UNA DE CAL…

 

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           Los acontecimientos recientes, vertiginosos, me dejan, a querer y no, rezagado con estos párrafos. Resulta que había pensado escribir sobre el colorido logotipo del Gobierno estatal pero, ¡qué va! Ése ya es un tema viejo; viejísimo. Igual ocurre con el desalojo de transportistas y otros más que, inclementes, se acumulan uno tras otro.

           En un afán de poner orden en mis reflexiones, agrego a esta, la que ya escribí y titulé: “¿Chihuahua salió del o closet o sólo requiere una logotomía?”; en donde abordo no sin cierto retintín ese afán del gobierno del Estado de intentar “meternos con calzador” una visión que, “por progresista”, peca de exceso. En ella afirmo que, a no dudar, existen muchas formas y muchos modos de que los chihuahuenses, homosexuales o no, se identifiquen con su Gobierno y con las mejores causas que la sociedad reclama; más aún, identificarse con la comunidad gay del Estado no es, por mucho, la única vía -ni la más pertinente, ni la más idónea-, para expresar que todos los chihuahuenses caben en el esfuerzo del Gobierno, que la reconstrucción del Estado pasa por la participación de todos (organizaciones, partidos, etc.) o que una “buena impresión” pase necesariamente por identificar las posturas incluyentes y plurales con los intereses de las organizaciones progay. El respeto hacia estos grupos -muy merecido por cierto-, pasa también por el respeto de todos los demás. En ella, también afirmo categórico que: “De este modo, identificar a Chihuahua, como lo acaba de hacer el Gobierno del Estado –sin ninguna consulta pública de por medio, por cierto, pese a contar con casi 120 días para ello-, con un grupo de la población que se caracteriza por compartir creencias e inclinaciones muy específicos, algunos de los cuales controvierten de manera frontal las creencias y valores del resto de la comunidad, constituye un ataque a la identidad de los habitantes del Estado; un verdadero atentado contra la identidad colectiva de los chihuahuenses que se definen a partir de otras muchas circunstancias”; como sea, ahí la dejo para quien guste reproducirla en sus espacios informativos o, por lo menos, leerla.

          El título de estos párrafos tiene que ver con el desalojo de choferes; entre tanta torpeza, ésta brilla por sí misma como una acción valiente e inteligente a partes iguales. El pasado 19 de octubre, el Ejecutivo estatal cubrió de gloria sus armas. El operativo constituye un enorme acierto del Gobierno entrante para poner orden y acotar ése lugar común que se ha dado en llamar: “El Pulpo Camionero”. Ejecutada con sencillez y maestría, mediante esta maniobra, los choferes fueron desalojados a las tres de la mañana por elementos antimotines de la Policía Estatal Única. El operativo se realizó en presencia de personal de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, durante el desalojo no hubo altercados ni fricciones y el Notario Público número 24, Eugenio García, dejó constancia de que la operación se llevó a cabo en 20 minutos, sin violencia y sin lesionados.1

           ¿Por qué esta acción constituye un auténtico hito? Porque la connivencia entre la CTM y los concesionarios del servicio público de transporte ha mantenido en deplorables condiciones dicho servicio, por décadas, en perjuicio de los chihuahuenses. Hace quince días me subí a un camión urbano de pasajeros y fue inevitable pensar que, en 37 años (más o menos por esas fechas empecé a viajar yo solo en camión), el servicio continúa idéntico: Camiones viejos, destartalados, sucios, ruidosos, malolientes, de sillones rotos y vidrios quebrados, a cargo de brutos que manejan como salvajes.

            Aquí podría acabar estas líneas, aplaudiendo la decisión de la autoridad estatal pero lamentablemente no. En franco contraste con ese actuar que puede resumirse en la premisa básica de “cumplir con la ley a rajatabla”, está la omisión descarada y brutal de observar y acatar esa misma ley que se protestó cumplir.

            El artículo tercero del Decreto de la reforma constitucional por el que se crea el Consejo de la Judicatura local es claro (y taxativo) al señalar que los integrantes del Consejo deberán ser nombrados dentro de los veinte días naturales siguientes a la entrada en vigor del propio Decreto (1º. de octubre); y dado que su integración es tripartita, la omisión de los dos poderes, Legislativo y Ejecutivo, de llevar a cabo la referida designación se erige como una violación flagrante al mandato constitucional.

