Carta abierta a Clara Torres.

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Estimada Clara:

Conste que la razón de escribirle a Usted es meramente circunstancial; no se trata, digámoslo así, de nada personal; es sólo que, haciéndolo, a través suyo le escribo a un grupo de personas con el que no tengo posibilidades de contactar de modo directo y que, sin embargo, encuentro muy similares a Usted: gente de clase media —baja, media media o alta, pero clase media al fin— que por alguna extraña y misteriosa razón se muestra jubilosa con la posibilidad de votar a favor de Andrés Manuel López Obrador.

   De un modo arbitrario, procedo a enlistar las dos o tres razones, por lo menos las visibles, las torales, para votar a favor suyo, más allá de las propuestas específicas que son, como cualquier otra propuesta de campaña, una mera promesa y punto. Sobre esta base, esas razones son: el auténtico cambio para México, la “Cuarta Transformación de la República” le llama él; su honestidad a toda prueba; y el deslinde de lo que llama la “Mafia del Poder”, caracterizada por lo que festivamente denomina: “PRIAN” para dar a entender que se trata de una y la misma cosa.

   Es realmente trágico, podría resultar cómico pero no lo es, que sobre esas bases se pretenda, realmente, apoyar una candidatura como la de AMLO. Me explico: ¿cuál sería la razón para pretender que, en efecto, con la elección de este personaje empezaría la “Cuarta Transformación de la República”?

   Se trata de 120 millones, Clara, 120 millones de mexicanos; quienes todos los días aportamos nuestro granito de arena para que este asunto de la cosa pública funcione pero también para que deje de funcionar. No es cierto que sólo se trate de una élite de “políticos corruptos”; hay millones de personas, millones, a lo largo y ancho del país, en todos los estratos sociales, en todos los niveles de gobierno o dentro y fuera de él, que están vinculados, directa o indirectamente, con el narcotráfico, la trata de personas, el “huachicoleo”, la extorsión, la delincuencia organizada, etc.; venir a afirmar que solo porque un individuo no será corrupto va a cesar de golpe con esa pandemia —creerlo, decirlo, balbucirlo, ¡atreverse a proclamarlo! Constituye uno de los actos de simulación más brutales de los que he sido testigo a lo largo de mi vida—. Eso lo hace a uno cándido, cómplice o imbécil; no hay de otra.

   Lo que nos lleva de la mano al segundo asunto: ¿en qué momento AMLO dejó de ser del sistema? ¿Qué “blanqueador” usó? ¿Cuál desinfectante? Ni uno solo, ni uno solo de los nombres que se vinculan a AMLO, empezando por él mismo, puede presumir de una trayectoria inmaculada como pretende hacerse creer a los mexicanos; sin excepción, SE TRATA DE HOMBRES Y MUJERES DEL RÉGIMEN, particularmente del priísta, que de una u otra forma se han coludido en el pasado, mediato o inmediato, con los peores intereses para mantener postrado a este país.

   Toda su vida adulta AMLO ha formado parte del sistema a título de candidato, de funcionario de primero, segundo o tercer nivel, pero funcionario al fin; ha mamado de ese sistema y se ha beneficiado de él; un solo ejemplo: toda la crítica, cualquier crítica que se haga a los partidos políticos en México es aplicable a MORENA, un partido político como cualquier otro; pretender otra cosa sólo se explica por una ilimitada capacidad de autoengaño. Considere nada más que su insumo principal es el PRD; y al PRD lo formaron en su inmensa mayoría expriístas de tomo y lomo. ¿Va venir usted a defender la trayectoria de Elba Esther Gordillo, de Manuel Barttlett, de Esteban Moctezuma, de Armando Guadiana Tijerina, de Marcelo Ebrard, de Dolores Padierna o de René Bejarano? ¡Por favor! Me gustaría ver su congruencia, la de Usted, votando por AMLO para Presidente y por Cruz Pérez Cuéllar para Senador.

