos del PAN; y una prueba de resistencia de cara a los dos retos inminentes: Construir un buen gobierno en un plazo excesivamente breve y sortear con éxito los comicios de ese año.

          Como sea, bien por el PAN, bien por los panistas, bien por Chihuahua y bien por México.

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[1] VILLEGAS MONTES, Luis. Alternativa Azul. Edición del autor. México. 2007.

2 Ibídem. Pág. 7.

3 Ibídem. Pág. 35.

4 Ibídem. Pág. 36.

5 Ídem.

6 Ibídem. Pág. 48.

7 VILLEGAS MONTES, Luis. Manual de Campañas Políticas. Partido Acción Nacional, Comité Directivo Estatal de Chihuahua. México. 2008.

SESOS Y CRIADILLAS: OFICIO DE LUZ Y DE TINIEBLAS EL DE LA TERCERA EDAD.

        Vayamos primero al asunto de la luz. Al inicio y a mitad de la semana asistí a sendos espectáculos; el domingo, a ver a Juan Gabriel; el miércoles, a Raphael. ¿Qué le puedo decir? Sobran las palabras. Espléndidos los dos. A su edad, no falta quien les cuestione la calidad de su voz y les reclame que tal vez no sea la de hace 30 o 35 años; pero, ¿a quién le importa? Pocas veces tiene uno la oportunidad de gozar del talento y de la magia que despliega un verdadero artista. Yo no sé qué voy a estar haciendo dentro de 20 o 25 años y ni siquiera tengo una certeza meridiana de continuar vivo; pero sí sé que, de llegar, me gustaría tener la mitad de su brillo, de su enjundia, de su entusiasmo, de su lucidez, de su pleno dominio de la actividad a la que decidieron entregar sus vidas. No voy a describir el desarrollo de la presentación, baste decir que cantaron, cantaron, cantaron; y en el ínter, actuaron y entregaron lo mejor de sí mismos: Con un donaire, una bonhomía, un talento, una generosidad y una capacidad sin límites. Si Usted me constriñe a emplear una sola palabra para describirlos ésta salta a mis labios sin pensarlo: “¡Grandes!”. Eso es lo que son ambos; artistas magníficos que no saben de sus límites y son pura pasión, puro ánimo, toda voluntad y toda entrega.

          Ahora vayamos al asunto de las elecciones. Si no fuera algo tan serio, este proceso electoral movería a risa; tantas las estupideces que se han dicho, tantas las idioteces que se leen; tantas las mentiras. De no ser por ese batidero (que lo contamina), el proceso en curso parecería una antigua comedia “blanca”; una de ésas en la cual, el guionista, a falta de otro recurso más eficaz, colma las deficiencias de la historia con pastelazos entre los protagonistas. ¡Zas! ¡Zas! ¡Zas! Vuelan los pasteles y en algún momento, a tanto dale y dale, el público estalla en risas cuando no en aplausos.

          Mire Usted: Tres partidos de “oposición”, ¡Tres de ocho! (casi el 50 por ciento), se hallan postrados de hinojos -y con las posaderas al aire-; y la izquierda, esperanza frustrada de este País, no solamente se encuentra dividida y fragmentada hasta el hartazgo, sino que en Chihuahua -hágame Usted el refavrón cabor (diría mi papá)-, una de sus corriente está postulando a un personaje cuya candidatura, tal pareciera, se explica a raíz de un solo propósito: Restarle votos a la única oposición plausible de este País. Si Usted duda de lo acertado del señalamiento anterior piense en la candidatura de un personaje tan oscuro, siniestro y vil como Cruz Pérez Cuéllar, cuya aspiración no puede tener otra pretensión que escupir en la cara de su compadre, cansado de las patadas bajo la mesa que le propinó en un pasado no tan lejano cuando, como líder con licencia de su Partido y abanderado del mismo en Juárez, fue capaz de bajezas inauditas, entre ellas, hundir la candidatura de su amigo y alter ego de muchos años (que se cuiden sus aliados de hogaño, que se cuide “Fer” Reyes, porque en una de esas hasta sin calzones los deja y sin quitarles los pantalones siquiera).

          Pero el colmo, la verdadera náusea, es el asunto de los “independientes”. Bueno, hasta el mote de “independientes” es preciso ponerlo en duda. ¿Independencia de qué? Si pertenecen a la oligarquía más rancia del Estado y aunque el dinero ciertamente no tenga color, los negocios sí, pues buena parte de éstos se siguen haciendo con el Gobierno. Lo triste del caso no es que su independencia les alcance hasta donde la correa de sus intereses económicos se los permita; lo verdaderamente lamentable es el paupérrimo espectáculo que han protagonizado sus más conspicuos liderazgos desde hace semanas. Ciertamente una posición económica acaudalada no constituye, per se, garantía de nada; pero es un hecho que brinda mejores oportunidades en la vida y, no por nada, la élite continúa siéndolo a partir de explotar en su beneficio las ventajas que el dinero, ése sí por sí mismo, otorga. Pues bien, ésa que debía ser una clase “ilustrada”, la “aristocracia intelectual” necesaria por la que clamaba Ortega y Gasset como faro del resto de la sociedad,1 es inculta, estúpida y ramplona como los hechos recientes lo demuestran; a tal grado de poner en duda la pertinencia de sus aspiraciones. Tristemente es posible, de ahí para abajo, calibrar las dimensiones intelectuales -y morales- de nuestros ciudadanos metidos a políticos; incluso de aquellos que, por su solo origen, podrían hacer que titilara un rayito de esperanza (¡en la madre, esa metáfora me salió muy lopezobradoriana!).

            Como sea, el resultado del próximo domingo dependerá en buena medida de estos señores, particularmente del “Chacho” Barraza (que de “chacho” me imagino que sólo le queda la incontinencia); y quien tiene una oportunidad histórica de reivindicar -no ya la posibilidad de que los ciudadanos hagan política, no señor-; sino otra más importante, más necesaria, más útil: Demostrar que la verdadera política es un platillo de sesos y criadillas y que él los tiene.

           Empero, vistas las vísperas, me imagino que, como el conejito de Duracell, no va a parar hasta mandar al traste la construcción de una oposición auténtica, cabal, inteligente y comprometida, tan necesaria para este País. Qué lejos está el Chacho de ese par de divos magníficos a los que aludí en un principio. ¡Qué lejos de su lucidez, de su disposición y de su entrega! ¡Qué viejito, qué desahuciado, qué imbécil, qué egoísta, qué miserable!

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Luis Villegas Montes.

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[1] “Inglaterra ha crecido como país impulsado por clubs, agrupaciones, asociaciones, grupos de interés o ligas que han nutrido de sentido y orientación a las élites encargadas de fabricar el futuro” y “Ni es el dinero el que hace ricas a las naciones, sino la cultura y el saber”. GRACIA, Jordi. José Ortega y Gasset. Serie: Españoles eminentes. 1ª. edición (en México). Taurus y Fundación Juan March. México. 2015. Págs. 90 y 176.