          De este modo, el acierto de un firme posicionamiento frente a los abusos y excesos de empresarios voraces y corruptos en el tema del transporte público, se empaña cuando, quienes están obligados, por su propia voluntad y de manera clara y evidente, a cumplir la Ley, la violan bajo el débil argumento de no estar en condiciones.

            En todo caso, lo que más lastima (lo que más lástima da), es el sometimiento manifiesto del Poder Legislativo a los designios del Poder Ejecutivo, ¿a ver, dónde he oído esa historia?

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 1 Nota de Miroslava Breach, con el título: “Chihuahua: policía antimotines desaloja bloqueo de choferes”, publicada el 19 de octubre de 2016, por el periódico La Jornada.

2 Nota de la redacción, con el título: “Rechaza Karina Velázquez aplazamiento de elección de integrantes del Consejo de la Judicatura”, publicada el 21 de octubre de 2016, visible en el sitio: http://www.noticiasaldia.com.mx/notas.pl?n=98906&s=2.

 

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¿Chihuahua salió del o closet o sólo requiere una logotomía?

 

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          Contra todo pronóstico, el Gobierno del Estado decidió sacar del closet al Estado. ¡Felicidades!

         Todo empezó cuando el sacerdote Gustavo Sánchez Prieto hizo algunas declaraciones en el sentido de que sería ingenuo, en el contexto en el que estamos, “no advertir lo que parece mensaje subliminal”.1 Es cierto que después de este señalamiento, preciso y exacto desde todos los puntos de vista, hubo multitud de malos entendidos pues distintos medios lo interpretaron como una “declaración de guerra” de la Iglesia Católica con motivo del famoso logo: “Molesta al pueblo; pide Iglesia a JC quitar signo gay en logo oficial”,2Por ‘gay’, Iglesia pide cambiar logotipo del gobierno de Chihuahua”,3Pide iglesia que quiten logo de gobierno; es emblema gay|VM Noticias”,4Clero de Chihuahua pide quitar arcoíris del logotipo del gobierno estatal; es emblema gay”,5 etc.; el cura no dijo eso, pero así se entendió por muchos.

          Lo gracioso es que, “por salir al quite”, el Subsecretario de Gobierno en Ciudad Juárez, Ramón Galindo Noriega, confirmó las sospechas de todos aquellos que, me incluyo, ven en el logo del Gobierno del Estado, un claro mensaje gay. Dijo el angelito: “El gobernador Javier Corral Jurado, lo único que pretende con el nuevo logotipo, es enviar un mensaje donde todos los chihuahuenses caben en este esfuerzo y que nadie se queda afuera por preferencias de algún tipo”;6 “[…] la reconstrucción del estado y del gobierno pasa por la participación de todas las organizaciones, de todos los partidos y de todos los ciudadanos”;7 “al contrario de causar molestia con los colores, quieren causar una buena impresión porque la postura de Javier Corral es una postura muy incluyente y plural”; entre otras barbaridades.8

          A no dudar, existen muchas formas y muchos modos de que los chihuahuenses, homosexuales o no, se identifiquen con su Gobierno y con las mejores causas que la sociedad reclama; más aún, identificarse con la comunidad gay del Estado no es, por mucho, la única vía -ni la más pertinente, ni la más idónea-, para expresar que todos los chihuahuenses caben en el esfuerzo del Gobierno, que la reconstrucción del Estado pasa por la participación de todos (organizaciones, partidos, etc.) o que una “buena impresión” pase necesariamente por identificar las posturas incluyentes y plurales con los intereses de las organizaciones progay. El respeto hacia estos grupos -muy merecido por cierto-, pasa también por el respeto de todos los demás.

          Ciertamente Chihuahua, junto a Durango y Tamaulipas, destaca con uno de los estados con mayor presencia homosexual por lo menos entre los jóvenes,9 pero su número está muy por debajo del 20% de la población local;10 aunque ligeramente superior a la media nacional, que se sitúa entre el 10% y el 15% de aquélla.11 De hecho, la ciudad más gay del Mundo (por ser la que tiene el índice más elevado de personas que así se autodeclara), Sevilla, alcanza apenas al 17% de su población total.12

           De este modo, identificar a Chihuahua, como lo acaba de hacer el Gobierno del Estado –sin ninguna consulta pública de por medio, por cierto, pese a contar con casi 120 días para ello-, con un grupo de la población que se caracteriza por compartir creencias e inclinaciones muy específicos, algunos de los cuales controvierten de manera frontal las creencias y valores del resto de la comunidad, constituye un ataque a la identidad de los habitantes del Estado; un verdadero atentado contra la identidad colectiva de los chihuahuenses que se definen a partir de otras muchas circunstancias.