   Y no, no se vale decir, como me dijo por Facebook, que en los demás partidos es igual; no se vale porque quienes proclaman la inmaculada trayectoria de su líder son ustedes; ustedes han hecho de esa presunta cualidad un eje estratégico de la campaña y como ve, como sabe (porque no es posible que no lo sepa), se trata de una falsedad. Falsedad palmaria, evidente, si se atiende a los nombres y a las biografías de quienes lo acompañan en la aventura.

   La única defensa de que yo he sido testigo en los meses recientes, cuando de debatir los aspectos oscuros de esa campaña se trata, ha sido la de la desinformación y la descalificación: los ataques personales a quienes se atreven a disentir de las pseudoverdades que aclaman.

   Lo que nos lleva al último punto: ¿PRIAN? ¿Cuál PRIAN si del PAN y del PRI y del PRD han salido la inmensa mayoría de sus seguidores? Deme una sola razón, una sola, para pensar que los corruptos que lo rodean, él mismo, se “limpiaron” como por arte de magia, y gracias a su bendición laica, juarista y cardenista, dejaron de ser los miserables que siempre han sido.

   No, Clara; lo cierto es que la campaña de AMLO se basa, exclusivamente, en una credulidad malsana, de un grupo de ciudadanos legítimamente hartos de los excesos de los gobiernos previos —incluido el actual por supuesto—, liderados por un puñado de vivales.

   El asunto es dónde se sitúan ciudadanos como Usted, que saben de qué lado masca la iguana porque tienen años en el ajo; y que no es posible que crean, de verdad, en el sortilegio de “todos limpios, puros y santos” merced a una instantánea limpia poli-democrati-metafísica.

   Sí, están muy mal las cosas en México; pero no se van a resolver gracias a los buenos oficios de un Mesías tropical de izquierda; los últimos: Castro, Evo, Chávez, le han costado muy caro a sus respectivos países.

   En fin; Dios dirá.

  Como siempre, saludos cordiales a Usted y a su familia.

Luis Villegas Montes.

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LOS PACIENTES DEL DOCTOR GARCÍA.

 

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   En alguna otra parte he escrito que Almudena Grandes fue un hito en mi vida pero, como muchas de las cosas buenas que me han ocurrido, fue el azar la que vino a presentármela. Merodeando por ahí, hallé “Castillos de Cartón”2 y como me había pasado de largo durante lustros, de las ediciones mexicanas de su bibliografía ni siquiera me di cuenta.

   El año que la conocí fui a España por primera vez; bajamos del avión rozagantes y animosos, así que del hotel fuimos a una librería de viejo en el centro de Madrid —el jet lag nos había hecho lo que el viento a Juárez, tal pareciera, por lo cual Adriana y los niños decidieron acompañarme—. Parecía yo niño en juguetería y me traje un montón de libros de Almudena a un precio ínfimo. Todavía recuerdo la imagen entre graciosa y patética de mis tres entenados “hechos bolita” en una banca, esperándome afuera muriéndose de sueño bajo un sol de órdago.

   Desde entonces, he leído con fruición todo lo que Almudena publica; de sus obras “ligeritas”, me quedo con “Los Besos en el Pan”;3 y desdeño, la única que no me ha gustado, “Las edades de Lulú”, 4 que fue, no obstante, la que la catapultó a la fama.

    Sin embargo, las dos novelas más entrañables de la española, al menos para mí —antes de los “Episodios de una Guerra Interminable”—, también llegaron de la mano de la casualidad: “Los aires difíciles”5 y “Malena es un nombre de tango”,6 las encontré, por azar, no recuerdo si en Bogotá y Buenos Aires, o viceversa, pero ahí estaban, en sendas estanterías en una librería, una, y en el estanquillo de un aeropuerto, la otra.

