Otra vez, ¿sexo o género? 2ª de 3 partes.

 

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      Resumámoslo así: Sólo hay dos tipos de seres humanos: Hombres y mujeres; y sólo son dos los tipos de roles sociales: El masculino y el femenino.

      Por lo general, coinciden ambos aspectos de la personalidad, de tal modo que el hombre (varón) desarrolla actividades (desempeño social) vinculadas a su circunstancia biológica; en tanto que la mujer (hembra) emprende actividades (desempeño social) vinculadas también a su realidad biológica. No cabe afirmar, a estas alturas del partido, que el desempeño social “debe” ser de tal o cual modo; en lo absoluto. Los hombres, siéndolo, pueden realizar todas las actividades que les dé su gana, incluida calzarse zapatillas y enfundarse en un vestido de tutú, con una diademada que corone sus rizos forzadamente rubios; al igual que las mujeres, quienes están en todo su derecho de ir a beber cerveza, jugar “a las vencidas” y tragarse los mocos ahogadas de borrachas en la cantina del barrio. No existe ninguna razón para establecer, a priori, que ambas actividades son -o deben ser- propias de este o aquel sexo.

      No obstante, afirmaba en párrafos previos, se ha extendido la idea de que el género admite más de esas dos posibilidades; de esa forma, empiezan a entenderse por “género”, roles sociales diferentes que incluyen un grupo de perfiles nada nítidos como son lesbianas, homosexuales, transexuales y bisexuales; aunque no falta quien pretenda ampliar (por reducida e “inexacta”) esa categoría que de manera genérica se ha dado por llamar: LGTB; y más recientemente: “LGTBI” para incluir a los ¿intersexuales?; sin que podamos dejar fuera -¡oh, mi Dios!- a los pansexuales y a los (el colmo de los colmos) cisexuales por lo que las siglas quedarían más o menos así: LGTBIPC… y lo que se les ocurra esta semana.

     Concepción horripilante pues confunde y adultera nociones absolutamente distintas como son el sexo, el género, las preferencias sexuales e incluso el modo de vestir.

      Si no me cree Usted, considere que estamos ya en la irrealidad perfecta del absurdo; hace tres meses, un juzgado estadounidense decretó a Jamie Shupe como la primera persona declarada legalmente “no binaria” en los Estados Unidos de Norteamérica, bajo el argumento del subnormal de que no se sentía a gusto ni como hombre ni como mujer.2 Y si Usted lo ve, no hallará nada, absolutamente nada, que permita afirmar que se trata de una persona “sin género”; pues se trata de un cincuentón, vestido de mujer y punto. De tal suerte que resulta ocioso, por no decir estúpido, defender una condición, la de “sin género”, que no se ve cómo pueda ayudarlo a sentirse mejor pues si dice que no es hombre lo cierto es que se ve igualito a uno (con el agravante de que tiene esposa y una hija); y, si dice que no es mujer, la verdad es que se viste como tal.3 De esta forma, lo cierto es que, en efecto, tras esta sentencia escandalosa (por imbécil), se encuentra un tipo -o tipa- perdido en su confusión, vestido de modo fachoso; así las cosas, de prosperar tanta idiotez, ahora, junto a los hombres, las mujeres y los LGTBIPC, tendremos que empezar a considerar a los “sin género” (¿cómo quedarían las siglas? ¿LGTBIPCsG?) que al final del día no se trata de un asunto de preferencias sexuales, ni de sexo, ni de género, sino de andar en fachas y ya.

      Lo peor del caso es que ésa, que podría calificarse como una mala broma, es una plena realidad en marcha que no sabe uno a dónde irá a parar si, como fundamento, se haya el capricho de cada cual y que reniega, querámoslo o no, de esa condición cierta -y necesaria- que distingue entre hombres y mujeres; entre lo masculino y lo femenino.

      Pretender sentar, como verdad absoluta, la posibilidad de que los seres humanos verdaderamente podemos elegir entre ser hombre o mujer es tan irracional como intentar reconocer como válido y posible el deseo de convertirse en caballo (o perro o gato o iguana) de la noche a la mañana; se es lo que se es; y punto. En cuanto al género, es decir, el rol social que pretendemos asumir como miembros de una colectividad, ése sí es elegible por cada uno, pero no va más allá de cómo pretendemos ser vistos por los demás. La confusión, lo decía en la reflexión anterior, tiene su origen en ese descubrimiento de que el sexo es algo más que el acto de procrear y hacia ese punto es que debemos enfocar nuestra atención.

Continuará…

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Luis Villegas Montes.

luvimo6608@gmail.com, luvimo6614@hotmail.com

1 PÉREZ CONTRERAS, María Montserrat. “Para una educación con perspectiva de género: Desde las mujeres y las personas LGTB” en Metodologías: Enseñanza e investigación jurídicas. Serie: Doctrina Jurídica, número 731. Wendy A. Godínez Méndez y José Humberto García Peña. (Coords.). Instituto de Investigaciones Jurídicas, Universidad Nacional Autónoma de México y Posgrado de Derecho, Tecnológico de Monterey. México. 2015. P

2 Artículo suscrito por Lauren Dake, con el título: “Jamie Shupe becomes first legally non-binary person in the US” publicado el 16 June 2016 por el periódico The Guardian.

3 Visible en el sitio: https://www.google.com.mx/search?q=Jamie+Shupe&biw=1097&bih=512&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwiu9cOAhbjPAhXl6oMKHaKhBwcQ_AUIBigB#imgrc=9vCWue0i7VRhPM%3A Consultado el 1º de octubre a las 10 hrs.

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