MUNDIAL 2018.

1512151605517      No es precipitación ni exabrupto, se trata de un arrebato premonitorio: yo digo que este Mundial debería terminarse ya; entregarle la Copa a Alemania y organizar otro rapidito, también en Rusia y por esos días, que permita echar a volar la imaginación.

     Mire, no le voy a decir cómo quedaron los grupos porque es del dominio público1 pero las cosas van a ocurrir más o menos así: en el Grupo A, pasan, en primer lugar, Rusia; y en segundo, Uruguay; en el B, también en ese orden: España y Portugal; en el C, Francia y Dinamarca; en el D, Argentina y Nigeria; en el E, Brasil y Costa Rica; en el F, Alemania y México (¡Viva, viva! ¡Arriba los “Ratones Verdes”!); en el G, Inglaterra y Bélgica; y en el H, Colombia y Senegal. Sembrados quedarán Arabia, Egipto, Marruecos, Irán (que irán mucho a… Chihuahua a un baile), Australia, Perú, Croacia, Islandia, Suiza, Serbia, Suecia, Panamá, Túnez, Polonia, así como Japón y Corea, que posiblemente se vayan sin anotar un solo gol.

    Como resultado de lo anterior, Rusia se enfrentará a Portugal y España a Uruguay; la primera no tiene nada que hacer con el segundo y será muy triste ver llorar a todo un pueblo en el hombro de Putin (menos mal que los tiene anchotes); España sin dificultades se impondrá a Uruguay y tan tán. Francia va a cocinar uno de sus célebres platillos con los nigerianos y Argentina le bailará un tango apretadito a Dinamarca; en tanto, Brasil nos hace pedazos y Costa Rica ni siquiera va a ver llegar a los alemanes, zum, zum, zum  y ya, 10 goles a 0; por último, Inglaterra va a dejar a los senegaleses con tamaños ojotes y Bélgica va a perder con Colombia que van a andar, sospechosamente, pum, pum, arriba, arribotota.

     En la siguiente ronda, Portugal, Campeón de la Eurocopa, inevitablemente cae frente a España, dolida por el ridículo de hace cuatro años, sacará la casta (¡Olé!); Francia, frente a Argentina (no me pregunten porqué pero es un pálpito); Brasil frente a Alemania, porque los brasileños continúan en shock después del estropicio del Maracaná de hace cuatro años; e Inglaterra tristemente se impondrá sobre Colombia, poniendo fin a sus sueños de opio, digo, de coca.

     Con sus asegunes, luego de semifinales, el tercer lugar lo disputarán Argentina vs. Inglaterra, un partido épico que le va a dar la oportunidad a los primeros de desquitarse por el resultado de la Guerra de las Malvinas; y a los alemanes de las afrentas padecidas previo a la Segunda Guerra Mundial, cuando Franco, como los meros machos, se le rajó enterito a Hitler y se declaró neutral el méndigo enano. Con eso en mente: los argentinos echarán todo el bife al asador, se impondrán a los güeritos y quedarán en tercer lugar; en tanto que los alemanes no tendrán piedad y lavarán la maltrecha honra del Führer a costa de la triste memoria de “El Caudillo”. Y ya. Todos a sus casas.

     ¿Ven? Por eso digo que ya estuvo bueno de este Mundial. Propongo que se lleve a cabo y a toda prisa, otra eliminatoria, con muerte súbita por ejemplo, y organicen uno nuevo, también en Rusia, que le brinde un poco de emoción a ese asunto inevitable de que Alemania lo vuelva a ganar. Como apuntó hace casi treinta años, el crack inglés, Gary Lineker: “El fútbol es un deporte en el que juegan once contra once, durante 90 minutos, y al final siempre gana Alemania”.2

    Como quiera en ese nuevo Mundial a México le toca un grupo como el H actual en donde enfrente a República Dominicana, Yemen y Andorra y pueda pasar, ahora sí, del cuarto partido; de lo contrario…

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Luis Villegas Montes.

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1 Artículo de la redacción, con el título: “Sorteo Mundial 2018: así quedan los grupos y cruces”, publicado el 3 de diciembre de 2017 por el periódico El País.
2 Artículo de Fran Ruiz, con el título: “… Y al final siempre gana Alemania”, publicado el 14 de julio de 2015 por el periódico Crónica.
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Reculó también o carta abierta a Joaquín G. Treviño.