   ¡Ah!, pero, como ya dije, llegaron los “Episodios de una Guerra Interminable” y ahí sí, francamente me enamoré. Tres de las mejores novelas que he leído en mi vida integran la saga de esa serie: “Inés y la alegría”,7 “El lector de Julio Verne8 y “Las Tres bodas de Manolita”.9 La razón para escribirla, detalla la autora, es porque la Guerra Civil española “no está resuelta […] para que cicatrice una herida tiene que estar limpia. La Guerra Civil española es una página que no ha sido leída, es una herida infectada y las consecuencias, aunque parezcan muy remotas, siguen pesando mucho en la vida de los españoles”.10

   Al margen de mi fascinación previa, como al descuido, empecé la cuarta novela de la serie que es, precisamente, la que sirve de título a estos párrafos; flojita al principio —según yo—, es, sin duda, la mejor novela que he leído en los últimos tiempos.

   No sabría decir a ciencia cierta si se trata de una novela histórica, de amor, de intriga, de aventuras o de espías, pero creo que es una obra magnífica que me conmovió, literalmente hablando, hasta las lágrimas; una donde la devoción, la frustración, la rabia, el miedo, la pasión, la lealtad, la valentía, el horror, se engarzan en un mosaico esplendente; una historia digna de leerse y recordar. Espero con ansias la quinta entrega: “La madre de Frankenstein”, que transcurrirá en el manicomio de Ciempozuelos, en Madrid, en los años 50 del Siglo XX, y se ocupará de la vida y muerte de Aurora Rodríguez Carballeira.

    Si no ha leído a Almudena, le sugeriría que empiece.

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Luis Villegas Montes.

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1 GRANDES, Almudena. Los pacientes del doctor García. TusQuets. México. 2017.
2 GRANDES, Almudena. Castillos de Cartón. Colección Maxi. 1ª edición en México. TusQuets. México. 2004.
3 GRANDES, Almudena. Los besos en el pan. TusQuets. Argentina. 2015.
4 GRANDES, Almudena. Las Edades de Lulú. TusQuets. España. 1989.
5 GRANDES, Almudena. Los aires difíciles. Colección: Andanzas. 1ª. reimpresión de la 26ª edición. TusQuets. México. 2009.
6 GRANDES, Almudena. Malena es un nombre de tango. Colección: Andanzas. 2ª. reimpresión de la 26ª edición. TusQuets. Argentina. 2014.
7 GRANDES, Almudena. Inés y la alegría. TusQuets. España. 2010.
8 GRANDES, Almudena. El lector de Julio Verne. TusQuets. México. 2012.
9 GRANDES, Almudena. Las Tres bodas de Manolita. TusQuets. México. 2014.
10 Artículo de Virginia Bautista titulado: “Almudena Grandes; relato del fracaso”, publicado el 22 de diciembre de 2017 por el periódico Excélsior.


 

DECÁLOGO DEL POPULISTA. 2.ª DE 2 PARTES.

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  1. El populismo desprecia el orden legal. Hay en nuestra cultura política latinoamericana una desconfianza a las leyes; por eso, una vez en el gobierno, el caudillo tiende a apoderarse del Poder Legislativo y el Judicial, remedo de Fuenteovejunaque, para los efectos prácticos, es la justicia que el propio líder decreta; y
  2. Por último, el populismo mina, domina y, en último término, domestica o cancela las instituciones de la democracia. El populismo abomina de los límites a su poder, los considera aristocráticos, oligárquicos, contrarios a la “voluntad popular”.

   Finalmente, señala Krauze, el populismo tiene, por añadidura, una naturaleza perversamente “moderada” o “provisional” pues no termina por ser plenamente dictatorial ni totalitario; por eso alimenta sin cesar la engañosa ilusión de un futuro mejor, enmascara los desastres que provoca, posterga el examen objetivo de sus actos, doblega la crítica, adultera la verdad, adormece, corrompe y degrada el espíritu público.

   Si usted, gentil lector, querida lectora, no encuentra ocho o nueve de estas características aplicables a AMLO —y a algunos conocidos suyos y míos de aquí cerquita—, entonces usted se niega a ver la realidad de frente; AMLO es el peor demagogo en la historia de este país; y lo es, no por la magnitud de sus mentiras o el tamaño de sus yerros, no; antes han existido otros como él: corruptos, incompetentes, hipócritas; es peor porque cancela la posibilidad de que después de él este país pueda salir adelante.