           Tengo muchos amigos homosexuales a quienes respeto, aprecio y en algunos casos admiro; pero sería errado definirme a mí a partir de ellos; como igual lo sería definir a los abogados, a los catedráticos, a los editorialistas, a los rotarios, etc., a partir mío.

          Si bien, la diversidad debe reconocerse y, como tal, respetarse; y las minorías no pueden ser objeto de actos de discriminación lesivos a sus derechos a partir de las notas que las caracterizan; también es cierto que no existen razones, ni éticas, ni políticas, ni jurídicas, para imponer a los otros (a los que eventualmente conformamos la humilde mayoría) un modelo de conducta incompatible con nuestros sentimientos, creencias o valores; la exclusión no se justifica de ninguna manera -muchos menos cuando implica oprobio o descalificación de la minoría-; pero la inclusión forzada es igualmente gravosa, máxime cuando se nos define (o identifica) a partir del equívoco o la falacia.

           El Estado debería mantenerse al margen de ciertos “movimientos” sociales que pretenden llevar agua al molino de ciertos grupos o sectores, para no vulnerar los derechos de todos aquellos que no militan en ellos ni comparten sus puntos de vista. Es así, por ejemplo, como se arriba en México al llamado “Estado laico” por definición constitucional, a pesar de que la inmensa mayoría era -y sigue siendo- católica. La razón política de estado que impera tras la laicidad es idéntica a aquella otra que lo constriñe y obliga a no adoptar posturas tendentes a imponer a sus ciudadanos una noción o visión del Mundo que les sea ajena. De hecho, su intromisión se justifica si, y solo si, se actualiza un agravio efectivo al interés de un grupo o persona. Lo demás, constituye promoción y propaganda confusas y ambiguas que deben ser ajenas al Estado (por esa vía, nomás falta que nos digan que es obligatorio).

           Yo soy originario de Chihuahua; de igual modo, soy varón, mexicano, ciudadano, licenciado en derecho, maestro, candidato a doctor, estudiante, catedrático, escribidor, articulista, ensayista, servidor público, padre de familia, abuelo, rotario, panista, católico (pésimo), laico, pertenezco a la clase media (media), mestizo, mitotero y heterosexual; muchas de estas características me sitúan en grupos mayoritarios y minoritarios y me habría gustado que la visión integradora del Gobierno del Estado me invitara a formar parte de la familia chihuahuense a partir de éstas u otras notas comunes al resto de mis conciudadanos y no sólo de una fracción de ellos; misma que, para colmo, aunque no me agravia, tampoco sirve para definirme en lo absoluto.

           Si quiere ser democrático en serio y no sólo de membrete, el Gobierno debería someter a consulta pública el desafortunado logo; o bien, emprender una logotomía frontal que devuelva al Estado su identidad pluriétnica y pluricultural sin sesgos discriminatorios para el (más o menos) 83% de la población local.

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 1 Nota de David Varela, con el título: “Entendieron mal declaración del ‘logo gay’ de Javier Corral”, publicada el 11 de octubre, por el periódico El Heraldo de Chihuahua.

2 Nota de Cecilia Cortez Magdaleno, con el título: “Molesta al pueblo; pide Iglesia a JC quitar signo gay en logo oficial”, publicada el 10 de octubre en el sitio: http://tiempo.com.mx/noticia/56108-molesta_al_pueblo_pide_iglesia/1 Consultado el 16 de octubre de 2016 a las 18.10 hrs.

3 Nota con el título: “Molesta al pueblo; pide Iglesia a JC quitar signo gay en logo oficial”, publicada el 10 de octubre en el sitio: http://www.vanguardia.com.mx/articulo/por-gay-iglesia-pide-cambiar-logotipo-del-gobierno-de-chihuahua Consultado el 16 de octubre de 2016 a las 18.15 hrs.

4 Nota con el título: “Molesta al pueblo; pide Iglesia a JC quitar signo gay en logo oficial”, publicada el 10 de octubre en el sitio: http://vmn.com.mx/2016/10/10/pide-iglesia-que-quiten-logo-de-gobierno-es-emblema-gay/ Consultado el 16 de octubre de 2016 a las 18.20 hrs.