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Ing. Joaquín Gilberto Treviño Dávila,

exintegrante del Comité Ciudadano del

Sistema Estatal Anticorrupción,

Presente.

     Don Joaquín, a diferencia de un viejo chascarrillo de mal gusto (Usted juzgue) no hubo necesidad de esperar un día y otro y otro para ver no pasar nada: no duró Usted ni 24 horas en su cargo. Es una pena; aunque era evidente que no estaba para esos trotes1 ni era cosa de debatir sus maledicencias,2 es muy triste constatar la debilidad de las instituciones.

    Antes de proseguir, ¿se sabe el chiste? Por si no, se lo cuento: resulta que en una reunión internacional de feministas sube a tribuna una escocesa y cuenta: “Una vez, llegué a casa y le dije a Ian: ‘¡Vengo muy cansada, a partir de hoy no volveré a cocinar!’; el primer día no vi nada; el segundo, no vi nada; el tercero, lo vi cocinando, desde entonces él cocina”. “¡Bravo, hurra!”, gritaba la concurrencia. Toca el turno a una gringa: “Pues yo, igual; llegué muy cansada y le dije a John: no volveré a lavar ropa; el primer día no vi nada; el segundo, no vi nada; al tercero, lo vi en la lavadora, desde entonces él lava”; se repiten los vivas. Sigue el turno de una latina: “Pues yo llegué y le dije a Juan: vengo muy cansada, hasta que tú no me ayudes, no vamos a volver a tener vida marital; el primer día no vi nada; el segundo, no vi nada; el tercero… empecé a ver poquito con el ojo izquierdo”. Así Usted, no lo dejaron en paz hasta que cedió, hasta que empezó a ver tantito con el ojo izquierdo (del derecho… ni hablar).

      Aquí podría terminar esta carta y podría ser suficiente, pero me temo que no basta.

    Por pura casualidad, esta semana había decidido escribir sobre lo retrógrada de la izquierda mexicana y sus adláteres (proabortistas, feministas, ideólogos de género, etc.) y cómo no puede uno contradecirlos tantito porque ya están juntando el bonche de leña, el bidón de gasolina y el listonón de tratados internacionales p’a atizarle. Con ese monolito topó Usted.

      No bastó el argumento de que fuera Usted un adulto mayor —o esté en vías de serlo— y que, por ende, habría de ser más considerados porque, para los de su generación (muy cercana a la mía, no se amuine ni se acuite), ese asunto del lenguaje incluyente, a toda costa y a cualquier precio, es un asunto ridículo pues, para saber cómo debe hablarse el español, hay que estarse a las reglas de la Real Academia y punto;3 lo demás son ganas de fregar.

 Ni basta tampoco que su labor en el Comité Ciudadano del Sistema Estatal Anticorrupción debió medirse por otros parámetros —su desempeño, por ejemplo, que estaba por verse— y no por sus dichos; en este México, en este Chihuahua, en esta sociedad, pesa más lo que diga una cáfila de trúhanes encumbrados por obra y gracia del poder omnímodo, que el sentido común. Ya vamos para 20 años de que se repita la misma historia.

   Es una pena, don Joaquín, que haya renunciado Usted por esos motivos; es más, haberlo hecho constituye un atentado a su integridad como persona, como ser humano con vergüenza y dignidad; hacerles el “caldo gordo” a una panda de cafres, alentados en sus apetitos por sus delirios de pureza inmaculada, lo rebajó a Usted y nos disminuyó a quienes esperábamos algo más de las instituciones que monsergas vacuas y complacencias inútiles.

   ¿Qué debía irse? ¡Por supuesto! Pero no acorralado por una crítica paradójicamente afincada en un progresismo arrasador cercano al fascismo. Usted debía irse simplemente porque no tiene oficio, ni conocimientos, ni, obviamente, experiencia en esas lides; porque no tiene ni la menor idea dónde ni en qué se estaba metiendo; porque no es cierto que los diputados, por lo menos éstos, estuvieran ocupados casando sabrá Dios a quién, la Suprema Corte de Justicia ya superlegisló al respecto;4 y aunque fuera cierto, ésas cosas no se dicen porque seguro va a pasar lo que ya le pasó y no hay disculpa que valga —ni menos si no distingue entre adjetivo y sustantivo—;5 porque su labor no era ir por ahí atacando a las instituciones ni a la división de poderes, sino velar porque la Ley se cumpliera; y finalmente, porque si al primer jalón de orejas uno se “rompe” y recula (como ya se vio), se le van a quedar a uno esos gustos, y ahí sí —como dijo Juanga— “ni modo qué hacer”. ¡Lástima!