    Con él, en él, por él, gracias a él, vendrá otro igual, y luego otro y otro más, porque arruinar a México no es algo que se consiga en un sexenio; pero copiar el modelo perverso que él pregona lo puede conseguir sin despeinarse en menos de tres años; y ahí está la Ciudad de México que no me deja mentir.

    Desde hace veintiún años, la capital de la República es gobernada por una cáfila de trúhanes que se montó en la típica estructura priísta, aceitando la maquinaria a fin de que esté a punto para el próximo fraude electoral; no otro es el origen del tabasqueño y de la mayor parte de la horda que lo cobija.

    Si Usted, gentil lector, querida lectora, no puede ver esa realidad corra de aquí, váyase, escóndase, porque su vergüenza y su pena no conocerán límites cuando entienda que fueron su ingenuidad y su ignorancia los que nos precipitaron en algo mucho peor que lo que estamos viviendo.

   Recuerdo en este punto, la grotesca entrevista de Tercer Grado, cuando a la pregunta directa sobre la corrupción de Alfonso Romo, AMLO, el caudillo, lo justificó diciendo que era bisnieto de Gustavo Madero y traía “en la sangre su vocación democrática”;1 instantes previos había exculpado al nieto de Elba Esther Gordillo diciendo que “estaba ayudando”; la vocación democrática se trasmite por vía consanguínea, la corrupción no.

    El único mérito de este sujeto es, a no dudarlo, canalizar el asco que produce el actual Gobierno. Pero votar por AMLO no es votar por él, es votar por tres o cuatro sexenios por venir que nos conducirán sin remedio al populismo más atroz y de ahí a la catástrofe. Decía don Manuel Gómez Morin: “No hay peor mal que el bien mal hecho”; y es verdad.

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1 Visible en el sitio: https://noticieros.televisa.com/historia/tercer-grado-televisa-2018-amlo-programa-completo-amloentercergrado/ (a partir del minuto 16.38), consultado el 21 de mayo de 2018, a las 20.40 hrs.

 

DECÁLOGO DEL POPULISTA. 1.ª DE 2 PARTES.

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   Antes de cualquier cosa quisiera pedirle al lector que considere lo siguiente: el texto que nutre estos párrafos se escribió por Enrique Krauze hace casi quince años;1 afirmar entonces que se escribió ex professo, pensando en algún personaje en particular, propio de nuestra época, resultaría erróneo.

   Lo que él refleja es una realidad contundente, triste y lamentable: a saber, que en Latinoamérica el populismo campea por sus fueros desde hace dos décadas y que nadie, como dice el refrán, aprende en cabeza ajena. Conste, no me apropio del texto, transcribo y edito su dicho, porque creo que guarda una verdad profunda, terrible y necesaria de saber.

  1. El populismo exalta al líder carismático. No hay populismo sin la figura del hombre providencial que resolverá, de una vez y para siempre, los problemas del pueblo. “La entrega al carisma del profeta, del caudillo […] —recuerda Max Weber— no ocurre porque lo mande la costumbre o la norma legal, sino porque los hombres creen en él”;
  2. El populista no sólo usa y abusa de la palabra: se apodera de ella. La palabra es el vehículo específico de su carisma. El populista se siente el intérprete supremo de la verdad general y “también la agencia de noticias del pueblo”. Habla con el público de manera constante, atiza sus pasiones, “alumbra el camino”, y lo hace sin límites ni intermediarios;
  3. El populismo fabrica la verdad. Los populistas “exprimen” el proverbio: “Vox populi, Vox dei”; pero como Dios no se manifiesta a diario y el pueblo no tiene una sola voz, el gobierno “popular” lo interpreta, eleva esa versión al rango de verdad oficial y decreta la verdad única; por ello, los populistas abominan de la libertad de expresión y confunden la crítica con la enemistad militante; por eso buscan desprestigiarla, controlarla, acallarla;
  4. El populista utiliza de modo discrecional los fondos públicos: el Erario es su patrimonio privado que puede utilizar para embarcarse en proyectos que considere importantes o gloriosos, sin tomar en cuenta el costo; tiene un concepto mágico de la economía: para él, todo gasto es inversión;
  5. El populista reparte directamente la riqueza; lo cual no es criticable en sí, el problema es que no la reparte gratis: focaliza su ayuda y la cobra en obediencia;
  6. El populista alienta el odio: “Las revoluciones en las democracias —explica Aristóteles— son causadas sobre todo por la intemperancia de los demagogos”;
  7. El populista moviliza permanentemente a los grupos sociales; apela a ellos, los organiza, enardece a las masas. La plaza pública es un teatro donde aparece “Su Majestad: El Pueblo” para demostrar su fuerza y escuchar las invectivas contra “los malos”. “El Pueblo” no es, obvio, la suma de voluntades expresadas en un sufragio o representadas por un Parlamento; sino una masa selectiva y vociferante orquestada a placer;
  8. El populismo fustiga al “enemigo”; inmune a la crítica y alérgico a la autocrítica, necesita señalar chivos expiatorios para sus fracasos y desviar la atención hacia el adversario. Se trata de tristes regímenes definidos por lo que odian, no por lo que aman, aspiran o logran;