5 Nota de Miroslava Breach, con el título: “Clero de Chihuahua pide quitar arcoíris del logotipo del gobierno estatal; es emblema gay”, publicada el 11 de octubre, por el periódico La Jornada. Énfasis añadido.

6 Nota de David Varela, con el título: “Entendieron mal declaración del ‘logo gay’ de Javier Corral”, publicada el 11 de octubre, por el periódico El Heraldo de Chihuahua.

7 Ídem.

8 Ídem. Énfasis añadido.

9 MORAL DE LA RUBIA, José. Homosexualidad en la juventud mexicana y su distribución geográfica en revista Papeles de población, vol.17, no.67, Toluca ene./mar. 2011. México.

10 Nota de Lily Dueñas, con el título: “Más del 17% de los chihuahuenses son gays y se les están negando derechos”, publicada el mes de junio, por el periódico La Crónica de Chihuahua.

11 Nota de Adriana García S., con el título: “En México el 10% de la población es homosexual”, publicada el 29 de agosto de 2013, por el periódico El Sol de Toluca.

12 Nota con el título: “Sevilla es la ciudad más gay del mundo”, publicada el 27 de abril de 2016, en el sitio: http://www.enewspaper.mx/sevilla-es-la-ciudad-mas-gay-del-mundo/ Consultado el 16 de octubre de 2016 a las 18.20 hrs.

 

Otra vez, ¿sexo o género? 3ª de 3 partes.

 

 

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       La primera verdad que es necesario asentar e incluso elevarla casi al rango de axioma es que el sexo es, en principio y en definitiva, el medio que la naturaleza eligió para perpetuar la especie. Es decir, el sexo no tiene un propósito distinto que la reproducción; que después hayamos querido encontrarle otros usos y fines es otro asunto; pero el sexo, el sexo, EL SEXO, es el método natural que los animales tenemos para reproducirnos. Y esta aseveración es de capital importancia porque, si bien se halla en el centro de este debate, a menudo se le soslaya. Antes de proseguir, permítanme poner un ejemplo muy simple: Usted puede usar una pistola para clavar un clavo. La toma del cañón y empieza a dale y duro con la cacha; pero, si se le dispara y le vuela un pie u otra parte de su santa anatomía, eso ocurre porque la pistola no está hecha para clavar clavos, sino para disparar balas. Si Usted no quiere correr riesgos va y toma un martillo y ya está; o empieza por inutilizar el arma o cerciorarse una mil veces de que está descargada.

Pues bien, con el sexo ocurre exactamente lo mismo. El sexo sirve para traer niñas y niños al mundo, punto. Y si Usted lo quiere usar para otra cosa, pues entonces muy su gusto pero, discúlpeme, Usted DEBE tomar precauciones especiales pues, si no lo hace, irremediablemente va a ocurrir lo primero y va a terminar siendo progenitor -incluso en contra de su voluntad pues lo que empezó como una fiesta de disfraces terminó en el registro civil poniéndole Jorge al niño-. Dicho de otro modo, si se fija Usted bien en lo que acaba de leer, el sexo para fines lúdicos, estrictamente recreativos y sabrosos o dicho de otro modo, el sexo que no tiene por objeto el apareamiento, es un sexo que demanda -que exige en sí mismo- el uso de recursos extraordinarios (pues lo ordinario es que alguien termine embarazada) para que no ocurra tal cosa.

      La afirmación anterior tiene como consecuencia inmediata dos cosas: La primera, que no es posible hablar de “libertad sexual” sin hablar primero de responsabilidad personal, de suficiencia y capacidad (en todas sus acepciones); y la segunda, que el sexo con fines de saludable esparcimiento es un fin secundario en sí mismo. Secundario no porque no sea importante, frecuente, necesario, etcétera, no; sino porque, como queda dicho, el sexo no lo creó la naturaleza para deleite de los humanos (y de las demás especies), sino para crecer y multiplicarse.

      De este modo, elevar las preferencias sexuales a la categoría de determinante de género para, a partir de ahí, definir a un ser humano resulta exagerado; pues el sexo (o la atracción o el deseo) forma una parte mínima, en algunos casos ínfima, de ese comportamiento social. La inmensa mayoría de las personas son algo más que un manojo de impulsos sexuales y cuando deciden darle gusto al cuerpo lo hacen en privado. De ahí también que pretender determinar quiénes somos como individuos a partir de un rasgo aislado de nuestra personalidad, para colmo secundario, resulta una absoluta memez.