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1 Artículo de Jaime Armendáriz, con el título: “Integran nuevo Comité Ciudadano Anticorrupción”, publicado el jueves 15 de febrero 2018, por el periódico El Diario.
2 Artículo de La Opción: “Invita Meche Fernández a Treviño Dávila a debate por expresión homofóbica”. […]”. [En línea]; visible en el sitio: http://laopcion.com.mx/noticia/198167/invita-meche-fernandez-a-trevino-davila-a-debate-por-expresion-homofobica, consultado el 15 de febrero de 2018 a las 16.45 hrs.
3 Véase: “Los ciudadanos y las ciudadanas, los niños y las niñas. Este tipo de desdoblamientos son artificiosos e innecesarios desde el punto de vista lingüístico. […]”. [En línea]; visible en el sitio: http://www.rae.es/consultas/los-ciudadanos-y-las-ciudadanas-los-ninos-y-las-ninas, consultado el 15 de febrero de 2018 a las 19.10 hrs.
4 Tesis de jurisprudencia 1.ª 43/2015, de la 10.ª época, aprobada por la Primera Sala el 3 de junio de 2015, bajo el rubro: “MATRIMONIO. LA LEY DE CUALQUIER ENTIDAD FEDERATIVA QUE, POR UN LADO, CONSIDERE QUE LA FINALIDAD DE AQUÉL ES LA PROCREACIÓN Y/O QUE LO DEFINA COMO EL QUE SE CELEBRA ENTRE UN HOMBRE Y UNA MUJER, ES INCONSTITUCIONAL”.
5 Artículo de Manuel Quezada, con el título: “Se disculpa consejero del Comité Ciudadano Anticorrupción por el uso del adjetivo ‘maricón’”, publicado el jueves 15 de febrero 2018, por el periódico El Diario.

 

RECULÓ (Ojo: está escrito con acento al final).

1

     Hace días, a partir de una crítica, contenida entre otros medios en un editorial suscrito por Jesús Silva-Herzog1  y al que aludí en este espacio la semana pasada, Andrés Manuel López Obrador reaccionó como acostumbra —y no voy a decir cómo porque podría dar motivo de desviarnos de asunto principal de estos párrafos—.

     Me imagino que su exabrupto causó escozor en su equipo de imagen, le sugirieron que reculara y, contra todo pronóstico, reculó y pidió dijculpas a Jesús Silva-Herzog y Enrique Krauze.2

     No obstante, el incidente dio pie para que Denise Dresser, aludida de manera directa por el Peje en su embestida, respondiera en forma abierta,3 en una misiva impecable que, entre otras consideraciones, apunta sus dudas sobre el tabasqueño, mismas que resume en tres rubros: sobre su congruencia, su temperamento y su compromiso para acabar con el pacto de impunidad vía la transformación institucional.

      Hasta ahí la cosa marchaba pues se trataba de un diálogo intrincado, cierto; empero, marcado por la confrontación y el derecho de cada uno a decir lo que opinaba sobre la figura pública del abanderado de MORENA, el derecho de éste a disentir, su derecho a retractarse (total) y el derecho de los demás a repelar a los dichos del aspirante presidencial.

      Donde torció la puerca el rabo —y ése es el motivo de estos párrafos— es la andanada que siguió, a cargo de algunos morenazos de corazón, morenos tardíos, newmorens, prietos (Ochoa dixit) y demás fauna que pulula en ese Partido, lanzada en contra de Dresser sólo porque se limitó a verter su opinión, en un asunto crucial (la candidatura a la Presidencia de México), sobre temas públicos, respecto de una figura pública y en respuesta a un ataque directo.

      En términos generales y en su abundante mayoría, la respuesta fue de un solo tipo: la descalificación personal. Desde “vendida” y “panista de clóset” hasta “palera” y “enemiga del pueblo”; esos fueron algunos de los descalificativos que le lanzaron al rostro (¿por qué no se quitará la verruga?) con singular alegría. A mí Denise Dresser me cae gorda, como en general me caen mal quienes opinan a lo tarugo, sin información suficiente o sin reflexionar sobre sus dichos, pero eso no la descalifica como periodista ni la condena a “estar siempre equivocada”.