Continuará…

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1 Artículo de Enrique Krauze titulado: “Decálogo del populismo iberoamericano” publicado el 14 de octubre de 2005 por el periódico El País.

 

EL VOTO ÚTIL.

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   Ya he escrito sobre el voto útil.1

   Con el cuento de que sólo tengo diez u once lectores, me veo en la penosa necesidad de repetirme para ilustrar a este apartado —aunque pintoresco— confín de la República.

   El “voto útil” tiene distintas connotaciones; para José Antonio Crespo es un voto que se emite contra el Candidato propio —porque se estima que va a perder o no se coincide con él— a favor del de otro Partido;2 en ese sentido, para el especialista Imer Flores, existen muchos tipos: el de control, plural, crítico, etc.3

   Para mí, voto útil es un voto racional, ponderado, desprovisto de partidismo y que se emite al margen de preferencias personales.

   De este modo, por ejemplo, el llamado de AMLO al “voto útil”4 es una marrullería, una trampa; no puede ser voto útil el que se emite a favor del puntero; ése sería un voto de conveniencia; es un voto interesado que se emite motivado por fobias y apetitos personalísimos de quien lo promueve; y, para colmo, por alguien que no puede considerarse “imparcial” u “objetivo”; su obsesión personal —que dura ya 12 largos años— nubla su juicio y confunde su entendimiento de tal suerte que, en ese trance, no es posible tomar con seriedad su dicho.

   El voto útil es un llamado a la inteligencia del elector para que vote por la mejor opción a su juicio, cuando las demás alternativas —incluida su preferencia personal, obvio— ya no son viables, como sería el caso de los priístas y Meade —o los partidarios de “El Bronco”—, quienes en esta etapa del proceso ya no tienen la menor posibilidad de ganar.

   El “voto útil” es todo lo opuesto a aquello que proponen AMLO y MORENA pues, como ya dije, es un voto que se emite atendiendo al cálculo, no al arrebato ventajoso; a la reflexión, no a la pasión facciosa y convenenciera. En suma, “voto útil” es aquél que se emite por la convicción que genera la necesidad de orientar el sentido del sufragio y, con ello, el rumbo de la elección.

   Votar por AMLO ciertamente no es votar por el PRI, es peor; el PRI es el de Peña Nieto y el de Meade Kuribreña; votar por AMLO y sus secuaces es votar por una regresión; es un voto de añoranza por un pasado lleno de caudillos, violencia, cerrazón, intolerancia, populismo y demagogia.

   Tal y como escribí hace seis años: difícil decisión la de los priístas pues deberán debatirse entre seguir la línea del Partido a favor de una candidatura que hace aguas por todos lados o hacer uso de sus facultades intelectuales para decidir lo mejor para México. El tiempo dirá de qué están hechos.