      Esa noción exacerbada, esa exageración, equívoca del todo, es precisamente la que sirve de fundamento a toda esa teoría de los LGTB pues en ese contexto, en lo absoluto estamos hablando de seres humanos entendidos en su integralidad, sino apenas de un solitario referente. Las lesbianas son mujeres que se sienten atraídas por otras mujeres; Los gays son hombres que se sienten atraídos por otros hombres; Los transexuales son mujeres u hombres que han decidido adoptar la apariencia de una persona del sexo opuesto; y los bisexuales han decidido agarrar parejo; sólo eso. A partir de esas características todas estas personas son, simultáneamente, un montón de otras cosas: Hijos, hermanos, profesionistas, artistas, deportistas, budistas, cristianos, apolíticos, militares, zurdos, bizcos, ambientalistas, graciosos, mentecatos, modestos, orgullosos, defensores de los derechos humanos, sensatos, impertinentes, valientes, mojigatos, píos, leones, rotarios, déspotas ilustrados (o Presidente de México) y un etcétera tan extenso y complejo como cualquier otro ser humano determinado en su individualidad por un extraordinario cúmulo de atributos, cualidades y defectos.

      No existe, pues, nada como un tercer -o cuarto o quinto o sexto- género ni, muchísimo menos, esa condición imbécil de “no binario” (o sin género) a la que me referí en la entrega anterior. A este trote idiota (no se le pude llamar “paso”) van a constituir un género (un noveno o décimo) el fulano o la fulana que le gusten las pelirrojas ojiverde con pecas en la espalda (¿a ver? Pónganle nombre al “género”).

      Así las cosas, todos los reclamos reivindicatorios, de cualquier especie, vinculados a ese tipo de agrupaciones son tan absurdos como una comunidad terrícola que pugne por la salvaguarda de los derechos no humanos de los alienígenas. No existe nada como “derechos humanos” de los LGTBXYZ; existen, eso sí, derechos humanos de los hombres y las mujeres para determinar su identidad cualquiera que ésta sea. De ahí también que los “movimientos” que alientan esa visión distorsionada (perturbada) de la realidad, carezcan de cualquier base o fundamento legítimo que permita hacer prosperar derecho alguno, llámese matrimonio entre personas del mismo sexo o adopción homoparental.

      Finalmente, lo más riesgoso de este asunto es que está pugnándose por quebrar aquellos rasgos identitarios que sirven para reconocernos en el otro. El fin último de estos abusos conceptuales, conscientes o no sus promotores de ello, es destruir esa noción generalizada del “nosotros” que fue la que sirvió a Aristóteles para definirnos como un zoon politikón, seres gregarios por naturaleza; somos, en gran medida, en el otro y por el otro. Mejorar el trato de los seres humanos no pasa por exacerbar -y menos por rasgos superficiales- las diferencias de cada cual, alentados desde su capricho como por ejemplo, pretender definirse porque le gusten a alguno -o a alguna- los traileros o las teiboleras. ¿Verdad que resulta estúpido?

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Otra vez, ¿sexo o género? 2ª de 3 partes.

 

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      Resumámoslo así: Sólo hay dos tipos de seres humanos: Hombres y mujeres; y sólo son dos los tipos de roles sociales: El masculino y el femenino.

      Por lo general, coinciden ambos aspectos de la personalidad, de tal modo que el hombre (varón) desarrolla actividades (desempeño social) vinculadas a su circunstancia biológica; en tanto que la mujer (hembra) emprende actividades (desempeño social) vinculadas también a su realidad biológica. No cabe afirmar, a estas alturas del partido, que el desempeño social “debe” ser de tal o cual modo; en lo absoluto. Los hombres, siéndolo, pueden realizar todas las actividades que les dé su gana, incluida calzarse zapatillas y enfundarse en un vestido de tutú, con una diademada que corone sus rizos forzadamente rubios; al igual que las mujeres, quienes están en todo su derecho de ir a beber cerveza, jugar “a las vencidas” y tragarse los mocos ahogadas de borrachas en la cantina del barrio. No existe ninguna razón para establecer, a priori, que ambas actividades son -o deben ser- propias de este o aquel sexo.