      Creo que, en lo medular, ése es uno de los problemas más grandes de la izquierda mexicana en lo general; y del MORENA en particular: sistemáticamente se niegan a debatir. No puede uno disentir de ellos, no puede a uno desparecerle una cosa que a ellos sí les parezca porque ya hay pleito e intercambio de interpelaciones, en el mejor de los casos, o de “peladeces” en el peor.

      Si habla uno de los corruptos, por ejemplo, de cómo le va a hacer para quitárselos de encima —porque en su administración sí los hubo (sancionadas y todo pero ratotas sí había)—, luego, luego, empiezan a sacarle los trapitos al sol o a pormenorizar las mañosadas, ciertas o inventadas, de todos sus adversarios, reales o supuestos, del interlocutor o de sus afines.

     Un kilo de evasivas no es respuesta… diría El General.

Continuará…

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1 Editorial de Jesús Silva-Herzog, titulado: “AMLO 3.0”, publicado el lunes 5 de febrero de 2018, por el periódico El Siglo de Durango.

2 Artículo suscrito por Isabel González, titulado: “AMLO llama a la unidad y pide disculpas”, publicado el 10 de febrero de 2018 por el periódico El Universal.

3 Carta abierta de Denise Dresser, publicada el 12 de febrero de 2018, con el título: “AMLO 1.0”, por el periódico Reforma.

YA SABEN QUIÉN.

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     El pasado lunes llegó a mis manos un editorial1 que sirve para apuntalar mis dichos de la semana pasada, respecto de ya saben quién. Leyéndolo, no hay modo de omitir las similitudes, el parecido mayúsculo, grotesco casi, en las formas y en los modos, de ya saben quién con ya saben quién. Dos versiones de lo mismo que, difícilmente, podemos escindir una de la otra; se lee en él:

    “Sin adentrarse en los laberintos de la psique puede decirse que [ya saben quién] se había distinguido por su sectarismo. Más que pensar en el ensanchamiento de su base, parecía empeñado en cuidar la pureza de su movimiento. No buscaba la conversión de los escépticos sino el apasionamiento de sus leales. El sectario está convencido de que cualquier pacto con el otro es obsceno, que hablar con quien piensa distinto es ensuciarse. De ahí que la autocrítica sea impensable para el sectario. Atreverse a ver los errores propios, aceptar la responsabilidad en el fracaso es inaceptable. El sectario ha de alimentar por ello las conspiraciones que lo liberan de cualquier responsabilidad. Sólo el perverso todopoderoso que nadie ve es culpable de su desgracia.

    [ya saben quién] A cada cuestionamiento respondía con una descalificación moral. Hace apenas unos meses, se enfrentaba en pleitos absurdos con periodistas que cometían el terrible pecado de hacer su trabajo y hacerle preguntas incómodas. [ya saben quién] rehusaba la respuesta para lanzarse a la descalificación personal de los periodistas. Quien cuestiona al prócer le hace el caldo gordo a la mafia. Ofrecía entonces consejo a los periodistas para hacer su trabajo. Cuestionarlo era venderse a los traidores.

    Dudo que alguien se entusiasme con el equipo que rodea a [ya saben quién] Bajo ningún punto de vista podría decirse que se trata de una selección nacional”.

    Eso lo hace el mismo mequetrefe loco y envilecido de toda la vida, que toma partido, de nombre, por las mejores causas, causas dignas de ser peleadas, y luego las ensucia con su indecoroso pragmatismo que clama victorias donde sólo existe el contubernio.

    El ya saben quién de hace unos días es el mismo ya saben quién de ayer, de hace dos meses o de hace seis u once años; las víboras no se transforman, sólo cambian de piel; y en su afán de hacerse con el poder son capaces de cualquier exceso, de cualquier tipo, para conservarlo o llegar a él.

    Los ya saben quién sólo viven en la desmemoria cómplice: ya por ignorancia, ya por mala fe. Lo que puede afirmarse, también y sin ambages, de la totalidad de sus seguidores: o no saben quién es y cómo es; o sí saben, pero se hace patos porque les conviene y siguen al loco, como siempre, para sacar tajada.