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1 EL “VOTO ÚTIL” DE MANUEL ESPINO Y EL “TONTO INÚTIL” DE VICENTE FOX.
2 Artículo de José Antonio Crespo titulado: “¿a dónde se irá el voto útil?”, publicado el 7 de mayo de 2018, por el periódico El Universal.
3 FLORES MENDOZA, Imer Benjamín. “El problema del ‘voto nulo’ y del ‘voto en blanco’. A propósito del derecho a votar (vis-à-vis libertad de expresión) y del movimiento anulacionista” en Elecciones 2012: En busca de equidad y legalidad. Instituto de Investigaciones Jurídicas. México. 2011.
4 Artículo de Arturo Rodríguez titulado: “A su estilo, López Obrador llama al ‘voto útil’”, publicado el 5 de mayo de 2018, por el semanario Proceso.
 

CARTA ABIERTA A UN JOVEN ELECTOR.

FinalHola:

   Te escribo como podría hacerlo para alguno de mis hijos, concretamente Adolfo; tú seguramente no sabes quién es; Adolfo es mi hijo menor y ésta será su primera elección.

   Te escribo —y le escribo a él— intentando hacer una reflexión conjunta. De entrada, sé que tú cuentas con más información que yo; sé que, posiblemente a diferencia mía —quien apenas sí puede con el Facebook y el WhatsApp—, tienes acceso a mayor número de redes sociales y te desenvuelves como pez en el agua en la web; pese a ello, ésa no es garantía de nada: es posible vivir en una biblioteca sin jamás abrir un libro.

   Te escribo preocupado de la decisión que tomes el próximo 1.º de julio; no sé si estás consciente —creo que sí—, pero ésta será una elección muy importante para México.

   No exagero si te digo que está en juego mucho más que los 3 mil 326 cargos de elección popular en pugna a nivel nacional; no señor, es mucho más importante que todo eso: estamos hablando del próximo medio siglo de vida del país.

   Sí, aunque no lo creas, ésta no es como otras elecciones en donde, para bien o para mal, sabemos que es un asunto de seis años al término de los cuales el balance nos diría cómo nos fue; esta vez no es igual: uno de los candidatos más fuertes, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), no es un político de izquierda cualquiera; se trata de un populista, nacido y criado en el PRI, con vínculos ideológicos arraigados en un oscuro pasado que tú, por razones de edad, ni siquiera intuyes.

   Me adelanto, sí, esta es una carta que no intenta ser objetiva. Después del hacer el ejercicio que te propongo, estoy convencido de que terminarás por reconocer que AMLO es un populista de izquierda, expriísta, mentiroso, obsesionado con ser Presidente de la República y capaz de aliarse con cualquiera, por corrupto o incompetente que sea, con tal de llegar al poder.

    No sé qué tan informado estás de lo que ha ocurrido en el país en el último medio siglo, sería pretencioso de mi parte —y muy posiblemente parcial e inexacto—, tratar de resumirlo, pero sí te puedo pedir que trates, en estos días que faltan, de informarte lo más posible de quién es AMLO, qué ha hecho, qué dice y qué propone.

  Permíteme brindarte un consejo: no empieces por compararlo con los otros contendientes sobre la base de lo que se dice de todos ellos. En este momento, esas redes, de las que ya hablaba, están congestionadas de información falsa; tristemente, los mexicanos hemos hecho de esta elección un gran saco de excremento y lo hemos puesto frente al ventilador; no te fíes, pues, de lo que dice cada cual del otro —resultaría inútil— o en lo que “informan” los medios.

   Busca las entrevistas que han dado (Tercer Grado, Milenio, etc.) y los debates que hayan sostenidos entre ellos. Dedica algunas horas a verlos, a escucharlos; medita sus respuestas; compara sus dichos de hace una semana, de hace un mes, de hace un año, de hace diez; busca las inconsistencias de su discurso, sus falsedades, sus contradicciones, sus titubeos.

   No te dejes influir por opiniones ajenas; fórmate la propia; si algo no entiendes consúltalo tú mismo. Olvídate de lo que te dicen, analiza y luego reflexiona sobre lo que TÚ has visto y escuchado. Entiende que, de no hacerlo, estarás poniendo en riesgo tu futuro.