      No obstante, afirmaba en párrafos previos, se ha extendido la idea de que el género admite más de esas dos posibilidades; de esa forma, empiezan a entenderse por “género”, roles sociales diferentes que incluyen un grupo de perfiles nada nítidos como son lesbianas, homosexuales, transexuales y bisexuales; aunque no falta quien pretenda ampliar (por reducida e “inexacta”) esa categoría que de manera genérica se ha dado por llamar: LGTB; y más recientemente: “LGTBI” para incluir a los ¿intersexuales?; sin que podamos dejar fuera -¡oh, mi Dios!- a los pansexuales y a los (el colmo de los colmos) cisexuales por lo que las siglas quedarían más o menos así: LGTBIPC… y lo que se les ocurra esta semana.

     Concepción horripilante pues confunde y adultera nociones absolutamente distintas como son el sexo, el género, las preferencias sexuales e incluso el modo de vestir.

      Si no me cree Usted, considere que estamos ya en la irrealidad perfecta del absurdo; hace tres meses, un juzgado estadounidense decretó a Jamie Shupe como la primera persona declarada legalmente “no binaria” en los Estados Unidos de Norteamérica, bajo el argumento del subnormal de que no se sentía a gusto ni como hombre ni como mujer.2 Y si Usted lo ve, no hallará nada, absolutamente nada, que permita afirmar que se trata de una persona “sin género”; pues se trata de un cincuentón, vestido de mujer y punto. De tal suerte que resulta ocioso, por no decir estúpido, defender una condición, la de “sin género”, que no se ve cómo pueda ayudarlo a sentirse mejor pues si dice que no es hombre lo cierto es que se ve igualito a uno (con el agravante de que tiene esposa y una hija); y, si dice que no es mujer, la verdad es que se viste como tal.3 De esta forma, lo cierto es que, en efecto, tras esta sentencia escandalosa (por imbécil), se encuentra un tipo -o tipa- perdido en su confusión, vestido de modo fachoso; así las cosas, de prosperar tanta idiotez, ahora, junto a los hombres, las mujeres y los LGTBIPC, tendremos que empezar a considerar a los “sin género” (¿cómo quedarían las siglas? ¿LGTBIPCsG?) que al final del día no se trata de un asunto de preferencias sexuales, ni de sexo, ni de género, sino de andar en fachas y ya.

      Lo peor del caso es que ésa, que podría calificarse como una mala broma, es una plena realidad en marcha que no sabe uno a dónde irá a parar si, como fundamento, se haya el capricho de cada cual y que reniega, querámoslo o no, de esa condición cierta -y necesaria- que distingue entre hombres y mujeres; entre lo masculino y lo femenino.

      Pretender sentar, como verdad absoluta, la posibilidad de que los seres humanos verdaderamente podemos elegir entre ser hombre o mujer es tan irracional como intentar reconocer como válido y posible el deseo de convertirse en caballo (o perro o gato o iguana) de la noche a la mañana; se es lo que se es; y punto. En cuanto al género, es decir, el rol social que pretendemos asumir como miembros de una colectividad, ése sí es elegible por cada uno, pero no va más allá de cómo pretendemos ser vistos por los demás. La confusión, lo decía en la reflexión anterior, tiene su origen en ese descubrimiento de que el sexo es algo más que el acto de procrear y hacia ese punto es que debemos enfocar nuestra atención.

Continuará…

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1 PÉREZ CONTRERAS, María Montserrat. “Para una educación con perspectiva de género: Desde las mujeres y las personas LGTB” en Metodologías: Enseñanza e investigación jurídicas. Serie: Doctrina Jurídica, número 731. Wendy A. Godínez Méndez y José Humberto García Peña. (Coords.). Instituto de Investigaciones Jurídicas, Universidad Nacional Autónoma de México y Posgrado de Derecho, Tecnológico de Monterey. México. 2015. P

2 Artículo suscrito por Lauren Dake, con el título: “Jamie Shupe becomes first legally non-binary person in the US” publicado el 16 June 2016 por el periódico The Guardian.

3 Visible en el sitio: https://www.google.com.mx/search?q=Jamie+Shupe&biw=1097&bih=512&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwiu9cOAhbjPAhXl6oMKHaKhBwcQ_AUIBigB#imgrc=9vCWue0i7VRhPM%3A Consultado el 1º de octubre a las 10 hrs.