    Ya saben quién, avanza en el despilfarro, en el derroche, en la mentira y en la calumnia, sin que haya posibilidad de hacerle frente, por lo menos de manera conceptual, porque ya está blindado de antemano: quien no está con él, en sus términos, en sus condiciones, está contra él y punto, porque sólo a él la verdad le asiste; incluso, puede violarse la ley en su nombre y está bien; y hacer uso arbitrario del Presupuesto y también lo estará, porque “la causa del pueblo” —del pueblo de él, que él concibe, que él define, que él encarna— ampara cualquier abuso.

    Sin embargo, hay algo que hermana a los bobos y a los malintencionados: la ceguera. No ven, ninguno de los dos, que por ese medio se desembocó en el priato; por cada imbécil que en su momento le respondía al Mesías de turno cuando les preguntaba la hora: “la que Usted diga”, se llegó a este punto y aquí seguimos: con ya saben quién como puntero en las encuestas.

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1 Editorial de Jesús Silva-Herzog, titulado: “AMLO 3.0”, publicado el lunes 5 de febrero de 2018, por el periódico El Siglo de Durango.

LOCO Y HOCICÓN O LOS 4 “ACUERDOS”.

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     Vistos los desplantes de los últimos días, no cabe duda: ya lo perdimos.

     A pesar de lo que digan sus seguidores, igual de imbéciles, por lo menos gran parte —ya que cada quien resuelva cómo se siente y si está dentro de ese grupo o no—, no existe en sus apariciones en público ningún atisbo de coherencia o lucidez.

     Literal y metafóricamente de aquí para allá, hoy dice una cosa, mañana otra; hoy encabeza una causa muy clara, un ideal diáfano, mañana deja que sus seguidores, cercanos o lejanos, pisoteen sin empacho los valores que, dice, lo alimentan; hoy tiene una serie de adversarios —por los calificativos empleados (“corrupto”, “traidor”, etc.) parecieran auténticos enemigos—, mañana, jubiloso, los invita a sumarse a su proyecto o los suma, o se suma a ellos, de brazos abiertos y sonrisa anchota.

     Con un discurso cargado de labiosa prosopopeya, de sus dichos de siempre, de los lugares comunes de toda la vida, se mueve —más bien baila, pivotea, se desliza— en el filo de las palabras para empezar a decir cosas que nunca ha dicho, o sí, pero convenientemente ya no recuerda, porque no le conviene.

     Lo triste de esos alardes verbales, el estropicio para la vida pública, para la democracia, para la expectativa de un buen gobierno, de un gobierno “de a deveras” que cumpla con los mínimos para los que la institución fue creada, es que cancela las posibilidades de cambio porque, lejos de ver “para adelante”, se afinca en los fantasmones del pasado, mediato o inmediato, y a su antojo los manipula para ver amigos o enemigos donde no los hay o donde no debería de haberlos.

      Avanza entre vítores y aplausos no por lo que es (un fiasco, una decepción, una desgracia, un anuncio de fracaso), sino por lo que representa; a él se suman, los taimados de siempre, los codiciosos, los ladinos y marrulleros que ya conocemos pero que han decidido ponerse su camiseta mientras “se afilan” las uñas; y los tontos, los buenazos de buena fe, incapaces de hilar un pensamiento con otro, porque no pueden, porque no tienen con qué; simplemente porque a un duelo de ideas irían desarmados, por la simple razón de que jamás han esgrimido una.

     Cuando más se necesita de un verdadero líder, para un pueblo ahíto, convulso y revuelto, para quien los caudillos salen sobrando (le sobran a la historia y le sobran a la realidad porque de caudillos y caudillejos estamos hartos), que convoque en el diálogo, no en el monólogo; en el consenso, no en la amenaza; en la humildad, no en el desplante de la virtud inmaculada; en la realidad modesta y contundente, no en la verdad autodefinida; en el trabajo visible y cotidiano, no en arrebatos mesiánicos con tintes de predestinación; viene este sujeto a intentar embaucarnos con los espejitos de su palabrería; y eso no es lo peor, lo peor es que lo consigue a medias, por lo menos en un pequeño ámbito de la sociedad y, obviamente, en los intestinos de su séquito que, entre bobalicones y miserables, le espesan el caldo y difunden “La Buena Nueva”.

      Las siguientes dos o tres entregas, habremos de ocuparnos de esa retórica infame, a caballo entre la izquierda más recalcitrante y la derecha más desaforada, de esos dislates, de esas contradicciones, de esas estupideces, en suma, a las que el loco y hocicón le ha dado por llamar… “Proyecto Alternativo de Nación 2018-2024”.

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