   Sin más por el momento, quedo tuyo.

Luis Villegas Montes.

 

UNA NOVELA CRIMINAL. 2ª. DE 2 PARTES.

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   Pirotecnia voluntariosa, juego de palabras febril como es, de nada sirve, excepto apuntalar el caos y el histrionismo como auténticas formas de expresión, lo que resulta lamentable pues la crónica volpiana pretende ahondar en eso que llama: “posverdad”.

   En alguno de los párrafos, dirá el autor que sabemos que los políticos siempre han mentido; y que ésa es la condición de la posverdad: se puede mentir ahora, sin que a nadie parezca realmente importarle; el lenguaje se convierte en un instrumento no para decir las cosas, sino para ocultarlas.

   Pues ése es el problema con este asunto: se está falseando la verdad, alterando el sentido y el alcance de lo que una novela es; ciertamente la Real Academia la define como obra literaria de cierta extensión y no la conceptualiza por sus elementos de ficción,1 pero también sabemos lo que una novela no es y lo que una crónica sí: una narración histórica en la que se sigue un orden consecutivo de eventos o un artículo sobre temas de actualidad.2

   De este modo, con ese galardón, estamos zambulléndonos de lleno en esa posverdad de la que se duele Volpi pues se miente no sólo sin que parezca importar realmente —es más, lo están premiando— sino que se tuerce el sentido y el alcance del lenguaje, de las palabras, para afirmar cosas que no son ni están.

   Tendencia muy “progresista” ésa en la que, al amparo de uno y mil subterfugios retóricos o requiebros verbales, se trastorna y se reinventa (se revienta) el entendimiento detrás de los vocablos para hacerlos decir cosas que no dicen; como si nos diera pereza construir nuevas palabras para nombrar las cosas nuevas; o peor, como si dotándolas de nuevos y disímbolos significados, pudiéramos cambiar la realidad; lo que constituye una utopía torpe pues lo único que conseguimos por ese camino, con ese galimatías, es la confusión y el caos generalizados en donde decimos una cosa, para muchos estamos diciendo otra y nosotros, realmente, no sabemos qué estamos diciendo.

   De hecho, hasta la voz “posverdad” pareciera equívoca; la palabra para nombrar el fenómeno existe desde hace siglos, se llama: “mentira”; si “hubiere algunos pedantes y bachilleres que por detrás os muerdan y murmuren de esta verdad, no se os dé dos maravedís, porque ya que os averigüen la mentira, no os han de cortar la mano con que lo escribisteis”;3 asienta Cervantes en el prólogo de “El Quijote” —seguramente el célebre “Manco de Lepanto” lejos estuvo de intuir a “El Bronco” y ese párrafo da fe—.

   Semanas atrás, al doctorado vino un doctor, muy docto él, a tratar de convencernos de que cierta noción centenaria no significa lo que significa pues el paradigma del neoconstitucionalismo, que veladamente va tras el derecho constitucional universal —otra memez, también con alcances muy “progres”—, lo entiende de otro modo. Tuvimos un ligero altercado, me impidió el uso de la palabra, calladamente le menté la madre —¿realmente se la menté?, como fue en silencio— y como dijo el poeta: “cerrando los ojos, lo dejé pasar”.

   No lo he dicho pero, si me pregunta, le diría que sí, que lea “una novela criminal” como lo que es: una crónica magnífica afincada en el horror de la injusticia cotidiana en México… y nada más.

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1 Diccionario de la RAE. Edición del Tricentenario.
2 Ibídem.
3 Don Quijote de la Mancha, 1.ª parte (ed. Enrique Suárez) Lemir 19 (2015), Textos, Conmemoración IV Centenario de la Segunda Parte del Quijote. [En línea]; visible en el sitio: http://parnaseo.uv.es/Lemir/Revista/Revista19/Textos/Quijote_1.pdf, consultado el 16 de mayo de 2018 a las 17.50 hrs. Pág. 9.